El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*
Algunos personajes públicos traen aparejado su propio aire destructivo, como si fueran radioactivos. Son, si se quiere, amos del desastre. Allí tenemos el caso del exgobernador de Sinaloa (ahora de nuevo con licencia), Rocha Moya.
Como rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) generó conflictos y como gobernador generó aún más. Como es lógico, siguió tejiendo problemas como gobernador con licencia y vendrán muchos más cuando caiga en manos de la justicia, lo cual es inevitable.
No deberíamos asombrarnos: para anticipar el futuro es suficiente con revisar el pasado.
Habrá que recordar que hace un par de años se propuso quitar la fotografía de este personaje de la galería de la Sala de Rectores de la UAS. La propuesta fue de un grupo de consejeros universitarios, hartos de las presiones del gobernador. Si sigue como va terminarán quitando su imagen hasta de la galería de exgobernadores.
Son muchas los testimonios y las investigaciones periodísticas sobre la alianza entre grupos de la delincuencia organizada y el entonces candidato Rocha Moya. Se consolidaría así una asociación entre el narcotráfico y el poder político, con efectos hasta nuestros días. Podríamos pensar que se trata de un modelo político del cual el gobernador es una expresión clara.
El último escándalo correspondió al operativo de una facción de los grupos delincuenciales para capturar y entregar al famoso Mayo Zambada. El gobernador se prestó a la convocatoria con el pretexto de resolver las tensiones entre su administración y la propia UAS. Al parecer, el Mayo era experto en la resolución de conflictos políticos de todo tipo en esa entidad, lo cual debería ser motivo de escándalo. En esa extraña reunión no sólo se capturó al Mayo: también ocurrieron algunos homicidios. El más relevante fue el de otro ex rector, Héctor Melesio Cuén Ojeda, que mantenía con Rocha una antigua rivalidad.
La fiscalía estatal (bajo el control de Rocha Moya) afirmó en un principio que Cuén habría muerto debido a disparos durante un presunto intento de asalto en una gasolinera. Fue una mentira, un burdo montaje, lo cual sería desmentido por la Fiscalía General de la República.
Pues bien, la presión internacional obligó a este oscuro personaje a pedir licencia a la gubernatura del estado. Durante esos meses fue arropado por su partido, por los grupos legislativos de Morena, por la propia presidenta de la República y por gobernadoras y gobernadores del país. Casi se le llegó a equiparar con la patria y faltó poco para que fuera considerado la encarnación de la soberanía nacional.
Cuando decidió regresar al cargo, al parecer sin consultarlo y en contra de la lógica política, esas mismas voces que lo defendieron lo señalaron en la nueva circunstancia y se apartaron de su retorno. Del “no estás solo” pasó al “sí estás solo”. No soportó la presión y terminó volviendo a renunciar. Una comedia de errores, en suma.
Las decisiones deben ser a tiempo y así podrían evitarse estos desfiguros. Este gobernador es indefendible (todos coincidieron en ello desde el primer momento) y solo arrastra descrédito y crisis. Es un amo del desastre.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.





















