APUNTES PARA EL FUTURO
Por: Essaú LOPVI
Hay ideas que, de tan simples, parecen irrefutables. Hasta que alguien les da la vuelta.
Hace días la Suprema Corte volvió a encender un debate que va mucho más allá de las Afores. La ministra Lenia Batres defendió la idea de gravar los recursos heredados argumentando que quien recibe ese dinero no trabajó para obtenerlo y, por lo tanto, es justo que pague impuestos.
Si si sí, a ellos les suena lógico. Hasta que aparece la siguiente pregunta. Si el heredero no trabajó para ganar ese patrimonio… ¿el Estado sí?
Porque el dinero que una persona acumuló en su Afore no apareció por generación espontánea. No cayó del cielo. No salió de la divina providencia.
Salió de años de trabajo.
De madrugar.
De soportar las jornadas laborales.
De pagar impuestos.
De sacrificar vacaciones.
De aguantar despidos, crisis económicas e inflación.
Ese patrimonio ya fue gravado mientras se construía.
Ya pagó ISR.
Ya pagó IVA cada vez que el trabajador compró algo.
Ya pagó impuestos especiales.
Ya pagó cuotas.
Ya pagó contribuciones.
El Estado estuvo presente en cada etapa cobrando su parte.
Y ahora resulta que cuando ese dinero cambia de manos dentro de la familia… quiere volver a cobrar.
Pero lo verdaderamente interesante no es el impuesto. Es la lógica de los ‘ministros del bienestar’ de la Suprema Corte de Justica de la Nación.
Porque si el argumento es que quien recibe una riqueza sin haberla trabajado debe entregar una parte de ella…
Entonces el primer actor que tendría problemas para justificar su derecho sobre ese patrimonio de otros sería precisamente el Estado.
Porque el gobierno tampoco trabajó para producir ningún dinero que recibe.
No estuvo ocho horas diarias en la fábrica.
No manejó el taxi.
No atendió pacientes.
No abrió el negocio.
No sembró la tierra.
No vendió productos.
No hizo horas extras.
Simplemente llegó al final de la cadena de producción para reclamar una parte de lo que otros generaron.
Algunos responderán, con cierta razón, que el Estado presta servicios públicos, construye carreteras, mantiene hospitales, financia escuelas, garantiza seguridad y administra la vida en sociedad.
Perfecto. Ese es precisamente el fundamento moral de los impuestos.
No que el dinero «no fue trabajado» por quien lo heredaría.
Porque si el criterio deja de ser el financiamiento del Estado y pasa a convertirse en una especie de castigo a quien hereda, entonces entramos en un terreno muy peligroso.
El patrimonio familiar deja de verse como el resultado del esfuerzo de generaciones para convertirse en una anomalía que el gobierno considera legítimo corregir.
Y ahí cambia completamente la conversación. Porque la herencia no premia al heredero. Premia al trabajador que pasó toda su vida construyendo algo para quienes ama. Quien ahorra para comprar una casa no lo hace pensando únicamente en sí mismo.
Muchos trabajan precisamente para dejarles algo a sus hijos.
A su esposa.
A sus padres.
A su familia.
Ese es el incentivo natural del ahorro.
Decir que el heredero «no trabajó» por ese patrimonio equivale a ignorar que alguien sí lo hizo. Y lo hizo pensando precisamente en su familia.
No es casualidad que las sociedades donde existe mayor protección al patrimonio familiar también sean aquellas donde las personas invierten más, ahorran más y construyen riqueza durante generaciones.
Porque saben que ese esfuerzo no terminará confiscado cuando ellos ya no estén, como pasó por cientos de años atrás.
Por supuesto que existe un debate legítimo sobre las enormes fortunas heredadas durante siglos y sobre cómo combatir la desigualdad. Pero ese debate no puede comenzar castigando el fondo de retiro de un trabajador promedio que es lo único que tiene.
Resulta difícil entender que en un país donde millones de mexicanos apenas logran reunir un ahorro digno para su vejez, la discusión pública no sea cómo aumentar esas pensiones, sino cómo gravarlas cuando lleguen a sus hijos.
Tal vez la pregunta correcta nunca fue si el heredero trabajó para recibir ese dinero. La pregunta verdaderamente incómoda es otra. ¿Por qué el Estado considera que tiene un mejor derecho sobre el patrimonio de un trabajador que la propia familia para la cual ese trabajador pasó toda una vida construyéndolo?

















