El mensaje

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUINAO*

 La circunstancia es difícil. El país enfrenta un escenario complejo, incluso adverso. Se hacía necesario un mensaje de gran calibre y dotado de una visión trascendente. Lo que la presidenta Sheinbaum expresó en su reciente mensaje no alcanzó (y ni siquiera intentó) esos elevados propósitos. Por el contrario, eligió una posición muy circunstancial y desde una perspectiva limitada, no de Estado. Esa elección discursiva opacó, incluso, sus logros gubernamentales, esos logros (discutibles o no) que pudieron ser lo esencial del día. En fin, así lo decidió ella y, como suele ocurrir, las palabras anticiparán dificultades.

En los mensajes políticos se pueden decir muchas cosas, pero algunos temas (como en el póker) matan a los demás. Aquí el tema esencial eran las acusaciones contra un puñado de funcionarios asociados con el crimen organizado. Los de Sinaloa, claro, aunque todo parece indicar que se trata de un estilo y no de una excepción en el panorama político del país. El caso es que la definición era obligada y entonces se abrían algunos caminos.

Una elección obvia era asumir una posición clara contra el crimen organizado, contra el narcotráfico, contra las agrupaciones delictivas que ejercen dominio sobre amplias zonas del territorio nacional. Eso habría sido extraordinario, casi sublime, pero no ocurrió. Otra elección era concentrarse en los datos y las cifras y dejar el tema de lado. Eso se habría entendido como una maniobra de rectificación, con importantes efectos. Pero vaya, no fue el caso.

La presidenta eligió otro camino, quizás el menos recomendable en el momento: primero, privilegió la crítica a unos fantasmales “sectores conservadores” y a las “derechas internacionales” que promueven variadas formas de desestabilización; segundo, arremetió (como ya es costumbre) contra los gobiernos del pasado, los de Fox y Calderón, que están a más de 18 años uno y a más de 12 años el otro; y tercero, quizás lo más cuestionable, decidió colocarse al lado de los políticos y funcionarios acusados de vínculos con los grandes grupos delictivos, desestimando como simples maniobras electoreras las acusaciones que enfrentan. De esa forma, para la presidenta, las acusaciones norteamericanas no poseen un interés legítimo por combatir a la delincuencia organizada, por el contrario, lo que pretenden es “posicionarse rumbo a las elecciones de 2026” o incluso “influir en la elección de 2027 en nuestro país”.

La presidenta añadió que desde el exterior se pretende dictar quien es culpable y quién no, presionando a nuestras instituciones. Para ella, eso ya no es cooperación, sino injerencia (un término bastante duro que se aleja del discurso usual)

Así las cosas, Rocha Moya, el senador Inzunza y todos los demás (menos lo que ya se entregaron y están en negociaciones con la justicia norteamericana) deben estar muy felices: pareciera que todo el país los arropa con el mensaje constitucional de la no intervención. Desde mi punto de vista es demasiado para ellos. Espero que esa pandilla valga la pena frente a una eventual crisis política y quizás económica con Estados Unidos.

Puede añadirse que, si bien podemos estar de acuerdo en muchas cosas, como el amor a la patria, la dignidad nacional, el rechazo a la intervención extranjera, la soberanía y más, el problema es que tan altos valores parecen encubrir la asociación de políticos afines al poder con grupos delictivos, grupos que incluso promueven el terror (ya no digamos el simple homicidio) para alcanzar sus objetivos.

Eso mancha todo lo demás, incluyendo las palabras que se arrojan al viento desde el altar de la patria.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.