PARA PENSAR
Por: Carlos Moisés HERNÁNDEZ SUÁREZ
La nueva propuesta de cambio al artículo 41 a la Constitución, que seguramente será aprobada, plantea la nulidad de una elección cuando «se acrediten actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados» es letra muerta, es perder el tiempo, no va a funcionar.
Imaginemos que esa ley se hubiera aprobado en el sexenio de Peña Nieto. Luego gana AMLO con Morena (nadie duda de que la mayoría votó por Morena). Por favor, aclárenme: ¿hubiera servido de algo esa ley? Más claro: ¿quién es el valiente o la valiente que se hubiera atrevido a aplicarla? ¿Hay alguien que se hubiera atrevido a anular las elecciones argumentando que la izquierda ganó con la ayuda de otro país (Cuba, Venezuela, Rusia, etc.)? Aun con las pruebas en la mano, nadie, nadie, absolutamente nadie, se hubiera atrevido a enarbolar esa ley. ¿Por qué? Porque si alguien gana (como sea que haya sido, con o sin interferencia extranjera) nadie, sería tan tonto como para oponerse a la voluntad mayoritaria del pueblo.
Nadie, nadie es tan tonto para abrir esa caja de pandora. Por eso a mí no me preocupa esa ley.
¿Influencia extranjera? Sí la hay, por supuesto: cuando vemos un video de una familia caminando por la campiña suiza, y pernoctando en el campo, en una tienda de campaña, sin miedo a que los asesinen. Cuando vemos la policía de otros países deteniendo a vehículos que van a alta velocidad que nos ponen en riesgo a todos. Cuando subes a un autobús en otro país, y te cobran una nimiedad y viajas cómodo y puntual. Cuando ves a un país como Cuba y Venezuela, llenos de ingenieros, matemáticos, médicos, artistas y en general, mucho talento, suprimidos por sus respectivas dictaduras. Cuando ves que en otros países los diputados y senadores son gente seria y congruente, que buscan lo mejor para sus representados y se dejan de populismos. Cuando ves que en otros países la corrupción se castiga severamente y que respetan a la prensa y la expresión libre. Cuando ves que en otros países se apoya a la educación, como prioridad número uno. Cuando la posibilidad de que te extorsionen a la puerta de tu pequeña empresa, es algo inconcebible.
Por supuesto que sí, diariamente estamos expuestos a la influencia extranjera. Y así es como formamos nuestro criterio. Empezando, incluso, por los millones de familias que viven del sustento que envían los hijos que emigraron al norte: ¿también vamos a blindarnos de eso?





















