Mucho gusto
Por: Alberto LLANES
Tuve que meterme a Deep web para bajar un poco de información del ingeniero Ernesto García Allen. Mi querido maestro y amigo Víctor Gil Castañadeda, incansable promotor de la cultura en nuestro estado me invitó a charlar-recordar la figura del ingeniero.
En la Deep web encontré una nota tímida, hasta mustia se me hizo, de un portal web en donde colaboro con una columna semanal; esto no es para nada una queja. Sin embargo, digo que me pareció mustia porque apenas son tres renglones de una nota que dice que el Gobierno del Estado bautizará hoy -así dice la nota- el auditorio del Centro Cultural Balbino Dávalos con el nombre del ingeniero Ernesto García Allen, el evento será a las seis de la tarde en el recinto cultural ubicado en la calle Mérida esquina con Nuevo León. Y es todo. La nota está fechada con el día 12 de marzo del año 2010.
Seguí en Deep web buscando información del ingeniero, alguna foto, algo más para participar este día y no venir tan en blanco o sólo acompañado de mis recuerdos, pero nada. Me hubiera gustado mucho toparme con una foto de él en la web para recordarlo más nítidamente. Sin embargo, yo sé que García Allen no fue de la era que vivimos hoy en día donde si no estás en la web, pues no existes. Él era un hombre de otro tiempo, de otros métodos, de otra tecnología…
Me olvidé por completo de la Deep web y de esos dispositivos del demoño (sic) y me fui a la vida real y la mejor Deep web que tengo que es mi maestro Víctor Gil para conseguir algunos datos de nuestro buen amigo: Ernesto García Allen. Nacido el 12 de noviembre de 1927 (ven porqué les digo que definitivamente era de otro tiempo el ingeniero), en Zongolica, Veracruz. Fue ingeniero agrónomo en el área de la fruticultura; todo esto lo llevó a participar y colaborar con instituciones como el Instituto Mexicano del Café y dirigió el Centro de Desarrollo Frutícola de la Comisión Nacional de Fruticultura, así como a asesorar al Banco de México y a la SARH (Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos), como pueden leer y escuchar, una vida dedicada a otro ramo que no tiene nada qué ver con la cultura.
Sin embargo, nuestro oficio, el de ser artistas, humanistas, gente del arte y para arte es tan noble, que acepta en su gremio a médicos, dentistas, ingenieros y demás. Apasionado lector y amante del teatro, yo conocí a García Allen cuando, ya viviendo él en Colima y trabajando en la dirección de cultura del Ayuntamiento de Colima, yo me acerqué a esa administración, porque el director de cultura era otro gran amigo, maestro y poeta Víctor Manuel Cárdenas Morales.
García Allen me recibió, me dijo que el poeta estaba ocupado con unas llamadas telefónicas y que me atendería cuando se desocupara, está bien, dije, supongo, el tiempo ha pasado y no tengo frescos los diálogos, pero para eso podemos inventar bien y bonito. Yo llevaba un proyecto de greguerías, hicimos plática Ernesto y yo, nos pudimos haber fumado un cigarrillo y recuerdo que me pidió mi proyecto para leerlo, mientras esperábamos; ahora veo, con el tiempo, que García Allen así era, apasionado por el teatro, por la danza, la música, las letras, el arte en general y como no, si el arte es pura pasión.
El ingeniero pasaba hojas y reía y seguía leyendo y reía más y no sabía lo que eran las greguerías; acaso yo tampoco, en esos ayeres estaba descubriendo este género que me apasionó, me apabulló y quise contribuir a la causa con mis propias greguerías. Me dijo que estaban buenas y me pidió que aplicara para la convocatoria que estaba abierta, donde el ayuntamiento de Colima, daba una beca, dinero, aportación económica a jóvenes creadores (ahí entraba yo con mis greguerías, me dijo).
Eran, definitivamente, otros tiempos, me extendió la convocatoria en papel, sí, en físico, cosa extraña en estos días de flyers, de información en redes sociales y de mucha inmediates, la leí y le dije que no podía participar, simplemente porque una de las cláusulas de las bases decía que la persona interesada debería vivir en Colima y yo vivía en Villa de Álvarez, me dijo, “vamos a hacer una pequeña trampa” e hicimos una pequeña trampa…
Mi intención de ir a hablar ese día con el poeta Víctor Manuel tenía varios propósitos, por un lado, presentarle mis textos y ver la posibilidad de publicarlos en la revista Tierra Adentro que él dirigía en ese momento, por otro lado, ver la posibilidad de invitar a Colima a los miembros del programa de televisión La dichosa palabra, muy exitoso también por aquellos años protagonizado por Laura García (a quien conocí en 2019, muchos años después de esto que estoy narrando), Pablo Boullosa, Eduardo Casar (gran amigo de Víctor Cárdenas, por cierto), Germán Ortega y en algún momento estuvo Nicolás Alvarado con ellos. A todo esto, el poeta del Colima me dijo ei, aja, ei ajá, ei, ajá y nada más. Le dejé mis escritos a Víctor y salí ahí mareado de tantos ei, ajá, ei ajá que, como un poema con retruécano o vaya a saber qué figura poética, el poeta me lanzó como metralla.
Al salir, García Allen me dijo que participara, debí caerle bien, me dio un papelito, con una dirección, me dijo que, cuando inscribiera mi proyecto pusiera esa dirección, pero me dijo que sí participara; me sentí muy comprometido con él y no era cosa de quedarle mal, en ese tiempo yo traía un celular de los que ahora llamamos cacahuatito, un Nokia de esos a las que les duraba la pila como tres años y de los que ya casi no hay, le di mi número.
Me marcó varias veces, en ese tiempo, mi celular no sonaba tanto, creo que fue el tiempo que más sonó, sólo me llamaba mi mamá, mi novia, mi hermano y creo que nadie más, García Allen me preguntaba casi a diario que si ya había metido mi proyecto, que la convocatoria estaba por cerrar…
…No quiero hacer el cuento largo, metí mis papeles, puse esa dirección que me dio el ingeniero, esperé los resultados, salí favorecido con el premio, la beca, el apoyo económico del ayuntamiento de Colima, en la categoría jóvenes creadores, con el proyecto Greguerías de la A a la Zeta (en aquel tiempo este libro tenía otro nombre: Gregario o algo así). Le di las gracias en persona, me dijo que no tenía que agradecerle nada, él, a final de cuentas no fue parte del jurado calificador para darme el apoyo, me dijo que esto había sido gracias a mi trabajo. Pero reconozco y reconocí, que no de haber sido por él, gran promotor de la cultura en nuestra entidad, yo no hubiera tenido acceso a esto y mucho menos a ver publicado, años después por la Universidad de Colima, este mi primer libro de greguerías…
Muchas gracias.




















