UNA FRASE SIN MARMOL: ¡MÁTALOS EN CALIENTE!

UNA FRASE SIN MARMOL: ¡MÁTALOS EN CALIENTE!
Por: Noé GUERRA PIMENTEL

El horno no estaba para bollos, luego del golpe de estado enderezado contra la presidencia de Lerdo en 1876 cuando buscaba la reelección y de que este había logrado escaparse por Manzanillo a Estados Unidos para exiliarse (en notas de Enrique Krauze “Porfirio Díaz: Místico de la autoridad”), sus seguidores aún tenían esperanzas y se confabulaban para derrocar a su malquerido Porfirio Díaz, el culpable de su defenestración y quien a sangre y fuego el noviembre de ese año, después de varios intentos, les había arrancado el poder con el llamado Plan de Tuxtepec.

Las conspiraciones seguían y Díaz desde la presidencia lo sabía. Era la madrugada del 25 de junio de 1879 en Veracruz cuando nueve hombres fueron sacados de sus celdas y fusilados sin juicio, sin sentencia y sin que nadie lo hubiera solicitado formalmente. Lo que los condenó, afirma su descendiente Carlos Tello Díaz en “Levantamiento en Veracruz en 1879”, fue un telegrama cifrado que Porfirio Díaz, entonces presidente de México con apenas tres años en el poder, envió esa misma noche al gobernador de Veracruz, su amigo el general Luis Mier y Terán.

La versión que circuló en la prensa de la época, y que quedó grabada en la historia para siempre, dice que el telegrama decía: «Aprehendidos infraganti, mátalos en caliente.» El detonante había sido el motín del buque de guerra “Libertad” en Tlacotalpan, Veracruz: un grupo de militares y civiles antiporfiristas, entre colaboradores y seguidores del expresidente Sebastián Lerdo de Tejada, intentaba otra rebelión armada para derrocar a Díaz y restaurar a su jefe en la presidencia.

La seguridad de Díaz llevaba semanas interceptando las cartas de los conspiradores, el presidente conocía los nombres, las rutas, los barcos. Sabía que tenía que cortar el problema de raíz y así dar el ejemplo. Cuando el Libertad se sublevó, en lugar de ordenar un proceso legal, mandó el fulminante telegrama. Mier y Terán, cumplió esa noche: Vicente Capmany, el doctor Ramón Albert, Antonio Ituarte, Francisco Cueto, Jaime Rodríguez, Luis Alva, Lorenzo Portilla y dos oficiales del ejército fueron ejecutados antes del amanecer. Cita de NVI Noticias.

Naturalmente con el hecho vino el escándalo. La prensa de oposición publicó el rumor de la frase cuya versión literal nunca se comprobó, pero que condensaba perfectamente lo ocurrido: ejecuciones extrajudiciales (¿ordenadas desde Palacio Nacional?), según Infobae. Se afirma que Díaz, le escribió a Mier y Terán solicitándole fabricar documentos con fecha anterior que justificaran la detención de los nueve, para que pareciera que habían muerto intentando escapar o resistir, “ley fuga”, y no ejecutados, menos por orden presidencial.

La coartada no convenció a nadie, según se da cuenta en Archivos Jurídicos de la UNAM y en Estampas de la Revolución Mexicana en la biblioteca de Berkeley/Santa Fe. California. La masonería internacional exigió públicamente a Porfirio Díaz que jurara bajo su honor masónico si había tenido participación en los crímenes, nunca les contestó. Según Tello Díaz en “P.D., su vida y su tiempo”. Las viudas de los ejecutados, con sus hijos, perseguían a sol y sombra a Mier y Terán por las calles de Veracruz. El resultado, Porfirio Díaz no volvió a pisar Veracruz en los siguientes veinte años.

Y aunque algunos aun debaten si la frase textual «mátalos en caliente» estuvo o no en el telegrama original, apunta Wikipedia, lo que nadie discute es que nueve personas murieron esa noche por misteriosa orden, sin proceso legal, y que el intentó por borrarlo del imaginario fracasó ante la evidencia de los hechos. La frase se quedó como verdad porque fue exactamente lo que aconteció.