No podemos aceptar esto como algo “normal”

Por: #LectorAF

El desenlace del secuestro de Eduardo Ochoa Arias (Eddy) es una verdadera tragedia. Lo es, ante todo, para su familia; pero también para toda la sociedad colimense.

Por el testimonio unánime de quienes lo conocieron, Eddy era una buena persona: buen hijo, esposo y padre de familia; trabajador desde muy joven, emprendedor, buen amigo, buen patrón; honrado en sus negocios y respetuoso en su trato con todos.

En su caso —como en el de muchos otros— no hay lugar para la sospecha ni para insinuaciones injustas.
No estaba en “malos pasos”. Cuesta incluso imaginarlo.

Al contrario: se trata de una familia conocida y estimada, especialmente en Cerro de Ortega, en el Valle de Tecomán y en toda la región de Colima.

Su muerte es una gran pérdida: para su familia, para su comunidad y para México.

Lo ocurrido no sólo duele: también nos confronta. Es motivo de profundo temor constatar que existan personas capaces de hacer algo así. Y es motivo de vergüenza que como sociedad convivamos con hechos de esta naturaleza.

Cada quien, en su ámbito, debe asumir la responsabilidad que le corresponde: desde la formación en la familia, hasta la acción de las autoridades.

Pero hay algo especialmente grave: la normalización de la violencia. La indiferencia. La indolencia. Y, peor aún, la tendencia a desacreditar a las víctimas o a insinuar culpas sin fundamento, revictimizando a quienes ya han sufrido demasiado.

No podemos aceptar esto como algo “normal”.

No basta decir: “al menos encontraron su cuerpo”.

Eso puede ser un consuelo para la familia, pero de ninguna manera justifica ni atenúa el horror del crimen ni la responsabilidad de quienes debieron evitarlo.

Una sociedad que se acostumbra a esto, pierde algo esencial de su humanidad. Necesitamos volver a ser humanos.