Una Vida/s Angelina/s

Mucho Gusto
Por: Alberto LLANES

Buenas tardes a todas y todos. Quiero agradecer la invitación que me hizo Marco Romero para celebrar/recordar la vida/obra, las lecturas y a la persona que fue en vida Octavo Romero. Es un gusto volver a coincidir, como nos ha tocado hacerlo desde hace mucho tiempo, con la doctora Ada Aurora en una mesa más, con un tema más que tiene que ver con nuestra pasión que es la literatura, como fue también la pasión de nuestro querido Octavio con quien también tuve la oportunidad de coincidir en múltiples ocasiones en la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.

Octavio fue mi maestro (en el sentido estricto de la palabra) solo en una ocasión. Por una semana en la escuela de la SOGEM Colima (escuela a nivel nacional que acaba hace unos días de cerrar sus puertas definitivamente), Octavio Romero fue contratado para dar las sesiones que tuvieran que ver con el tema de la novela (su escritura, cómo se arma, cómo se abordan los temas dentro de una novela y cómo se desarrolla o esquematiza la escritura de una de ellas). Yo era alumno de ese diplomado en la segunda generación (y última) que tuvo la escuela en Colima. Octavio estuvo con nosotros durante una semana y si a un maestro/a no le terminamos de aprender nunca y menos en un semestre… en una semana tampoco. Así de grande era Octavio Romero.

Octavio también fue mi maestro de no tenerlo en el aula, de cuando charlaba con él en las interminables horas que compartimos en los cubículos de la falcom o en la cafetería cuando fui el coordinador académico de la carrera en Letras Hispanoamericanas; también fue mi maestro cuando, siendo compañeros en la maestría, nos daba cátedra (ambos siendo alumnos) de todo lo que sabía, había leído o estaba leyendo e investigando.

Yo disfrutaba mucho sus charlas con su tremendo termo de café que llevaba para todos lados. Hablábamos de todo y de nada y, sobre todo, reíamos, reíamos mucho y compartíamos momentos, instantes que, a final de cuentas, es de lo que se trata la vida, de coincidir, como lo estamos haciendo ahora y nuevamente la doctora Ada, Marco y yo y por supuesto todos ustedes. Coincidir es una de las maravillosas posibilidades que tiene o que me ha dado (o nos ha dado) ser parte de una comunidad tan bella como la de la Falcom, donde de pronto eres alumno/a, pero luego brincas a ser maestro/a, o ahora resulta que eres jefe/a o coordinador o simplemente regresas a ser un compañero/a más.

Hoy nos reúne un motivo profundamente significativo: celebrar la palabra, la memoria y la sensibilidad literaria de Octavio quien supo mirar la vida con una profundidad particular. Nos reunimos para presentar/hablar/recordar el libro Vidas Angelinas, pero también y al mismo tiempo, para rendirle un merecido homenaje a su autor. Y acá abro un breve paréntesis que prefiero leerles, resulta que postee el flyer en mis redes sociales y me maravilló que amigos/a en común, que fueron algunos alumnos/as míos o que han sido compañeros/as de la Falcom, siguen recordando a Octavio Romero porque mi post sirvió para que muchos comentaran algo de lo que recuerdan de él, sus lecturas, su cátedra, su charla infinita, sus autores, sus obsesiones…

Hablar de este libro es hablar de historias que nacen de la observación atenta de la vida cotidiana, de esos instantes aparentemente simples que, bajo la mirada del escritor, se transforman en un relato lleno de humanidad. En Vidas Angelinas, cada personaje y cada escena nos recuerda que la literatura tiene el poder de iluminar lo que muchas veces pasa desapercibido: los sentimientos, las luchas silenciosas, las esperanzas, los sueños de las personas y los instantes que vivimos con ellas, justamente de lo que vengo hablando y que es lo que nos permite ser parte de la comunidad Falcom.

La obra de Octavio Romero (aunque breve) se distingue por su cercanía con la realidad y por una sensibilidad que convierte lo cotidiano en materia literaria, además de ser contundente y de un ojo clínico inigualable. Sus páginas no solo narran historias; sino que también invitan a reflexionar sobre nuestra propia experiencia, sobre la memoria y la manera en que nos relacionamos con los demás.

En este libro encontramos voces diversas, fragmentos de vida que dialogan entre sí y que construyen un mosaico humano profundamente emotivo. Esta novela, más allá de su trama nos habla de la dignidad, la fragilidad y la grandeza de las personas.

Rendir este pequeño homenaje a Octavio Romero es también reconocer la importancia de la literatura en la vida cultural de Colima. Su obra contribuye a enriquecer nuestro patrimonio literario y a fortalecer la identidad de nuestra comunidad, recordándonos que las historias que surgen de nuestro entorno tienen un valor universal. Y que debemos leernos entre nosotros para crear comunidad.

Que esta presentación sea también una invitación a leer, a descubrir y a dejarnos tocar por las páginas de Vidas Angelinas. Porque en ellas encontraremos no solo relatos o historias de personajes/personas, sino también un reflejo de nuestra propia humanidad.

Finalmente, celebremos hoy al escritor, al narrador de historias, al observador sensible de la vida, al lector apasionado y al maestro literario y de la vida que fue: Octavio Romero. Que su obra continúe inspirando a lectores presentes y futuros, y que sus palabras sigan iluminando el camino de la literatura en nuestra tierra. Y en otra galaxia, quizá.

Antes de concluir quiero cerrar con un testimonio, voy a decir y a confesar que Octavio Romero fue mi dyler, sí, fue ese personaje que me vendía cosas/aparatos/dispositivos electrónicos (computadoras, televisores, bocinas, memorias… etcétera) que sacaba de quién sabe dónde, tuve la oportunidad de comprarle algunas cosas que aún conservo y que traen el recuerdo de Octavio, como lo recuerdo cada que abro su libro y me pongo a leerlo, ese es el mejor homenaje que se le puede y debe hacer a cualquier escritor/a.

Muchas gracias.