Sociedades antagónicas

El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*

Las naciones latinoamericanas, entre ellas la nuestra, parecen oscilar entre los extremos. Rara vez se consolida y prospera el término medio. Eso nos lleva a derruir lo construido y volver a comenzar de ciclo en ciclo, como si sólo el antagonismo brindara algún sostén frente a la vorágine (esa vorágine de José Eustasio Rivera) que engulle a nuestros pueblos.

En alguna época se imaginaron soluciones intermedias, caminos alejados del puro liberalismo y de la noción organizativa cercana al socialismo. En México, por ejemplo, durante el siglo XIX surgió un liberalismo político acompañado de propuestas de equilibrio social. Desde los famosos “Sentimientos de la Nación” de Morelos se anotaron propuestas republicanas y una vocación por mediar entre la opulencia y la indigencia.

El PRI del siglo XX logró por algunas décadas acuñar una propuesta de desarrollo donde se daban cita los contenidos liberales e igualitarios. Incluso, participó en organizaciones internacionales de izquierda. Esa proyección dual, incluso incompatible, permitió que se sucedieran gobiernos de distinta orientación ideológica, dando lugar a las famosas oscilaciones (el péndulo) entre gobiernos que promovían la acumulación de capital y gobiernos que promovían el reparto de la riqueza.

La consolidación de gobiernos de corte neoliberal (liberalismo económico) en el último tramo histórico del PRI (siglo XXI), favoreció la escisión de los grupos favorables al reparto de riqueza (las corrientes de izquierda), dando lugar al Frente Democrático Nacional, al PRD y a Morena.

La llamada “tercera vía”, una combinación de la democracia y los valores liberales con el compromiso social, sigue vigente en la teoría, pero cada vez más alejada de la realidad y del debate político de nuestros días.

Los resultados electorales recientes lo confirman: el centro ya no existe y lo que cuenta es el duelo de partidos antitéticos. En Colombia triunfó De la Espriella (de derecha o posición liberal) frente a Iván Cepeda (de izquierda o tendencia igualitaria), pero la diferencia fue apenas de un punto porcentual (251 mil votos). En Perú la historia pinta de forma similar: una diferencia mínima entre uno y el otro extremo.

No es que triunfe la derecha (o lo que se le llama así), es que ya sólo valen los extremos, diferenciados por un mínimo porcentual.

En este escenario de oposiciones irreconciliables se perdieron las propuestas centrales, las que buscaban armonizar entre las grandes alternativas. Quizás sea nuestro destino: seguir los extremos y agotarnos entre los antagonismos.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.