¿Quién decide qué es verdad?

¿Quién decide qué es verdad?
Por: Esteban Herrera Ugarte

Empecemos por el principio: ¿de qué se trata todo este asunto de los llamados Lineamientos para proteger los Derechos de las Audiencias? Dicho sin palabras domingueras: quieren ponerles nuevas reglas a la radio y la televisión. ¿Para qué? Para que tú sepas cuándo te están dando una noticia, cuándo alguien está dando una opinión y cuándo, aunque parezca información, en realidad te está transmitiendo  publicidad pagada.

Aunque hay un sector de la población que sabe distinguir una de otra, hay otra que quizá no y ahi está el fundamento de la Iniciativa, que con sus asegunes, pudiera ser una buena causa.

Pero viene la parte que enciende las alarmas: los medios también tendrían que cuidar que lo que transmiten sea verdadero y tenga contexto. ¿Suena bien? Claro. ¿Quién quiere que le mientan? El problema aparece con una pregunta muy sencilla: ¿quién va a decidir qué es verdad, qué es mentira y qué quedó “fuera de contexto”?, y según los lineamientos propuestos por la Presidencia, ¿quién cree que lo va a decidir?: un órgano  que forma parte del Ejecutivo Federal.

La Presidencia dice que busca defendernos como radioescuchas y televidentes, darnos una forma de reclamar y obligar a los medios a aclarar o corregir. ¿Y cuáles son los temores ante esto? Que una autoridad cercana al propio gobierno termine convertida en árbitro de la verdad y que, por miedo a una multa, los medios prefieran callar, cortar entrevistas o no invitar a ciertas voces.

Pongamos un ejemplo de ¿Cómo funcionaría en la vida real? Si los lineamientos se aplicaran tal como los ha propuesto la Presidencia: pensemos en Arturo Ávila, vocero de Morena quien afirmó: “El Partido Acción Nacional no solamente es un narcopartido; ahora resulta que también son los reyes del huachicol”. Del otro lado, Damián Zepeda del PAN ha dicho: “Morena pactó con el crimen, se equivocó y hoy debe asumir las consecuencias”. ¿Son opiniones duras? Sí. ¿Son acusaciones que meten a partidos enteros en el mismo costal? También.

Ahora viene lo extraño: si esas frases se transmitieran sin aclaración o contexto, ¿a quién podrían castigar? ¿A Ávila? No. ¿A Zepeda? Tampoco. El problema podría caer sobre la estación que les abrió el micrófono. Primero vendría la queja, después la revisión, luego una posible orden de aclarar y, si el medio no cumpliera, tendrá que pagar una multa de entre 0.01 y 1 por ciento de sus ingresos. ¿Está clara la escena? El político dispara la frase y el medio recoge el casquillo… y quizá también paga la cuenta. Porque si con esta Iniciativa cada palabra debe pasar primero por la caja registradora del miedo, el micrófono seguirá encendido, pero la libertad ya estará fuera del aire.

¿Y la regla será pareja?, vayamos a otro ejemplo: desde la Mañanera, Claudia Sheinbaum ha acusado a una “oposición entreguista” de abrir las puertas a gobiernos extranjeros para recuperar privilegios; el Expresidente López Obrador, también desde la Mañanera definió al PAN como un partido “defensor de la corrupción y del intervencionismo”. Son imputaciones y descalificaciones graves: atribuyen corrupción y subordinación extranjera a organizaciones políticas completas. Pero hay una paradoja: quienes las pronunciaron desde Palacio Nacional no serían sancionados; la eventual multa podría recaer sobre el medio que las transmitiera sin contextualizarlas. Desde el poder se lanza la acusación; fuera del poder se paga la factura.

Hay una ironía difícil de esconder: la Presidenta podría lanzar el señalamiento desde la mañanera y no recibir esta sanción; el Expresidente hizo algo semejante durante años sin que nada ocurriera. Pero si una radiodifusora repite esas palabras como si fueran una verdad demostrada, la estación tendría la sanción.

Así que la pregunta final no es si queremos noticias verdaderas. Por supuesto que sí. La pregunta es otra: ¿queremos que el gobierno que participa todos los días en la pelea política sea también quien reparta las tarjetas, marque las faltas y decida quién mintió?

Porque si la acusación del opositor se corrige, pero la del poder se transmite completa, no estaríamos protegiendo a la audiencia de la mentira, estaríamos protegiendo al poder de la crítica. Y eso, no es cuidar tus oídos: es escoger lo que tú puedes o debes escuchar, y que alguien decida qué sí y qué no es vedad.