COLIMA.- La Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México (Sodetam), Capítulo Colima, y la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima hicieron un llamado a las autoridades federales y estatales para frenar cualquier proyecto que ponga en riesgo las Salinas de Cuyutlán, al advertir que no solo está en juego una actividad económica centenaria, sino un patrimonio histórico, ambiental, biocultural y social que ha dado identidad a Colima durante más de cinco siglos.

Durante una conferencia de prensa encabezada por la historiadora e integrante del Sodetam, María Irma López Razgado, así como por dirigentes de la Cooperativa de Salineros, se sostuvo que el desarrollo del estado no debe construirse a costa de la desaparición de uno de los símbolos más representativos de Colima.

«La historia nos lo cobrará», advirtió López Razgado al señalar que el progreso no puede justificar la pérdida de un legado construido por generaciones.

«No estamos en contra del desarrollo»

Los participantes aclararon que no se oponen al crecimiento portuario ni a la modernización de la infraestructura logística del estado; sin embargo, insistieron en que existen alternativas para ampliar la capacidad del puerto sin afectar el ecosistema lagunar y la producción artesanal de sal.

«La sal de Colima no es un producto cualquiera. Es el resultado de un conocimiento ancestral transmitido desde la época prehispánica y ligado a nuestras raíces, al territorio y al trabajo comunitario», expuso la representante de Sodetam.

Recordó que la organización ha impulsado durante años proyectos para preservar el patrimonio histórico del estado y que recientemente reconoció a la Cooperativa de Salineros por más de un siglo de trabajo ininterrumpido.

Un patrimonio con más de 530 años de historia

Por su parte, el presidente de la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima, Luis Miguel Ramos Lugo, destacó que la producción de sal en Cuyutlán tiene más de 530 años de historia, convirtiéndose en una de las actividades productivas más antiguas del país.

«Nosotros no defendemos únicamente una fuente de empleo; defendemos el patrimonio que heredaron nuestros padres y abuelos y que queremos dejar a nuestros hijos», expresó.

Afirmó que la sal de Colima es reconocida por su calidad y continúa elaborándose de forma artesanal, razón por la que es considerada por productores y especialistas como una de las mejores del mundo.

«La mejor sal del mundo»

Durante la conferencia se aseguró que la sal colimense cuenta con certificaciones nacionales e internacionales, entre ellas la FDA y Kosher, además de análisis de laboratorio que avalan su calidad y pureza para comercializarse en distintos mercados.

Los productores advirtieron que cualquier contaminación de la laguna afectaría directamente estas certificaciones.

«Si nuestra sal presenta contaminación, simplemente dejarán de comprarla. No solo perderíamos un producto; desaparecería una actividad económica de la que dependen cientos de familias», señalaron.

Los salineros enfatizaron que el impacto del proyecto no se limitaría a quienes producen sal.

Recordaron que alrededor de la Laguna de Cuyutlán viven pescadores, apicultores, comerciantes y cientos de familias cuya economía depende del equilibrio ambiental del humedal.

Además, señalaron que la zona alberga aves migratorias, reptiles, mamíferos y diversas especies que utilizan el ecosistema como refugio y sitio de reproducción.

«Hablan las aves, hablan los peces, hablan los manglares, hablan las abejas, hablan más de cinco mil familias que viven de esta laguna», expresó uno de los representantes de la cooperativa.

Piden estudiar la capacidad de carga del ecosistema

Uno de los principales planteamientos de los salineros fue exigir que se realice un estudio científico sobre la capacidad de carga del vaso dos de la Laguna de Cuyutlán antes de ejecutar cualquier intervención.

Explicaron que este concepto permite determinar cuánto impacto puede soportar un ecosistema sin sufrir daños irreversibles.

Para ejemplificarlo, compararon la laguna con un elevador diseñado para ocho personas.

«Si suben ocho funciona bien; si suben veinte termina por romperse. Eso mismo puede pasar con la laguna si se sobrepasa su capacidad», señalaron.

También compararon el humedal con una liga que puede estirarse hasta cierto punto, pero que termina por romperse cuando se exceden sus límites.

Tres exigencias

Sodetam presentó tres peticiones concretas a las autoridades:

Elaborar un programa de salvaguarda del patrimonio cultural salinero con participación de los propios productores.

Reconocer oficialmente a las Salinas de Cuyutlán como patrimonio biocultural irremplazable y no únicamente como una fuente de empleo susceptible de reconversión.

Que los estudios de impacto ambiental incorporen una evaluación integral del patrimonio arqueológico, histórico, ambiental y biocultural asociado a la actividad salinera y pesquera.

Llamado a la presidenta y a la gobernadora

Durante la conferencia, integrantes de la cooperativa solicitaron públicamente una reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, y la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, para exponer directamente sus preocupaciones.

«Somos mujeres y hombres salineros. Queremos que nos escuchen. Nosotros conocemos la laguna porque vivimos todos los días en ella», expresaron.

Producción récord

Los productores revelaron que este año la cooperativa alcanzó una producción histórica de 55 mil 612 toneladas de sal, de las cuales alrededor de 53 mil 500 toneladas corresponden a sal comestible, además de sal amarilla, flor de sal y sal tierra.

Indicaron que esta cifra representa un nuevo récord para la organización y es resultado del trabajo de más de un siglo de experiencia.

Sin embargo, advirtieron que una eventual contaminación de los mantos acuíferos pondría en riesgo no solo la producción futura, sino también los créditos millonarios que requieren para financiar cada temporada de cosecha.

Finalmente, Sodetam insistió en que aún existe la posibilidad de encontrar soluciones que permitan el desarrollo portuario sin comprometer uno de los patrimonios naturales y culturales más importantes de Colima.

«Defender la sal de Colima es defender nuestra historia, nuestra identidad y el derecho de las futuras generaciones a recibir un legado vivo y no una pérdida irreversible», concluyeron.

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