LA REFORMA QUE NADIE PIDIÓ Y LA MAYORÍA NEGÓ
Por: Noé GUERRA PIMENTEL
El contundente rechazo de la reforma político-electoral impulsada por “el presidente a través de Claudia” (así lo definen los suyos) en la Cámara de Diputados, constituye una revelación sobre un posible nuevo equilibrio político.
El dictamen obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, cifra insuficiente para alcanzar la mayoría calificada para modificar la Constitución. Pero más allá de la aritmética, el hecho tiene otras implicaciones para el sistema político. La reforma pretendía cambiar, entre otros, el método de representación proporcional -las plurinominales-, reducir el financiamiento a partidos y recortar el gasto del INE.
Es evidente el trasfondo político de una reforma con doble narrativa. Desde el discurso oficial, la propuesta se presentó como medida de austeridad y democratización. El planteamiento central, en el que se insiste, es: “quitar privilegios, disminuir el gasto y reconfigurar el Congreso”. Sin embargo, para la oposición -PAN y PRI- la iniciativa envolvía un riesgo para la pluralidad partidista; para ellos, la reducción de pluris buscaba afianzar la figura del partido único y borrar minorías. Tesis compartida por el PT y PVEM, que, paradójicamente son parte de la coalición gobernante.
Esta ruptura los exhibió al hacer evidente que el bloque legislativo de la llamada 4T no opera como mayoría automática sino como alianza negociada, donde cada partido calcula sus ganancias. La dimensión social se afianza en el discurso de anticasta política, con lo que podemos estar de acuerdo. Es innegable que esa narrativa es poderosa en un país donde subsiste la percepción de los altos costos de un régimen viciado que solo favorece a unos cuantos, por lo que la reducción de gastos es popular. Como estamos viendo, después del rechazo legislativo, el gobierno ya empieza a tratar de capitalizar ese presunto respaldo social.
En ese sentido, el fracaso no necesariamente significa derrota política para la presidencia. Puede convertirse en un refuerzo de la idea de que ciertos sectores defienden privilegios frente a una agenda de austeridad que en los hechos no ha existido ni en este, ni en el pasado gobierno, ahí están los números del gasto y endeudamiento. A nivel partidista esta digresión se redimensiona con la supuesta fractura de la coalición como elemento más relevante. El rechazo evidenció que partidos pequeños -como el PT y el PVEM- consideran que la eliminación de pluris afecta directamente su representación y, por ende, su existencia. La incongruencia es evidente, lo que Morena propone como “racionalización” del legislativo, para sus aliados es amenaza capital.
Posibles escenarios del “Plan B” (si no es por las buenas… pero será). Frente al rechazo, el gobierno federal puede tener varios ases bajo la manga, como reformas a leyes secundarias con mayoría simple, lo que le permitiría ajustar aspectos operativos del sistema electoral y financiamiento público sin tocar a la Constitución. Otro, sería la consulta popular específica, como el financiamiento a partidos; lo que trasladaría el debate a la arena social como herramienta de presión al legislativo. Uno más, la negociación que obligadamente los llevaría a suavizar puntos controvertidos. O bien, enderezar una reforma gradual, fragmentar la original y aprobar primero las de mayor consenso: austeridad, ajustes administrativos, etc. Y, para finalizar, una que no quiero ni mencionar, la del recurso resolutivo de la SCJN (la corte del acordeón), para que, sin cambiarle una coma, esta, ahora sí se las apruebe y no como en el 2023, cuando aquel cuerpo invalidó aquella intentona.
Lo que sí, es que el rechazo legislativo de este miércoles 11 de marzo representa solo un episodio y puede ser el reflejo, esperemos, de una nueva etapa política donde ninguna fuerza partidista se pueda imponer por sí sola. La paradoja fue que la pura iniciativa de reducir el peso de la pluralidad legislativa, esta demostró su vigencia y fuerza. El futuro de la reforma electoral que, insisto, como la anterior, nadie había pedido; dependerá menos de la matemática y más de la capacidad para convertir la derrota en estrategia.
















