La inclusión debe transformar al sistema, no hacer que las personas se adapten a él: Fabiola Soto

Como parte de las Jornadas Académicas 2026 de la Universidad de Colima, la pedagoga y facilitadora Fabiola Soto Estrada dictó la conferencia magistral “Inclusión en la práctica docente, con algunas guías para identificar cómo comenzar”, en la que llamó a las y los docentes a asumir la inclusión como un eje transversal del nuevo modelo educativo.

Durante la sesión virtual, Soto Estrada destacó que el proceso de sensibilización en torno al nuevo modelo representa una oportunidad para fortalecer la tarea educativa de la institución y garantizar la igualdad de oportunidades para todas las personas. “Esta coyuntura es nuestra gran oportunidad de no soltar la tarea educativa; refrenda el posicionamiento de nuestra institución y garantiza esa igualdad de oportunidades para todos”, señaló ante directivos y docentes.

Explicó que hablar de inclusión no se limita a normativas, procesos, técnicas o estrategias dentro del aula, sino que implica una práctica institucional generalizada, capaz de garantizar que todas las personas sean integradas, vistas y valoradas desde sus distintas condiciones, realidades y contextos.

En este sentido, dijo que la inclusión requiere políticas que acompañen a la comunidad universitaria en la definición de rutas, procesos y acciones concretas. También invitó a pensar en el “gran macro” de los sistemas que deben hacer posible el derecho a la educación.

Ese derecho, puntualizó, es irrenunciable y se sostiene en tres pilares fundamentales: el acceso sin discriminación, la calidad educativa y la igualdad de oportunidades.

Ante las y los participantes, Soto Estrada recordó que cada sector universitario tiene tareas específicas por cumplir desde sus propias funciones. La educación inclusiva, dijo, implica dejar atrás modelos que excluyen o que impiden que las y los estudiantes avancen, se integren o participen de manera activa. “No se trata de adaptar a las personas al sistema, sino de mover el sistema para permitir la convivencia y la participación de los agentes que convergemos en él”, afirmó.

La conferencista señaló que, durante este periodo de sensibilización del Modelo Educativo, la Universidad podrá identificar las necesidades básicas que tienen docentes, personal administrativo y directivo para hacer posible una educación verdaderamente inclusiva.

Respecto a las herramientas y recursos para trabajar con el estudiantado, recomendó no partir de supuestos, sino diseñar desde ahora materiales y estrategias didácticas que permitan la participación de todas y todos. “Aún no sabemos si tendremos estudiantes con alguna necesidad visual, auditiva, neurodiversa o intelectual, pero sí podemos empezar a diseñar recursos didácticos que permitan la participación de todos los estudiantes”, explicó.

Agregó que esta participación también debe garantizar la posibilidad de evaluar de manera justa y ofrecer una retroalimentación adecuada a cada estudiante.

Soto Estrada invitó a no postergar la transformación de las prácticas docentes. Pidió poner atención en lo que se provoca, sostiene o gesta dentro del aula, ya que las barreras para el aprendizaje y la participación no surgen únicamente de una condición personal, sino de la interacción entre estudiantes y sus contextos.

Explicó que dichas barreras pueden estar presentes en reglamentos, estructuras, formas de relación, circunstancias sociales y económicas, así como en las dinámicas escolares. “No es sólo la escuela o el estudiante quien pone la barrera, sino una serie de circunstancias que merman la participación”, señaló.

En este punto, planteó como tarea identificar, entre la diversidad de estudiantes, las formas más idóneas y saludables de reconocer qué ocurre dentro del aula. También retomó una frase surgida durante la sesión: “Hay que cuidar el clima, la relación, la convivencia”.

De manera sensible, reconoció que en las facultades de la UdeC existen habilidades, experiencias y personas interesadas en capacitarse y especializarse en temas de inclusión. Sin embargo, también señaló áreas de oportunidad, como la necesidad de contar con intérpretes certificados para atender situaciones específicas.

“Actualmente, la Universidad de Colima no tiene intérpretes certificados a quienes podamos recurrir para atender una necesidad en algún plantel, porque para esto se requiere ser experto”, reconoció.

Como parte de las acciones que pueden realizarse para avanzar hacia una enseñanza más inclusiva, mencionó cambiar la forma de explicar, diversificar la presentación de contenidos, promover actividades en pares, aprendizaje colaborativo, tutorías entre estudiantes, convivencia, participación y distintas formas de interacción en el aula.

También recomendó dar voz a todas y todos en ambientes seguros y libres de prejuicios, permitir diferentes maneras de responder, aceptar conclusiones diversas y reconocer que la realidad de cada estudiante también construye experiencias educativas, más allá de la asistencia a clase.

En cuanto a la evaluación, propuso considerar evidencias variadas que den cuenta del compromiso, la apropiación de contenidos, la cercanía con los temas, la participación, la integración en grupos y la capacidad de facilitar espacios de aprendizaje entre compañeras y compañeros.

Fabiola Soto Estrada es responsable del Área de Atención a la Discapacidad del Centro Universitario para el Bienestar Integral (CUBI) y de la Dirección General para el Desarrollo Integral de la Universidad de Colima.