COLIMA.- En un ambiente marcado por el dolor, la esperanza y la exigencia de justicia, este sábado 9 de mayo se llevó a cabo la “Jornada de memoria y dignidad para honrar el camino de las Madres Buscadoras y para recordar a sus hijas e hijos desaparecidos”, en la Plaza de las y los Desaparecidos, ubicada en Piedra Lisa, en la ciudad de Colima.
La ceremonia reunió a madres buscadoras, familiares de personas desaparecidas, integrantes de colectivos, ciudadanos y representantes de la Iglesia católica, quienes participaron en una misa oficiada por el padre Antonio Aguirre Ruiz, en representación del obispo de la diócesis, Gerardo Díaz Vázquez.
Durante su mensaje, el sacerdote transmitió el saludo del obispo y explicó que, aunque no pudo asistir debido a compromisos previos, reiteró su cercanía con las familias buscadoras. Señaló además que la realidad que enfrentan los colectivos de búsqueda no es exclusiva de Colima, sino una tragedia extendida por todo el país.
“El dolor de ustedes está presente en toda la República”, expresó, al tiempo que recordó que obispos mexicanos sostuvieron recientemente reuniones con colectivos de búsqueda para reflexionar sobre el papel de la Iglesia frente a la crisis de desapariciones.
En uno de los momentos más significativos de la jornada, el padre Antonio Aguirre reconoció que durante años la Iglesia no acompañó adecuadamente a las familias de desaparecidos y pidió perdón por ello.
“La Iglesia no puede limitarse a ver o a oír el dolor; debe mirar, escuchar y comprometerse realmente con quienes buscan a sus hijos e hijas”, manifestó.
Asimismo, admitió que hubo momentos en que la institución religiosa “miraba para otro lado”, más preocupada por su imagen que por las heridas del pueblo.
“Si no las hemos recibido como debíamos, si no hemos orado como nos pedían, perdónenos”, expresó retomando palabras del obispo y del papa Francisco, quien desde 2016 llamó a “abrazar las periferias humanas” y comenzar siempre por las familias que sufren.
El sacerdote también lamentó que la violencia se haya normalizado en el país y reconoció que la sociedad se ha acostumbrado a las muertes, los ataques armados y las desapariciones.
“Ya nos hemos acostumbrado a la muerte, a los tiros en las calles, a los desaparecidos y a un sinfín de gestos violentos que ya no llaman la atención desgraciadamente”, dijo.
Durante la homilía, el presbítero comparó el dolor de las madres buscadoras con el relato bíblico de la viuda de Naín narrado en el Evangelio de San Lucas, subrayando la soledad y el sufrimiento que viven quienes han perdido a sus seres queridos sin saber dónde están.
Recordó además que muchas familias enfrentan indiferencia institucional, abandono y hasta agresiones mientras buscan a sus desaparecidos.

“Hay madres y padres que tocan puertas, recorren caminos en soledad y muchas veces son rechazados, despreciados y olvidados”, señaló.
En medio de las oraciones, se elevaron plegarias por las familias de personas desaparecidas, por la paz en México y por la reconstrucción del tejido social. También se pidió fortaleza para las madres buscadoras, a quienes calificaron como mujeres que han transformado el dolor en fuerza.
“Ellas han convertido su dolor en esperanza y caminan bajo el sol y la lluvia buscando rastros de quienes les han arrebatado”, se escuchó durante una de las oraciones comunitarias.
El acto religioso estuvo acompañado por fotografías de personas desaparecidas colocadas alrededor del altar, mientras familiares sostenían veladoras y pancartas con los rostros de sus seres queridos.
Al concluir la misa, integrantes de los colectivos agradecieron la presencia de la ciudadanía y el acompañamiento de la Iglesia. Una de las madres buscadoras señaló que, aunque para ellas el 10 de mayo no representa una fecha de celebración, este tipo de encuentros significan “un apapacho para el alma”.
“Claro que queremos seguir teniendo nuestra misa. No es festejar un día bonito para nosotros, pero nos gusta que nos acompañen”, expresó Carmen Sepúlveda Gómez, madre buscadora y presidenta de la Red de Desaparecidos en Colima AC.
Por su parte, Adrián Fonseca, padre buscador que busca a su hijo Yeison, recordó que la desaparición de personas destruye familias enteras y no afecta únicamente a las madres.

“No nada más son madres; también hay hermanas, hermanos, tíos… toda una familia deshecha previo a este 10 de mayo”, manifestó.
Asimismo, pidió a la sociedad empatía y solidaridad con las familias buscadoras, además de agradecer que la Iglesia haya volteado a ver a quienes viven esta tragedia.
“Las madres buscadoras son grandes guerreras, luchan día a día buscando a sus hijos”, afirmó.
La jornada concluyó con oraciones, cantos religiosos y mensajes de esperanza, mientras los asistentes reiteraron una consigna que resonó durante toda la ceremonia:
“¡Hasta encontrarles!”.
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