Con respeto y solidaridad al pueblo venezolano
Por: Noé GUERRA PIMENTEL
He tenido la oportunidad de ver pocos partidos de futbol, pero por comentarios me entero que como a mí, para otros aficionados al fútbol, el Mundial de 2026 compartido entre 3 países, ha dado una impresión, quizá hasta sorpresiva, difícil de ignorar: pareciera que, comparado con anteriores justas, esta vez participa una mayor cantidad de jugadores de ascendencia africana.
La percepción no es casual, aunque tampoco significa que la mayoría de los jugadores pertenezca a ese origen étnico. Lo que sí revela es un fenómeno que va más allá de lo aparente, que el fútbol se ha convertido en uno de los escenarios más visibles de las transformaciones demográficas, sociales y culturales.
No tengo duda, el deporte refleja la sociedad que lo produce. Los equipos nacionales son, en cierto sentido, un retrato de la historia de cada país, de sus procesos sociales y de la forma en que sus ciudadanos construyen una identidad. Por ello, las canchas mundialistas muestran hoy una diversidad que habría sido impensable hace medio siglo. Europa ofrece quizá el ejemplo más claro. Las migraciones provenientes de África, el Caribe y Medio Oriente, intensificadas desde la segunda mitad del siglo XX, han dado origen a nuevas generaciones nacidas y formadas en países como Francia, Inglaterra, Bélgica, Portugal o los Países Bajos.
Jóvenes que hablan el idioma oficial de esas naciones, estudian en sus escuelas, comparten su cultura cotidiana y representan legítimamente a las selecciones de sus países de nacimiento o de nacionalidad. Su color de piel no define su pertenencia nacional, aunque sí recuerda la complejidad histórica del mundo contemporáneo. Al mismo tiempo, diversas naciones africanas han fortalecido sus sistemas de formación deportiva e incrementado su presencia competitiva en estos torneos. Ello contribuye a una mayor visibilidad de deportistas africanos que, por talento, preparación y condiciones naturales, ocupan un lugar cada vez más destacado en el escenario internacional.
En América ocurre un fenómeno semejante, solo hay que ver a Brasil, Colombia, Panamá y Estados Unidos, países que desde hace siglos expresan una diversidad étnica derivada de procesos históricos distintos, donde las poblaciones afrodescendientes son parte esencial de la identidad nacional y hoy ese deporte visibiliza esa realidad. Existe además un elemento que ayuda a explicar la percepción de muchos. Nuestra atención suele dirigirse hacia aquello que destaca o rompe lo previo. Si durante un torneo coinciden equipos con una mayor presencia de jugadores afrodescendientes, es comprensible que generalicemos lo que vemos, aun cuando otras selecciones presenten composiciones étnicas muy diferentes.
Lejos de tratarse de un hecho pasajero, todo indica que este proceso continuará, dado que las tendencias globales muestran un incremento sostenido de la movilidad humana por razones de seguridad, económicas, educativas, laborales y familiares. Las sociedades son cada vez más diversas y las identidades nacionales menos homogéneas que hace apenas un siglo. Los hijos y nietos de quienes migraron, hoy representan a los países donde nacieron, crecieron y se desarrollaron. En consecuencia, los futuros mundiales probablemente mostrarán una mayor diversidad. No solamente veremos más futbolistas de ascendencia africana en selecciones europeas o americanas; también crecerá la presencia de jugadores con raíces asiáticas, hispanoamericanas y de múltiples orígenes étnicos, reflejando un mundo crecientemente interconectado.
El fútbol, como fenómeno de alcance universal, nos recuerda que las fronteras políticas pueden permanecer por siglos o milenios, pero las rutas humanas son cada vez más dinámicas. Las camisetas nacionales seguirán representando Estados-Nación, pero quienes las portan expresarán historias mucho más complicadas que las de generaciones anteriores. Quizá esa sea la lección más importante de este Mundial: observar y asumir que nada es estático y que estos son parte de los cambios sociales que desde hace décadas vienen ocurriendo en este mundo que hoy es muy diferente al que nos vio nacer.

















