Mucho gusto
Por: Alberto LLANES
Para nadie es mentira que las carreras que tienen que ver con las humanidades van (aunque en realidad siempre han estado así pero ahora es muy… demasiado visible) a la baja. Nos han vendido por muchos años que las humanidades sirven para poco, que lo mejor es ser técnico en algo, aprender un oficio (laminero, albañil, carpintero y/o heredarlo) o mejor dedicarse a la salud, las tecnologías y medios digitales o de plano salir a la calle a vender tamales, tacos o pan, pero humanidades, no.
Cuando en 1999 (poquito antes) anuncié a la familia que quería ser escritor, todos en casa pusieron el grito en el cielo; me dijeron que de eso no se vive, que me iba a morir de hambre, que no tendría ni para sacar a un pobre perro a mear. Tal vez tengan razón, pero a la fecha, he vivido de esto, no me he muerto (y mucho de menos de hambre, al contrario, requiero najar unos cuántos kilos) y quizá no tengo un perro, pero sí cuatro gatos que no los saco a mear, pero les pongo sus areneros, les pago su comida y hasta los llevo al veterinario.
El día de ayer tuvimos la reunión general de inicio de labores en la Falcom; es una reunión donde todo el personal: docente y administrativo, nos reunimos para ver metas, logros, alcances, cosas que quedaron pendientes, procedimientos y requerimientos nuevos, entre otros. Amén de que cada academia en lo particular haga su reunión y se vean particularidades de cada programa educativo. Esta reunión general precedida por la dirección es importante para estar todos en la misma sintonía. Decía que en la reunión de ayer le dimos el adiós definitivo a la carrera de Lingüística, se cierra de manera oficial y para siempre y nos quedamos únicamente con tres programas: Periodismo digital, Lengua y Literatura y Comunicación. Estoy dando clases en la Falcom desde 2010, cuando la maestra Hilda Rocío Leal Viera me invitó a dar una materia bellísima: Fomento de la lectura. Pocos programas a nivel nacional tienen esa asignatura, la Falcom aún la conserva, no sé hasta cuándo, pero la conserva. En todo este tiempo jamás me había tocado el cierre de una carrera. Ayer se me apachurró mucho el corazón, se me aguaron los ojos y sentí ese dolor, justo en la boca del estómago, que sintieron los charolastras en la película Y tu mamá también… al enterarse de un par de noticias que les pegan justo ahí, en la boca del estómago.
Hace diez años di clases en el programa de lingüística, otra materia bella: Edición y corrección de textos, hace diez años obtuve el reconocimiento al mejor docente en lingüística a la par que daba clases también en letras hispanoamericanas y seguía con mi labor de editor en la Dirección General de Publicaciones. Este 2026 obtuve el reconocimiento como mejor docente, pero ahora en letras, diez años después del que obtuve en lingüística. He ganado este reconocimiento en dos programas de tres en los que he dado clases y no es pararme el cuello ni presumir nada, pero ayer, cuando la directora dijo que despedíamos lingüística, sentí ese dolor en la boca del estómago que te pega al recibir una noticia tremenda, porque volteo a ver las otras áreas y, si nos vamos a los números, vamos cada día en picada.
Las humanidades no son para las multitudes, es cierto, pero tampoco es bonito ver una carrera cerrar, una carrera de la fuiste parte, una carrera en la que colaboraste de alguna u otra forma en el desarrollo personal y académico de un grupo o dos grupos o varios grupos de personas con sed de conocer la evolución, origen y desarrollo de nuestro lenguaje. Hace varios años me despedí de lingüística como profesor, porque estuve coordinando la carrera de letras, ahora coordino la de periodismo digital y daré clases en el cuarto programa que es comunicación en donde nunca he dado clases. Cuatro programas había en letras, dando clases en comunicación, habré dado en todos…

















