TERMOdinámica Electoral

TERMOdinámica Electoral
Por: Esteban Herrera Ugarte

Un termo rojo con la leyenda “Vota PRI” terminó por calentar el inicio del proceso electoral. Alejandro Moreno lo llevó a la sesión del Consejo General del INE; la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, mediante un mensaje que quedó expuesto, advirtió una posible infracción electoral y pidió a un periodista llevar el asunto a los medios. Lo que pretendía ser la exhibición de un adversario terminó exhibiendo también la operación para exhibirlo.

El incidente podría parecer trivial: un termo, una fotografía indiscreta y la disputa habitual en redes sociales. Sin embargo, contiene una lección política importante. Morena entendió que cualquier objeto puede transformarse en mensaje; el PRI consiguió que su termo se volviera viral, aunque quizá más por el intento de censurarlo que por una estrategia propia. La pregunta es quién conservará mejor el calor producido por el episodio y, sobre todo, quién sabrá transformarlo en energía política.

Para entenderlo, conviene acudir a las leyes de la termodinámica; o, más modestamente, a las de la TERMOdinámica electoral.

La primera ley establece que la energía no se crea ni se destruye: solamente se transforma. En política, el descontento ciudadano ya existe en la inseguridad, la falta de medicamentos, los malos servicios y la corrupción; la tarea de la oposición no es inventarlo ni limitarse a denunciarlo, sino transformarlo en conversación pública, organización, propuestas y votos. Si no completa esa cadena, la inconformidad termina reducida a mucho ruido en las redes, bastante temperatura y ningún trabajo político útil.

La segunda ley señala que la entropía —el desorden— aumenta con el tiempo y que la energía útil tiende a dispersarse. También los escándalos políticos se enfrían: ocupan titulares, provocan declaraciones y pronto son reemplazados por el siguiente. Morena ha sabido conservar antiguos agravios y convertirlos en narrativa y lealtad electoral; la oposición, en cambio, suele descubrir un asunto relevante el lunes, abandonarlo el miércoles y llegar al viernes sin capitalizarlo: produce calor, pero lo guarda en recipientes sin tapa. Necesita un termo estratégico —memoria, comunicación constante, presencia territorial y narrativa convincente— que impida que cada error gubernamental se evapore antes de producir conciencia, responsabilidad pública y participación electoral.

La tercera ley indica que, al aproximarse al cero absoluto, la entropía alcanza su nivel mínimo. Políticamente, ese cero representa a una oposición fría, inmóvil e incapaz de entusiasmar: puede tener datos, expedientes y hasta la razón, pero permanecer electoralmente congelada. Por eso no basta con conservar el calor generado por los errores de Morena; también debe producir energía propia mediante buenos gobiernos, causas ciudadanas, candidatos confiables y soluciones comprensibles. Una campaña alimentada exclusivamente por el rechazo puede calentar el enojo, pero difícilmente ilumina el futuro.

El termo de Alito quizá termine olvidado en algún escritorio; la elección no debería correr la misma suerte. Morena quiso convertir un objeto en prueba de un supuesto error de la oposición: tomó un termo, le puso reflectores, le añadió indignación y lo hizo noticia nacional. La oposición obtuvo una pequeña victoria comunicacional, pero ahora debe demostrar si sabe conservarla, transformarla y conectarla con una causa mayor.

Las leyes de la termodinámica son inevitables; las derrotas electorales, no. Si Morena continúa calentando el ambiente con errores y desatinos, la oposición podrá transformar esa energía en oportunidad, siempre y cuando aplique las leyes de la TERMOdinámica electoral: aprovechar el calor sin dejar que se evapore y evitar congelarse cuando llegue el momento de actuar.