Ciudad de México.- La niñez migrante no acompañada es un fenómeno vigente, en el que se inmiscuye desigualdad, corrupción, violencia e impunidad, elementos que pone en situación de vulnerabilidad a niños, niñas y jóvenes, alertó Rubí Castellanos Gómez, egresada de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.

Se refirió a algunos estudios que revelan la existencia de tres generaciones de la migración: la protagonizada por hombres; por mujeres; y, recientemente, niños y jóvenes.

En el caso de los varones en su afán de seguir con el rol de proveedor deciden salir en busca de nuevas oportunidades, hay quienes logran llegar al lugar de destino; otros, desaparecen o tienen éxito y algunos se olvidan de la familia que dejaron.

Ellas migran porque no encuentran oportunidades laborales, por la violencia a la que ellas y su familia se enfrentan día a día o no hay quién las ayude económicamente; algunas dejan a sus hijos a cargo de sus abuelos u otro familiar, o hay quienes se los llevan.

Mientras que la niñez migrante sola o acompañada (sobre todo por desconocidos que en el camino se hacen amigos) se hizo visible entre 2017 y 2018; ellos lo hacen porque desean reunirse con sus padres o huyen de la violencia extrema en sus comunidades.

“Los principales países expulsores de esta niñez migrante conforman el Triángulo Norte de Centroamérica. Un informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos respecto a la migración de niños registra que, en 2018, 44 por ciento provenía de Honduras, 42 por ciento de Guatemala, 10 por ciento de El Salvador y cuatro por ciento de otras naciones como Venezuela, Colombia y Nicaragua”, aseguró.

Agregó que esa institución informó que ese año se contabilizaron 30 mil 76 niñas y niños migrantes, de los cuales 10 mil 54 no iban acompañados. Además, 48.6 por ciento abandonó su país por violencia generada por pandillas y/o dentro de sus hogares. Existen testimonios que aseguran que las niñas salen de El Salvador por violencia sexual dentro del seno familiar; 29.2 por ciento obedece a motivos económicos y falta de oportunidades para estudiar o trabajar.

Retos

Bajo los lineamientos del Programa para la Formación de Jóvenes a la Investigación en la Licenciatura en Trabajo Social, Castellanos Gómez señaló que su trabajo titulado “La Trata de personas y su vinculación con la niñez migrante no acompañada: retos, perspectivas y consideraciones desde el Trabajo Social”, parte del supuesto hipotético que la trata de personas y la niñez migrante no acompañada se configuran como una problemática que atenta contra este sector proveniente del Triángulo Norte de Centroamérica.

El desarrollo de la investigación, indicó, la llevó a cabo a través de entrevistas con profesionales de múltiples disciplinas que intervienen con la población de la niñez migrante; también, recabó información a partir de videoconferencias, audios, informes, trabajos previos y narrativas.

“Lo que la investigación arrojó es que esto es un fenómeno que comienza a presentarse desde la primera infancia, pero tiene mayor presencia en la adolescencia. Algunos testimonios aseguran que desde los seis meses de edad ya son captados por las redes de trata de personas para diversos fines, destacando la utilización de menores en el crimen organizado, la extracción de órganos y la explotación sexual en su modalidad de prostitución y pornografía infantil”, apuntó.

Asimismo, dijo que algunas madres con tal de no ver morir a sus hijos por la violencia o la pobreza se los entregan a los polleros para que los lleven a un lugar de destino, pero algunos son entregados al crimen organizado.

Mencionó que la violencia estructural que hay en sus países orillan a los infantes a salir de sus comunidades y hay pequeños que desde los tres o cuatro años migran solos.

“Nosotros, como país, nos hemos vuelto un filtro para que los migrantes no lleguen a Estados Unidos, principal destino de los migrantes centroamericanos y mexicanos. Otro elemento es que hay legislación y protocolos de actuación para atender a la niñez migrante, pero cuando se aterrizan a la realidad no logran operacionalizarse debido a que priorizan lo jurídico sobre lo social y humano y aíslan a los niños en sedes migratorias en lo que resuelven su estatus migratorio sin tomar en cuenta a los menores de edad”, enfatizó.

Expuso que existen legislaciones que apoyan la migración, inclusive protocolos de actuación para saber cómo proceder con los infantes, pero no se cuenta con espacios adecuados para ellos, ya que parecen cárceles donde a veces no hay ni colchonetas donde puedan dormir.

“Ahora podemos hablar de una cuarta generación de migración, que se trata de toda la familia completa, porque vienen padres, hijos, abuelos, tíos… por las precarias condiciones en las que viven en sus comunidades y es necesario ser conscientes y dejar de criminalizar a los migrantes, no solo los que provienen de otros países, sino también de los propios nacionales”, dijo.

Este trabajo que recibió el sexto Premio Universitario de Tesis, nivel licenciatura (2019), por la cátedra extraordinaria de Trata de personas, a cargo del profesor Mario Luis Fuentes Alcalá, proseguirá para seguir entendiendo la complejidad de ambos fenómenos que permitan sentar las bases para protocolos de actuación centrados en el interés superior del menor. BP