Manzanillo, Colima.— A 67 años del devastador ciclón que azotó Manzanillo el 27 de octubre de 1959, la tragedia permanece como uno de los episodios más dolorosos de la historia del municipio, marcado por la pérdida de vidas humanas, la destrucción de viviendas y la devastación de comunidades enteras.
Hombres, mujeres y niños murieron durante el fenómeno meteorológico. Algunas personas quedaron atrapadas en sus propias viviendas por los deslaves de los cerros, mientras que otras perdieron la vida en el mar, en medio de las condiciones extremas que acompañaron el paso del ciclón.

De acuerdo con las crónicas de la época, el fenómeno estuvo precedido por varios días de lluvia. Aunque los sistemas de observación meteorológica eran limitados en comparación con los actuales, las autoridades habían advertido sobre la aproximación de un huracán y alertado a los hombres de mar y a la población.

Sin embargo, la magnitud de sus efectos era difícil de anticipar. La noche del martes 27 de octubre, el ciclón golpeó la región con fuertes vientos y lluvias intensas, que se prolongaron durante la madrugada del miércoles 28.

Las inundaciones afectaron numerosas viviendas, particularmente aquellas construidas con materiales frágiles. Incluso algunas edificaciones más resistentes sufrieron daños por los deslaves en las zonas cerriles.

La tragedia alcanzó a distintos sectores de la ciudad. Entre los barrios que resultaron afectados se encontraban La Pedregosa, San José, el Sector 2 y San Pedrito, donde las condiciones de vulnerabilidad de las viviendas agravaron las consecuencias del fenómeno.

Uno de los episodios más recordados fue el naufragio del buque Sinaloa. Según las crónicas históricas, de las 50 personas que se encontraban a bordo, solamente 12 sobrevivieron a las condiciones extremas provocadas por el ciclón.

La cifra exacta de víctimas mortales continúa siendo objeto de referencias históricas diversas. Algunas versiones hablan de más de mil fallecidos, mientras que otras estimaciones sitúan el número cerca de las 2 mil personas.

A más de seis décadas de aquel desastre, el ciclón de 1959 sigue presente en los relatos de las familias, en la memoria colectiva y en los estudios sobre la historia de Manzanillo. Su recuerdo representa no solo la dimensión de una catástrofe natural, sino también la vulnerabilidad de una población frente a fenómenos meteorológicos de gran intensidad.

Cada aniversario devuelve a la memoria una tragedia que transformó a la ciudad y dejó una huella profunda entre generaciones de manzanillenses.

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