COLIMA.- Hay resultados deportivos que se explican con un lugar en la clasificación y otros que necesitan contarse desde mucho antes de la línea de salida. La participación de Rocío “Chío” Flores Cárdenas en Chamonix pertenece a los segundos: detrás de su lugar 15 en la categoría de 40 a 44 años hay madrugadas, kilómetros acumulados, sacrificios familiares, entrenamiento físico y mental y, sobre todo, una historia que comenzó lejos de los grandes centros del trail mundial, en El Naranjal, Villa de Álvarez, Colima.
El pasado 27 de agosto, la corredora colimense cumplió uno de sus grandes sueños deportivos al participar en la OCC del UTMB Mont-Blanc, en los Alpes. El recorrido, que originalmente esperaba de 57 kilómetros y posteriormente fue modificado, terminó siendo de aproximadamente 61 kilómetros, una distancia que “Chío” afrontó con un objetivo esencial: llegar a la meta.
Y llegó. Pero no solamente terminó. De acuerdo con los datos compartidos durante la entrevista con AFmedios, 1,945 corredores tomaron la salida y 1,563 lograron concluir, mientras que 382 abandonaron. Flores Cárdenas terminó 15ª de su categoría y fue además la décima latinoamericana en cruzar la meta, un resultado que todavía le cuesta dimensionar.
“No aterrizo”, reconoció.
A veces, contó, se detiene a pensar en lo sucedido y todavía siente como si hubiera vivido un sueño.
Nueve horas en los Alpes y un problema desde el kilómetro 42
Rocío “Chío” Flores conquista la OCC del UTMB Mont-Blanc; termina 15ª de su categoría
Las fotografías de una meta suelen mostrar sonrisas, brazos levantados y satisfacción. Lo que casi nunca cuentan es todo lo que ocurrió kilómetros atrás.
En Chamonix, uno de esos momentos llegó para “Chío” aproximadamente en el kilómetro 42. Después de unas siete horas de carrera, comenzó con un fuerte dolor de estómago.
El problema no era menor: se le “cerró” el estómago y ya no podía ingerir alimentos. Todavía quedaban cerca de 19 kilómetros.
La energía estaba ahí, explicó, pero su cuerpo dejó de aceptar comida. A partir de ese punto prácticamente continuó únicamente con agua. La posibilidad de detenerse, sin embargo, no fue la opción que eligió.
“La opción dije: no es parar”, recordó al explicar cómo tuvo que resolver el problema en plena montaña y continuar hasta la meta.

Ahí aparece una parte del trail que pocas veces puede apreciarse desde fuera. Durante horas el corredor está solo con su cuerpo, sus decisiones y las consecuencias de cada una de ellas. Hay que saber cuándo comer, cuándo hidratarse, cuánto acelerar en una bajada y cuánto reservarse para la siguiente subida.
En los Alpes, una mala decisión puede cobrarse muchos kilómetros después.
“Chío” lo resume de otra manera: la montaña siempre sorprende.
Por más que se estudien mapas, desniveles y rutas, explicó, nunca se sabe exactamente cómo responderá el cuerpo ante cinco kilómetros continuos de ascenso o una larga bajada capaz de castigar los cuádriceps hasta dejar sin piernas al corredor para lo que sigue.
“Puedo venir el otro año y bajar de tiempo”
Quizá uno de los detalles que mejor retrata su personalidad ocurrió justo después de terminar.
Tras casi nueve horas y media de esfuerzo, podría haber pensado simplemente en descansar, celebrar o decir “nunca más”.
Pensó exactamente lo contrario.
“Híjole, puedo venir el otro año y bajar de tiempo”, recordó.
Las interminables subidas de Chamonix, en lugar de convencerla de que ya había sido suficiente, le mostraron dónde podía mejorar. Le impresionó además la velocidad con la que se compite en un escenario de ese nivel: “arrancan durísimo”, relató.
Y existe una posibilidad real de regresar.
La corredora explicó que ya consiguió un pase para 2027 después de obtener el segundo lugar general en una competencia de 53 kilómetros en Vallarta. Llegar a Chamonix no depende únicamente de inscribirse: los corredores deben obtener su acceso mediante resultados o acumular los llamados Running Stones para participar en un sorteo. En su caso, el boleto se lo ganó corriendo.
De El Naranjal al corazón del trail mundial
Para comprender la dimensión de lo conseguido también hay que mirar el punto de partida.
Rocío Flores es originaria de El Naranjal, en Villa de Álvarez, y se define antes que nada como una mujer trabajadora y muy activa. El trail, explica de manera sencilla, consiste en correr por montañas, senderos, barrancas y terrenos donde muchas veces también hay que caminar.
Lleva alrededor de ocho años corriendo. No comenzó pensando en Chamonix. Primero llegaron pruebas de ocho kilómetros, después 12 y progresivamente aumentó las distancias.
Para preparar su aventura europea, el proceso prácticamente comenzó desde octubre, cuando obtuvo el pase. Después vinieron carreras y entrenamientos de 30, 40 y más de 50 kilómetros. Cuando necesita trabajar altura, busca lugares como el Nevado; cuando requiere montaña, buena parte de su preparación ocurre en los senderos de Colima y de su propio Naranjal.
Su jornada puede comenzar a las cuatro o cinco de la mañana. Entrenador, nutrióloga y psicóloga forman parte de un equipo que la acompaña, además de Gloria, familiares, amigos y personas que han respaldado económicamente sus competencias.
Porque llegar a Europa también se corre fuera de la montaña.

Rifas, venta de productos, apoyos de pequeños negocios, empresarios y personas que aportaron desde sus posibilidades hicieron posible el viaje. “Chío” insiste en que no existen apoyos pequeños: todo suma.
Por eso, cuando llevó la bandera de México en Chamonix, detrás de ella viajaba simbólicamente mucha gente.
“Me los voy a llevar en el corazón estando yo en la montaña”, había dicho antes de partir.
Ya en los Alpes, reconoció que hubo un momento en el que deseó que quienes la habían ayudado pudieran estar ahí para mirar hasta dónde había llegado gracias también a ese respaldo.
Una corredora contra sí misma
El trail puede reunir a cientos o miles de participantes, pero durante buena parte del recorrido sigue siendo una conversación íntima.
“Realmente eres tú contigo”, explicó Flores Cárdenas.
Antes de competir tiene incluso un ritual. Se aparta mentalmente del ruido, de la música, de las conversaciones y de los distintos idiomas que pueden escucharse en una salida internacional. Respira, se concentra, pide permiso a la montaña, se encomienda a la Virgen de Guadalupe y pide también por quienes competirán a su lado, para que puedan regresar sin lesiones.
Después comienza otra conversación: la que mantiene consigo misma.
Cuando aparece el cansancio procura no alimentar pensamientos negativos. Se habla, se anima y se repite que puede continuar.
“Claro que puedes”, se dice.
Su trabajo con la psicóloga le ha permitido comprender que en una carrera también debe aprender a resolver mentalmente lo que ocurre. Puede pensar en personas queridas o buscar imágenes que la motiven, pero al final, reconoce, quien debe solucionar lo que sucede es ella misma: es su cuerpo y es su carrera.
En el trail, terminar también es ganar
La historia de “Chío” ayuda además a mirar de otra manera los resultados deportivos.
En una disciplina de resistencia, reducir todo a quién llegó primero puede dejar fuera buena parte de la hazaña.
En Chamonix, 382 corredores que habían conseguido llegar a uno de los escenarios más importantes del trail no pudieron completar el recorrido.
Cada atleta que cruzó la meta había enfrentado sus propias horas de desgaste, desnivel, alimentación, clima, molestias y decisiones.
Por eso, para Flores Cárdenas llegar es ya una victoria. Los lugares, cuando el cuerpo permite disputarlos, son “la cereza del pastel”.
Y apenas unos días después de aquella proeza volvió a demostrar hasta dónde puede llevar su resistencia: participó en Guanajuato en un formato por vueltas hasta completar 100 kilómetros. Al final solamente dos mujeres permanecieron en competencia y “Chío” ganó después de realizar la última vuelta, la número 20, en aproximadamente 27 minutos.
¿La razón para someterse nuevamente a semejante esfuerzo tan poco tiempo después de Europa?
Quería saber “qué se siente traer cien kilómetros en las piernas”.
La respuesta más profunda, sin embargo, es todavía más sencilla: pasión.
Que la historia no termine en “Chío”
Pero quizá el valor más importante de lo ocurrido en Chamonix no esté únicamente en su clasificación. Está en lo que puede provocar.
Durante su estancia en Italia, “Chío” observó algo que la marcó: niños corriendo desde pequeños. Comparó la cultura del trail que encontró allá con lo que representa el futbol en México, donde muchos comienzan desde edades tempranas.
Eso le hizo imaginar algo parecido para Colima.
“Estaría padre que aquí hubiera una comunidad de niños”, señaló. Y ya hay planes para organizar una nueva carrera en El Naranjal, en enero, con la intención de incluir actividades para los más pequeños y acercarlos a esta disciplina.
En su propia familia ya existe una pequeña semilla: uno de sus sobrinos, de ocho años, le dice que quiere correr con ella, comer lo que ella come y hacer lo que ella hace.
Eso permite mirar la hazaña desde otra perspectiva.
Tal vez el resultado más importante de Rocío Flores no sea únicamente haber llegado desde El Naranjal hasta Chamonix. Tal vez sea demostrarle a un niño o una niña de Colima que esos escenarios que parecen reservados para atletas de otros países también pueden alcanzarse desde una comunidad colimense.
Cuando se le preguntó qué le diría a una niña que algún día se acercara para decirle “yo quiero llegar hasta donde tú llegaste”, “Chío” respondió que la apoyaría hasta donde estuviera en sus posibilidades y le pediría que no dejara de soñar.
No importa si un día solamente puede entrenar media hora cuando correspondía una hora, dijo. Lo importante es avanzar y continuar haciendo lo necesario para acercarse al objetivo.
Porque antes de Chamonix estuvieron los ocho kilómetros. Después vinieron 12, 30, 40, 50 y más. Hubo días de levantarse a las cuatro de la mañana, entrenamientos después del trabajo, fines de semana convertidos en jornadas largas de montaña, carreras, rifas, viajes y personas dispuestas a creer en el proyecto.
Hasta que un día una corredora de El Naranjal, Colima, apareció entre casi dos mil participantes en los Alpes, cruzó la meta de Chamonix y terminó entre las 15 mejores del mundo de su categoría.
Ese resultado merece valorarse por lo que representa deportivamente, pero también por el mensaje que deja.
Los grandes escenarios no pertenecen exclusivamente a quienes nacieron cerca de ellos. También se puede comenzar en un sendero de Colima, avanzar kilómetro a kilómetro y terminar corriendo entre las montañas de los Alpes.
“Chío” ya recorrió ese camino.
Ahora su historia puede servir para que alguien más se atreva a dar el primer paso.
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