Una fina capa

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

“La civilización es como una fina capa de hielo sobre un profundo océano de caos y oscuridad”. Se atribuye la frase a Werner Herzog, experto en crear personajes con pasiones indomables y en conflicto con el orden de las cosas. La frase es cierta. Es tan fina la capa que resulta sencillo, aterradoramente sencillo, destruir los valores y referentes sobre los que edificamos nuestra convivencia.

Miremos los valores de la civilización occidental, una civilización de la que formamos parte: la noción de una república con sus equilibrios y división de potestades; la idea del derecho como el referente indiscutible de la vida colectiva y la organización del Estado; la noción de la democracia como instrumento para resolver la controversia política y los ideales de libertad en la expresión, la iniciativa y la oportunidad. Todos esos valores y otros más pueden ser fácilmente destruidos a patadas por algún bárbaro dotado con el poder y la ignorancia necesarias. Después de todo, es más fácil descarrilar un tren que conducir una locomotora.

La civilización (sus ideales y referentes) están a prueba de forma constante. Alguien intentará, en cualquier momento, dar de pisotones hasta romper la fina capa y liberar lo que mora en las profundidades. Allí tenemos a un dictadorzuelo, el de Nicaragua, que hastiado de respetar las formas decidió liberarse de la molestia y anular los procesos electorales. Pero, no es necesario llegar a esos extremos: sobran las estrategias para descomponer el orden democrático, arruinar a una república y falsear a la libertad y no todas son tan rudas y evidentes.

Esa progresiva descomposición está presente en nuestro país y sólo se deben observar los signos alrededor. Muchos de los protagonistas de nuestra vida pública asemejan a esos bárbaros que sienten que los referentes de la civilización son un estorbo para el ejercicio desnudo del poder.

¿La república?

No importa: desestimemos la división de poderes, controlemos y desprestigiemos al Poder Judicial, impongamos la voluntad mayoritaria a nuestra conveniencia, desarticulemos a las instancias de control y arruinemos los mecanismos de defensa de los particulares…

¿La democracia?

Corrompamos a la institución garante de las elecciones hasta que no posea el mínimo interés para mirar donde debe y deje pasar hasta lo inadmisible, cooptemos a las instancias jurisdiccionales y neguemos capacidad a los partidos para una verdadera competencia.

¿La libertad?

Ataquemos a los que opinan diferente y asfixiemos a los que ejercen la crítica, con recursos, presión directa, atendados y homicidios o con un idóneo “derecho de las audiencias”, hasta que todo sea un gran coro que repita nuestra doctrina.

¿El derecho?

No tiene importancia, existen muchos recursos para darle la vuelta al orden jurídico y hacer lo que nos plazca: campañas anticipadas, pactos con la delincuencia, asociaciones con la ilegalidad. Después de todo lo dijo el prócer: “no me vengan con que la ley es la ley”.

El problema es que eso es una destrucción sistemática que lleva irremediablemente al abismo.

La fina capa se está rompiendo, pero bueno, quizás es nuestro destino y la civilización pudo ser apenas un sueño.

Lo dijo Robert E. Howard: la civilización es un accidente de la historia y al final la barbarie triunfará.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.