La crisis del PAN

APUNTES DE REPORTERO
Por: Edgar TORRES

Pocos militantes, nulo trabajo para fortalecer sus bases, falta de perfiles fuertes para las candidaturas y una dirigencia que no ha llevado a ningún lado a su instituto político: esa es la realidad de Acción Nacional en Colima.

Este lunes (20 julio ), el Partido Acción Nacional convocó a una rueda de prensa para anunciar que se encuentra en búsqueda de candidatos, sin importar su experiencia, ideología e incluso filiación partidista. Desde mi punto de vista, más que parecer una apertura ciudadana, la medida es un acto desesperado para disfrazar el desastre que vive el partido albiazul, al menos en el estado de Colima.

Ante los medios de comunicación, el excandidato al Senado, Germán Sánchez, afirmó que el PAN es “la principal oposición a nivel nacional (y) la principal oposición a nivel estatal”. Hubiera sido interesante escuchar una argumentación al respecto, dado que la dirigencia de su partido en la entidad no emite posicionamientos como sí lo hacen el PRI y Movimiento Ciudadano de forma periódica. Rara vez su dirigente, Julia Jiménez, realiza declaraciones ante la prensa o fija postura; en realidad, tienen más presencia mediática las figuras individuales que el partido como tal.

Tan debilitado se encuentra el instituto político que figuras como el alcalde de la capital, Riult Rivera, hacen más notorias sus reuniones con personajes que en algún momento ocuparon un espacio público por otros partidos que con su propia militancia. Si bien es cierto que Acción Nacional históricamente ha carecido de bases, en los últimos años ha dejado totalmente en el olvido el trabajo interno y la formación de simpatizantes en militantes.

En el corte más reciente del Registro Nacional de Militantes del Partido Acción Nacional, el PAN en Colima cuenta apenas con 2,526 militantes registrados de una lista nominal de 594 mil electores. Esto lo convierte en uno de los estados con menor número de militantes panistas —el tercer estado con menos afiliados a nivel nacional—, lo que refleja a una dirigencia sin la visión para nutrir, atender y hacer crecer a su militancia.

Por el contrario, prominentes panistas han migrado en los últimos años de forma discreta al oficialismo, donde hoy desempeñan cargos de asesores y directores, entre otros. Además, con la creación del nuevo partido “Somos México”, otras figuras más abandonaron un barco que no tiene más rumbo que el interés de sus cúpulas. Para muestra, basta observar la imagen de fondo colocada en la rueda de prensa de este lunes, la cual promocionaba a Julia Jiménez antes que al propio partido.

En una de sus intervenciones, la dirigente estatal y —por segunda vez consecutiva— diputada federal plurinominal afirmó que, durante los recorridos realizados por el estado (los cuales, dicho sea de paso, ha dejado exclusivamente para épocas preelectorales), la gente le ha planteado como principales preocupaciones la seguridad, la salud y las molestias ocasionadas por la ampliación de la autopista Colima-Manzanillo. De hecho, resaltó el interés del senador Virgilio Mendoza por presentar un exhorto sobre este último tema. Resulta revelador que, siendo ella la dirigente estatal y legisladora federal por segunda ocasión, enfatice algo que bien pudo impulsar desde su curul; esto solo expone la realidad de su partido: una fuerza carente, pobre y con la urgencia de encontrar personajes que le garanticen el mínimo de votación para mantener el registro.

Durante la conferencia, los oradores se mostraron optimistas por los más de 12 mil registros a nivel nacional de aspirantes a candidaturas acumulados hasta el momento, los cuales se someterán a encuestas y entrevistas a manera de filtro para asegurar los perfiles idóneos. En realidad, esto no es nuevo: en el pasado proceso electoral, el PAN arropó a Carlos Antonio Chavira George para catapultarlo como candidato a la presidencia municipal de Coquimatlán, a pesar de que pertenecía al Partido Verde y solo porque sus evaluaciones indicaban que reunía lo necesario para competir, una decisión que respaldó el PRI y que terminó en desastre. Con esa experiencia, ¿será confiable el “novedoso” método de postulación del PAN?

Abrir la casa cuando ya se han fugado los cimientos no es democratización; es desesperación. Si el PAN de Colima pretende salvar el barco regalando candidaturas al mejor postor, la ciudadanía terminará por confirmar lo que sus propios militantes ya entendieron: que un partido sin bases, sin discurso y sin rumbo no se recupera sumando nombres en una lista, sino construyendo la oposición que el estado lleva años esperando.