Una poca de gracia
Por: Carlos Alberto Pérez Aguilar
Hay batallas silenciosas que se viven todos los días en una casa de asistencia para adultos mayores. Algunas no hacen ruido, no aparecen en estadísticas y muchas veces pasan desapercibidas. En estos días de calor extremo, una de ellas cabe perfectamente en un vaso de agua.
En la Casa del Adulto Mayor La Armonía hemos identificado algo que, aunque parece sencillo, representa un reto constante: lograr que nuestros adultos mayores se mantengan hidratados. Parece fácil decirlo, pero en la práctica implica insistir, acercarse, recordar, volver a insistir, incluso rogar, acompañar y volver a ofrecer agua una y otra vez, aun cuando la respuesta suele ser: “no quiero”, “al rato”, o simplemente un gesto de rechazo porque la bebida no va en una lata roja o azul.
Y es que el golpe de calor no avisa. A veces llega disfrazado de cansancio, de sueño, de debilidad o de una aparente fatiga normal. En una persona mayor, esos síntomas pueden confundirse fácilmente, mientras el cuerpo comienza a resentir seriamente la falta de líquidos y las altas temperaturas.
Como institución, también hacemos autocrítica. Reconocemos que debemos reforzar hábitos, insistir más y no normalizar ciertas situaciones. Sabemos que ofrecer agua no debe depender únicamente de horarios establecidos o de que alguien la solicite. Tiene que convertirse en una costumbre permanente, casi automática, en cada uno de quienes cuidamos y acompañamos a personas mayores, también en casa.
Porque la realidad es clara, ya que muchos adultos mayores no sienten sed como antes, otros simplemente no desean tomar agua, y algunos prefieren las bebidas azucaradas que resultan más atractivas al paladar. Curiosamente, la insistencia sería mucho menor si en lugar de agua ofreciéramos refrescos, cosa que no puede ser. Ahí también hay una reflexión importante sobre los hábitos que como sociedad hemos construido.
Pero más allá del calor, la verdadera lucha es contra la normalización. Contra pensar que “no pasa nada”, contra asumir que un adulto mayor “así es”, o contra dejar de insistir porque “ya dijo que no”. También luchamos contra una costumbre social que parece habernos alejado de algo tan humano como compartir un vaso de agua. Antes, el agua no se negaba. Hoy, incluso dentro de casa, a veces olvidamos ofrecerla.
Por eso, en La Armonía estamos reforzando medidas, revisando dinámicas y sensibilizando a nuestro equipo para mantener una vigilancia constante durante esta temporada. Creamos la campaña; “Que ofrecer un vaso de agua se nos haga costumbre”, No porque todo esté perfecto, sino precisamente porque nos importa y porque sabemos que siempre podemos hacerlo mejor.
Ojalá esta reflexión también llegue a los hogares. Si en casa tienen un adulto mayor, no esperen a que pida agua. Acérquensela. Recuérdenle. Insistan con cariño, algunas veces con rigor clínico. Porque a veces, algo tan sencillo puede prevenir una emergencia.
Hoy, en medio del bochornoso calor, les puedo decir que un vaso de agua sigue siendo un acto de cuidado, de atención y de amor, aunque nos cueste un poco más de trabajo ofrecerlo que no darlo.



















