COLIMA.- La salud pública en el estado de Colima enfrenta un desafío que no se registraba desde hace treinta años. En una entrevista exclusiva concedida por la doctora Martha Irazema Cárdenas Rojas, directora de Servicios de Salud del Gobierno del Estado, se confirmó que la entidad, al igual que el país, atraviesa un brote epidemiológico de sarampión que ya suma 39 casos confirmados en lo que va del año 2026.
Esta situación se enmarca en un contexto nacional preocupante, donde México registra un total de mil 302 contagios y una defunción, lo que ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias debido a la alta transmisibilidad del virus, la cual supera incluso la capacidad de contagio del COVID-19.
«El sarampión es una enfermedad contagiosa causada por un virus que se transmite de persona a persona por las gotículas de saliva. Es muy importante que las personas, cuando tienen esta sintomatología, se mantengan aisladas para evitar esta cadena de contagio; una sola persona es capaz de contagiar hasta a 18 personas más», dijo la especialista.
La distribución geográfica del virus en la entidad muestra una concentración importante en la zona urbana y municipios aledaños.
Según el reporte oficial, Colima encabeza la lista de municipios afectados, seguido por Tecomán, Coquimatlán, Villa de Álvarez, Comala y Cuauhtémoc.
La doctora Cárdenas Rojas explicó que el retorno de esta enfermedad, que se consideraba erradicada en la región, se debe principalmente a la disminución en las coberturas de vacunación, influenciada por movimientos que han vulnerado la inmunidad colectiva necesaria para mantener a raya el patógeno.
«Ya teníamos prácticamente treinta años sin casos de sarampión. Lamentablemente, el hecho de que las personas hayan dejado de vacunarse es uno de los factores principales que ocasionó la reentrada de esta enfermedad. Para que una estrategia sea efectiva, más del 95% de la población tendría que estar vacunada».
El perfil de los pacientes más vulnerables se centra en la niñez, específicamente en los menores de seis años. No obstante, la estrategia de vacunación actual es extensiva. El esquema para enfrentar el brote incluye una «dosis cero» para bebés de seis a once meses, la primera dosis a los doce meses y una segunda a los dieciocho meses.
Para los adultos, la funcionaria estatal aclaró que el objetivo son las personas menores de 49 años que no tengan certeza de su esquema vacunal, ya que los mayores de esa edad generalmente poseen inmunidad natural por haber estado expuestos al virus en décadas pasadas cuando la circulación era habitual.

«Empezó de una manera muy fuerte ya prácticamente hace cinco años. Es justamente el periodo en el que se crea esta bolsa de susceptibles; las personas dejaron de vacunarse y ahorita estamos enfrentando nuevamente problemas que ya teníamos hasta erradicados.»
Ante la detección de un caso, la Secretaría de Salud activa protocolos de contención inmediata denominados «bloqueos vacunales». Estas acciones consisten en el despliegue de brigadas que recorren un perímetro de 20 manzanas a la redonda del domicilio del paciente infectado para revisar cartillas y aplicar dosis faltantes.
Además, se han establecido macrocentros de vacunación en puntos estratégicos como el SNTE 39 en Colima, y los planteles CONALEP en Tecomán y Manzanillo, priorizando al personal docente por su contacto directo con la población infantil.
«Los síntomas principales para que se sospeche de un caso son fiebre y exantema, que son las ronchitas que inician en la cabeza y van hacia los pies. También aparecen manchas blancas dentro de la boca, conocidas como manchas de Koplik, que son patognomónicas: una vez que las vemos, no hay duda de que es sarampión.»
La funcionaria advirtió que minimizar la enfermedad es un error que puede costar la vida. Aunque los síntomas iniciales pueden parecer leves, incluyendo tos, conjuntivitis y escurrimiento nasal, las complicaciones pueden derivar en otitis, neumonía fatal o encefalitis.
Por ello, el llamado a la población es evitar la automedicación y acudir de inmediato a los centros de salud o unidades de medicina familiar ante la primera sospecha, portando siempre cubrebocas para mitigar el riesgo de dispersión de aerosoles.
«Sería lamentable que tengamos defunciones por enfermedades que pudimos haber prevenido con una vacuna. Estos biológicos son el trabajo de años de investigación científica, son seguros para la población y son completamente gratuitos.»
Finalmente, recordó que esta vigilancia epidemiológica coincide con la campaña invernal que concluye en marzo, donde también se están aplicando vacunas contra COVID-19, influenza y neumococo.
La prioridad institucional es cerrar las brechas de inmunidad para evitar que el sarampión recupere el terreno perdido y garantizar que la salud de los colimenses no se vea mermada por padecimientos que la ciencia ya había logrado vencer.
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