COLIMA.-En este 2026, el Festival del Tamal y el Atole celebra 15 años de historia, memoria y comunidad. Lo que hoy es una tradición esperada por cientos de familias colimenses nació de manera sencilla, impulsada únicamente por la voluntad y el entusiasmo ciudadano. Fue iniciativa de Abraham Fernández, Chuyita Eustaquio, Vicente y José Martínez, con el respaldo solidario de los hermanos Márquez, Ramón y Juan, quienes decidieron organizar el primer encuentro en el marco del Día de la Candelaria, en el jardín de San Francisco de Almoloyan.
Aquel primer festival fue modesto, pero lleno de corazón. Apenas ocho vendedores de tamales se acomodaron alrededor de la fuente, en tiempos en los que no existían las redes sociales y la promoción se hacía con una bocina prestada y mucha creatividad. Desde ahí, la voz de Gaby Eustaquio, hija de Chuyita, se convirtió en símbolo del arranque de esta fiesta popular, llamando con picardía y cercanía a quienes pasaban por el jardín para compartir tamales, atole y sonrisas.
Con los años, el festival fue creciendo. A los primeros días, 1 y 2 de febrero, se sumaron más productores, incluso de otras regiones del país y, en algunas ediciones, de naciones hermanas como Costa Rica, Guatemala y El Salvador. El evento comenzó a consolidarse gracias a la preferencia de la gente, al acompañamiento de los medios de comunicación y al apoyo institucional que, sin apropiarse del proyecto porque este sigue estando bajo la tutela ciudadana, facilitó la logística y la participación artística y cultural.

Sin embargo, el espíritu del Festival del Tamal y el Atole se ha mantenido intacto: es una iniciativa ciudadana que ha resistido el paso del tiempo, sostenida por la comunidad y para la comunidad. Un espacio donde la tradición se saborea, la cultura se comparte, la convivencia familiar se fortalece y la economía local se reactiva, todo en un solo lugar: el jardín de San Francisco de Almoloyan, en la ciudad de Colima.
Hoy, a 15 años de aquella primera edición, el festival sigue siendo un punto de encuentro para la paz, la identidad y el tejido social. Para quienes aún no lo conocen, la invitación está abierta a disfrutar en familia de tamales, atoles, entamalados, postres, antojitos, gorditas y el mercadito que acompañan esta celebración que nació del pueblo y sigue viva gracias a él.
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