APUNTES PARA EL FUTURO
Por: Essaú LOPVI
No habían pasado ni cuatro meses desde que asumieron el cargo cuando los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidieron estrenar camionetas nuevas, blindadas y de lujo.
Llegaron prometiendo un Poder Judicial distinto, austero, sin excesos, cercano al pueblo. Llegaron señalando a la Corte anterior como símbolo de privilegios. Pero bastaron unos cuantos días —y unas cuantas fotografías filtradas— para que el discurso se desmoronara. Gracias al ejercicio periodístico, fue que nos enteramos del primer escándalo de la nueva corte que desnudó su hipocresía.
Nueve Jeep Grand Cherokee blindadas, una para cada ministro. Vehículos con precios que van de 1 millón 69 mil a 1 millón 777 mil pesos, sin contar el costo del blindaje, ese detalle que convenientemente no fue transparentado. La explicación oficial llegó tarde y forzada, solo después de que las imágenes circularan en redes sociales. La Corte habló de seguridad, de dictámenes técnicos, de unidades “obsoletas”. El libreto clásico. El problema no es la seguridad: es la incongruencia, la hipocresía.
Porque estos mismos ministros llegaron criticando los excesos del pasado y jurando representar un nuevo paradigma. Pero su cercanía con la ciudadanía parece haberse medido en blindaje nivel cinco, en vidrios polarizados y puertas reforzadas. Ni austeros, ni distintos, ni más cercanos. Solo más rápidos en reproducir aquello que dijeron combatir. La máscara cayó pronto, quizá demasiado pronto.
El escándalo fue tan grande que terminó por salpicar a toda la llamada 4T y dejó mal parada incluso a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien pidió explicaciones públicas mientras desde Gobernación se intentaba apagar el incendio con el argumento de un supuesto “ahorro” por la venta de otros vehículos. Una justificación torpe, insuficiente y poco creíble frente a una sociedad cada vez más cansada de ver cómo el discurso se diluye en cuanto el poder se vuelve cómodo.
Al final, a la Corte no le quedó otro camino que dar marcha atrás. Retiraron las camionetas. Pero el daño ya está hecho. Porque el problema no era solo el vehículo, sino lo que simboliza: la facilidad con la que el poder se acomoda, se protege y se justifica a sí mismo.
Con apenas 100 días en el cargo, este “nuevo” Poder Judicial ya confirmó una vieja lección que no pierde vigencia. La escribió Lord Acton hace casi dos siglos y sigue siendo vigente en México: «el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente». La austeridad, cuando se vuelve solo consigna, también termina blindada… pero contra la credibilidad.





















