¿QUÉ VIENE?
Por: Sean Osmin HAMUD RUIZ
Otra vez la inseguridad.
Tema que, de tan recurrente, casi se está volviendo repetitivo en los motivos, hechos, reclamos o asombros. Día a día se sigue desmoronando la confianza y la esperanza en que esto mejorará.
Escucho los mensajes de las autoridades y genuinamente quiero asumir que son sinceros, que trabajan continua y arduamente en el tema.
Pero más tardan en dar una entrevista o hacer alguna declaración para compartir estadísticas alentadoras, cuando la realidad, con macabro sentido de oportunidad, golpea y desacredita esos números.
Cansados, descorazonados, sentimos hartazgo de índices alegres y silencios tan incómodos que producen pena ajena y cada vez más se sienten como una burla o la expresión de un cinismo insensible y despreocupado.
Echar culpas a el patrullaje, la mala aplicación que hacen de los recursos “los otros” o a Calderón, no alcanzaba, ahora menos.
Y eso de que “es entre ellos” revienta cuando hay una víctima bebé de pocos meses de nacida.
Cada vez con mayor frecuencia nos repetimos, a modo de consuelo paliativo, que ya no podemos estar peor. Lástima, hay que decirlo y asumirlo, sí podemos.
Lo que sigue es definir qué carajos vamos a hacer.
Platican cada semana de sus reuniones tempraneras de seguridad, incrementaron impuestos, cambiaron la constitución para tener un nuevo poder judicial. Herramientas, recursos y discurso no les falta.
Creo que donde estamos fallando es en la exigencia ciudadana. El miedo nos tiene paralizados. Desde las organizaciones sociales, empresariales, gremiales y de otro tipo, a mi parecer, no están cumpliendo con un objetivo elemental: alzar la voz. Pero tampoco a quienes no se agremian los veo clamando. Entendámonos, la charla de café o el post en redes sociales no impacta con contundencia, falta algo más, estamos tibios. Y, citando La Biblia, a los tibios se les VOMITA.
MICROCUENTO
Mucho rito, mucho método, seguramente siglos de tradición y, no sin pena, debo admitir que mi paladar no es tan sofisticado como lo consideraba. Esa infusión asiática, directamente traída del imperio del sol naciente, pues… me supo a musgo.


















