COLIMA.- El hecho de que el Volcán de Colima luzca tranquilo no significa que haya dejado de ser un riesgo. Por el contrario, continúa siendo el volcán con mayor actividad histórica de México y, aunque actualmente no presenta un proceso eruptivo, es vigilado las 24 horas del día mediante una de las redes de monitoreo más completas que ha tenido en toda su historia.
Así lo señaló Raúl Arámbula Mendoza, director del Centro Universitario de Estudios Vulcanológicos (CUEV) de la Universidad de Colima, quien aseguró que la población debe aprender a convivir con los riesgos naturales sin perder el respeto por ellos, pues tanto los volcanes como los sismos forman parte de la dinámica natural del planeta.
Durante una entrevista con AFmedios, el investigador explicó que uno de los errores más comunes entre la población es pensar que un volcán «se apagó» porque dejó de emitir explosiones visibles.
«Yo lo repito una y otra vez: el Volcán de Colima sigue siendo el volcán más activo de México. Ahorita lo vemos tranquilo, pero eso no significa que haya dejado de estar activo», afirmó.
El volcán más activo de México
Arámbula explicó que esta clasificación no depende únicamente de la actividad actual, sino del comportamiento histórico del volcán.
Recordó que desde la llegada de los españoles al territorio nacional se han documentado más de una veintena de periodos eruptivos, además de varias erupciones consideradas de gran magnitud.
Incluso comparó su comportamiento con el del Popocatépetl.
«El Popocatépetl actualmente está muy activo, pero históricamente no ha tenido tantos periodos eruptivos como el Volcán de Colima. Por eso seguimos considerándolo el volcán más activo del país», explicó.
Señaló que los tiempos geológicos son completamente distintos a los tiempos humanos.

Mientras para las personas siete años representan un largo periodo, para un volcán apenas constituyen un instante.
«La Tierra tiene aproximadamente cuatro mil 600 millones de años. Para un volcán, siete años son prácticamente un suspiro», comentó.
¿Está dormido?
El especialista explicó que la última actividad eruptiva importante ocurrió entre 2013 y 2019, periodo durante el cual se registraron explosiones frecuentes, crecimiento y destrucción de domos, emisión constante de ceniza y flujos piroclásticos.
Actualmente el cráter permanece abierto y ya no existe el domo de lava que caracterizó algunos años de intensa actividad.
Sin embargo, aclaró que la presencia o ausencia de un domo no determina si puede registrarse una gran erupción.
«Muchas personas creen que el domo provoca las grandes explosiones, pero no es así. Las erupciones importantes están alimentadas directamente desde la cámara magmática», explicó.
Comparó el proceso con una botella de refresco.
Cuando el ascenso del magma incrementa la presión dentro del volcán, cualquier domo puede ser expulsado con facilidad.
El volcán sí avisa

A diferencia de los sismos tectónicos, que actualmente no pueden predecirse, el comportamiento de un volcán sí ofrece señales previas cuando comienza a activarse.
Arámbula explicó que conforme el magma asciende hacia la superficie rompe las rocas y genera pequeños sismos que son detectados por la red instrumental instalada alrededor del edificio volcánico.
«El volcán sí nos avisa. Cuando el magma empieza a subir comienzan a registrarse sismos volcánicos y otros cambios que nuestros equipos detectan prácticamente en tiempo real», señaló.
Actualmente el volcán está rodeado por estaciones sísmicas, sensores de deformación, cámaras y otros instrumentos que permiten conocer cualquier modificación en su comportamiento.
Toda esa información es revisada diariamente por especialistas de la Universidad de Colima y compartida con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), así como con las unidades estatales de Protección Civil de Colima y Jalisco.
«En este momento el Volcán de Colima tiene el mejor monitoreo de toda su historia», destacó.
Los lahares: el riesgo de la temporada de lluvias

Aunque actualmente no existe actividad eruptiva importante, durante la temporada de lluvias permanece otro de los riesgos característicos del volcán: los lahares.
Estos flujos están formados por agua, lodo, arena, ceniza y enormes bloques de roca volcánica que descienden por las barrancas a gran velocidad.
Arámbula explicó que muchas personas creen que estos fenómenos solamente ocurren cuando el volcán está haciendo erupción, pero no es así.
Durante años de intensa actividad quedó acumulada una enorme cantidad de material sobre las laderas, mismo que continúa siendo removido por las lluvias.
«En la barranca Montegrande todavía existen millones de metros cúbicos de material volcánico que seguirá siendo erosionado durante varios años más», indicó.
Recordó que recientemente ya se registró un lahar importante, favorecido por las intensas precipitaciones propias de la temporada.
Senderistas, el grupo con mayor riesgo

Uno de los temas que más preocupa al investigador es el incremento de personas que realizan recorridos turísticos y senderismo en las barrancas del volcán durante la temporada de lluvias.
Explicó que un lahar puede formarse aunque en el sitio donde se encuentran los excursionistas no esté lloviendo.
«Puede estar completamente despejado donde tú estás y, al mismo tiempo, estar cayendo una tormenta intensa en la parte alta del volcán. Minutos después toda esa agua baja por las barrancas arrastrando enormes cantidades de material», explicó.
Por ello pidió evitar ingresar a cauces y barrancas durante la temporada de lluvias.
Advirtió que un lahar no solo transporta agua, sino enormes bloques de roca que pueden alcanzar dimensiones similares a un automóvil.
«Si un flujo de este tipo te alcanza, prácticamente no hay posibilidad de sobrevivir», advirtió.
Hay que aprender a vivir con los riesgos
Más allá del volcán, Arámbula insistió en que Colima es un estado expuesto a diversos fenómenos naturales y que la mejor estrategia consiste en fortalecer la cultura de la prevención.
Recordó una experiencia vivida en Japón, donde conversó con la propietaria de un hotel destruido por una erupción volcánica.
Cuando le preguntó por qué no abandonaba definitivamente esa región, la respuesta fue sencilla.
«Me dijo que si se mudaba encontraría otros riesgos, como tsunamis o terremotos. La enseñanza fue que debemos aprender a convivir con los riesgos y prepararnos para ellos», relató.
El investigador concluyó haciendo un llamado a no confiarse porque un volcán permanezca tranquilo.
Subrayó que el monitoreo científico continuará de manera permanente, ya que no existe forma de anticipar cuándo podría iniciar un nuevo periodo eruptivo.
«Yo respeto muchísimo a la naturaleza. Es hermosa, pero también debemos respetarla porque no sabemos cuándo puede volver a cambiar. Nuestra obligación es mantener funcionando los equipos de monitoreo las 24 horas del día y seguir preparados», afirmó.
Finalmente, exhortó a la población a atender las recomendaciones de Protección Civil, respetar las zonas restringidas alrededor del volcán y evitar conductas que pongan en riesgo tanto su vida como la de los cuerpos de rescate.
«Muchas veces, cuando una persona ingresa a un sitio peligroso, no solo arriesga su vida; también obliga a que otras personas tengan que exponerse para intentar rescatarla. La prevención siempre será la mejor herramienta», concluyó.
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