Mucho gusto
Por: Alberto LLANES
Cinco y media de la mañana
Desde las cinco, hora habitual que me levanto todos los días, tuve ganas de ir al baño a realizar una bella micción. Abrí los ojos, me estiré un poco, me incorporé y puse los pies sobre el suelo. Frío. Sin chanclas para no hacer ruido y despertar a mi mujer, salí de cuarto aún a oscuras, muy a oscuras. Y me dirigí al baño a…
…Al regresar a la cama, vi mi celular y las cosas estaban en calma «ahora lo sé, aparente». Colima amanecía tranquila. La familia en los grupos de WhatsApp aún no se manifestaba. Pensé en ir a la sala con mi ropa deportiva y ponerme a entrenar, como lo vengo haciendo desde hace ya algunos años. Pero también pensé en que era domingo y mejor quedarme un rato más en la cama; más tarde tenía una cita médica en el Seguro Social y el día aún era joven.
Me acuesto y cierro los ojos.
Siete de la mañana
Vuelvo a despertar, veo el reloj y analizo mis opciones; la cita es las ocho cuarenta y cinco del domingo 22 de febrero. Papá nos saluda mediante WhatsApp como lo hace todos los días, sabe que el domingo que nos toca visitarlo, le contesto el mensaje y, entonces, me levanto de la cama, el tiempo avanza rápido y me quiero meter a bañar.
Ocho de la mañana
Bañado y vestido, espero a que se llegue la hora para irme a la cita programada. El día anterior fuimos a un par de fiestas; mi mujer y mi hijo a un cumpleaños de una compañera del salón de mi pequeño, y yo a otro cumpleaños del sobrino de un gran amigo mío. Así que el asunto estuvo ajetreado. Voy entonces a la cocina y caliento agua para un café o un té. La gente en la casa sigue durmiendo. Carajo, es domingo, hay que dormir, descansar del ajetreo de todos los días.
Ocho y veinticuatro de la mañana
Salgo con rumbo a la clínica, voy a tiempo y seguro que no hay tráfico por el día y por la hora que es. Tomo el camino y en un tris llego al lugar, estaciono mi coche cerca y veo un puesto de vacunación, pero me sigo de filo a la entrada porque ya estoy vacunado.
Ocho cuarenta y cinco de la mañana
Estoy en el área de control de la clínica del Seguro Social; la enfermera me dice que en cuanto salga el paciente en turno entre yo. Me siento en un lugar que encuentro desocupado y veo el celular, todo tranquilo, la gente sigue dormida «pensé o apenas abriendo los ojos y desperezándose». Ese día había demasiada gente en el Seguro Social para ser domingo. Me llega un mensaje de un grupo, pero… en eso sale el paciente y casi al mismo tiempo dicen mi nombre. Apago el celular y entro a consulta.
Nueve de la mañana con cinco minutos
Salgo de la consulta; me pesaron «91 kilos», todavía tengo obesidad para mi estatura; me tomaron la presión: 120 sobre 80, «en control». Sin embargo, me mandaron hacer estudios de sangre, «ya hacen falta, dijo la doctora». Fui a sacar mi cita para estos estudios y… me la dieron para el 7 de julio, mi siguiente cita con el médico familiar es dentro de tres meses ¡wow!. El celular ha estado vibrando, pero no le he hecho caso, estaba en consulta. Pero en eso, recuerdo ese mensaje antes de entrar con la doctora y rápidamente lo reviso, y dice así: «Aviso importante a la población, se dice que no hay información oficial pero que hay un fuerte operativo en Tapalpa, nos/le piden a la población de allá mantener la calma, no esparcir rumores y que el presidente municipal emitirá, en breve, algo oficial» y es todo. Pienso que de Tapalpa a Colima nos separan uno 142 km., digamos que unas dos horas, así que estamos relativamente lejos… re la ti va mente.
Nueve y media de la mañana
Estoy en la gasolinera de San Fernando, necesito facturar y acá tienen ya mis datos y, obviamente, necesito cargar combustible; hay poca gente en la calle, claro, es domingo, es todavía temprano, pero siento que es un domingo inusual, con demasiada poca gente en las calles, en fin. Mientras me cargan combustible reviso mi celular. El operativo se ha hecho inmenso, noticias fluyen, noticias van, vienen, unos dicen algo, otros dicen otra cosa, Tapalpa y Puerto Vallarta parece que están en llamas, no hace mucho fui a Talpa y ahora veo que Tapalpa está en situación grave «con las ganas que tengo de ir a Tapalpa». Sin embargo, no se dice nada claro, sólo que hay un enfrentamiento entre dos bandos, los buenos y los malos. Ahí me di cuenta de que este domingo no sería como cualquiera. Se habla del “Mencho”, pero nada más.
Nueve cuarenta y siete de la mañana
Llego a la casa. Meto el coche a nuestra cochera. Los locales de siempre, los que están cerca del barrio, están abiertos, pero sigo sintiendo poca gente, muy poca. Me dispongo a lavar el vehículo al que ya le hace mucha falta. Mi hijo me saluda por la ventana y, al abrir la puerta de entrada, mi mujer, en pijama, lidia un poco con todas las gatas que tenemos que ya le maúllan porque tienen hambre. Me preparo con los instrumentos para lavar el coche.
Diez de la mañana
Con la música a todo lo que da y un playlist de música en inglés de la década de los años noventa, empiezo mi labor, no reviso el celular, no sé qué está pasando en el mundo, yo estoy en lo mío. Ya empieza el sol a calentarnos y no quiero que me gane y me agarre en pleno; entonces enjuago, enjabono, cepillo y vuelvo a enjuagar y seco, aspiro tapetes, le pongo su armor all al vinil y luego a las llantas y me queda más o menos bien; ya me ahorré mis buenos cien pesos del autolavado. Para esta hora de la mañana las redes están como está Tapalpa, completamente en llamas…
Casi once de la mañana
Mientras tomo un desayuno después de quedar sudado y cansado de lavar el coche, me doy cuenta de todo lo que está sucediendo en México, en Jalisco y los lugares aledaños a Jalisco. Abaten al “Mencho” dicen unos, enfrentamiento entre narcos y la guardia nacional, dicen otros, bloqueos en carreteras, dicen algunos más, carros incendiados, expresan otros, el caos se empieza a leer. En el grupo familiar dicen que mejor ni salgamos, que nos quedemos en casa, que el siguiente domingo nos vemos, mejor. Yo necesito llevarle sus tenis a mi papá, esos que he paseado toda la semana en la cajuela. Reviso noticias oficiales y todas coinciden, hay caos en las calles de Jalisco por la detención de este personaje; caos que se extendió a varios estados, por supuesto, Colima y sus municipios: Tecomán, Manzanillo, etcétera y algunos lugares de Michoacán. En eso, mi mujer se acuerda que su mamá anda en Quesería. Tenemos que ir por ella…
Once y media
Estamos en casa de mi papá, está mi hermano, sus hijos, el mío, mi mujer repito, todos los domingos nos reunimos en familia, asamos carne, bebemos algunas cervezas, reímos, vemos futbol americano «cuando hay temporada», jugamos juegos de mesa «cuando los llevamos», conviven los primos y ahora no hubo tiempo de esto. Entregué los tenis a papá, mi mujer, en el camino me dijo que las carreteras ya empezaban a estar cerradas, que el caos y la incertidumbre se habían apoderado de la población. Imposible ir a Quesería. Sin embargo, les dije a mis familiares que iríamos por la mamá de mi mujer, mi hermano me comentó que no había paso, justo le acababa de llegar el mensaje de que los caminos se encontraban bloqueados y que lo mejor era irse a sus casas. Resguardarse, hacerse de algunos víveres y no salir. Nos despedimos. Le di un trago rápido a un vaso de cerveza que tenían por ahí y fuimos de regreso a casa, los primos se vieron por breves minutos y se despidieron no sabiendo bien a bien por qué, si era domingo y era temprano, aún y acabábamos de llegar…
Doce y cuarto del mediodía
Recorrí Colima en el vehículo de regreso a casa buscando algo para comer. Las tiendas empezaban a cerrar, fui a un par de lugares y en el primero, el pollo se les había terminado, en el segundo de plano no sé si no abrieron o ya habían cerrado, algunos Oxxos y Kioskos estaban abiertos, otros de plano cerrados, se dijo que había coches incendiados, locales también, una tortillería, y así. Llegamos a casa y nos metimos «encerrados a cal y canto», esperando noticias del gobierno, de las autoridades, de nuestros trabajos para saber qué hacer con todo esto, en tanto, la serie pendiente en Netflix fue la salvación y, preparar, aunque sea frijoles para comer…
En el resto de día
En el resto del día entendí o traté de entender la magnitud de todo esto. Del poder que tienen estas personas, de la capacidad y control para bloquear caminos, aterrorizar a la población «y todo en minutos». Pensé en la pobre gente que es guardia nacional y lidian con esto todos los días y/o que cayeron abatidos este fin de semana. Charlé con mi hijo sobre esto. No pude comprar mi agua mineral; el Oxxo al que llegué estaba cerrado. Gobierno comunicó, la Universidad de Colima comunicó, se suspenden clases y actividades para el lunes. Comimos lo que había en casa. No salimos. Nos quedamos guardados, con el auto limpio, con gas y con pocos víveres, si se acaban, hay que salir por más, ni modo. Me sentí en aquellos días de pandemia, con las calles solitarias; algunas personas «esto lo vi en redes sociales» que fotografiaban el centro de Colima y todo parecía desértico, cerrado, las parroquias igual, la gente en sus casas con miedo en sus ojos, en su mirada, con incertidumbre…
Al otro día
Las cosas siguieron más o menos igual. Salí a correr por las calles desérticas, con miedo, sí, pero iba grabando por si las dudas, necesitaba comprar algo para llevar a casa; los locales, si estaban abiertos, tenían sus cortinas a la mitad, las tiendas de la esquina, las pocas que había abiertas además estar llenas de gente, terminaron pronto de vender bolillo, tortillas, pan; yo por fortuna alcancé una tira de bolillo y un par de panqués caseros que sé le gustan mucho a mi mujer.
Con eso podríamos armar un desayuno y seguir esperando o, ponerme a escribir esta pequeña historia… y seguir esperando.


















