COLIMA.- La pérdida de fuerza para levantarse de una silla, cargar una bolsa del mandado o subir escaleras puede parecer una consecuencia inevitable del paso de los años; sin embargo, también puede ser una señal de sarcopenia, un padecimiento caracterizado por la disminución progresiva de la masa y fuerza muscular que puede terminar afectando la independencia de las personas.
Santiago Arceo Díaz, doctor en Ciencias con especialidad en Astrofísica, explicó en entrevista con AFmedios que actualmente participa en un proyecto multidisciplinario del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Colima enfocado en utilizar inteligencia artificial para identificar de manera temprana el riesgo de sarcopenia, particularmente entre adultos mayores.
Aunque durante mucho tiempo la sarcopenia estuvo asociada principalmente con el envejecimiento, el investigador señaló que actualmente existen factores que pueden acelerar su aparición, entre ellos el sedentarismo, una alimentación deficiente en proteínas y la presencia de otros padecimientos. La literatura científica, indicó, ya reporta manifestaciones relacionadas con este problema en personas desde alrededor de los 45 años.
No basta con observar el peso
Uno de los aspectos que pueden dificultar su detección es que una persona no necesariamente tiene que verse delgada para presentar pérdida muscular.
Arceo Díaz explicó que una persona puede mantener un peso considerado normal y, sin embargo, tener una proporción reducida de músculo y una mayor cantidad de grasa o agua. Incluso existe la denominada obesidad sarcopénica, en la que coinciden la disminución de masa muscular y la obesidad, haciendo menos evidente el deterioro físico.
La pérdida involuntaria de peso y el adelgazamiento de brazos, muslos o pantorrillas pueden ser señales iniciales, pero conforme avanza el padecimiento comienzan a presentarse limitaciones más evidentes.
Acciones aparentemente sencillas pueden servir como alerta: necesitar las manos para levantarse de una silla, tener dificultades para cargar objetos de cinco kilogramos o más, requerir apoyo para subir escaleras, presentar problemas para caminar dentro de una habitación o sufrir caídas relacionadas con pérdida del equilibrio.
Arceo Díaz destacó que cinco preguntas relacionadas con estas capacidades forman parte de un cuestionario utilizado para identificar riesgo:
1.- Dificultad para levantar objetos
2.- Subir y bajar escaleras
3.- Levantarse de una silla
4.- Caminar
5.- Presencia reciente de caídas
Inteligencia artificial para buscar señales
El proyecto en el que participa tiene una particularidad: emplea herramientas computacionales utilizadas en otros campos científicos para analizar grandes cantidades de información relacionada con la salud.
Los investigadores trabajan con bases de datos de encuestas nacionales que contienen información de miles de personas. A partir de variables relacionadas con actividad física, dificultades de movilidad, alimentación, condiciones de salud y necesidad de asistencia, desarrollan algoritmos capaces de reconocer patrones y clasificar niveles de riesgo.
La intención es encontrar un conjunto mínimo de mediciones y pruebas sencillas que pueda utilizarse para detectar posibles casos sin depender inicialmente de estudios especializados de mayor costo o menor disponibilidad.
Una de las mediciones que se analiza es la circunferencia de la pantorrilla; sin embargo, Arceo Díaz advirtió que los parámetros deben adaptarse a las características de la población mexicana, pues buena parte de los estándares disponibles provienen de estudios realizados con poblaciones europeas o asiáticas, cuyas características físicas, alimentación y estilos de vida pueden ser diferentes.
De la astrofísica a la salud
La participación de un astrofísico en una investigación médica podría parecer inusual, pero precisamente ahí radica una parte del proyecto.
Arceo Díaz explicó que en astrofísica se utilizan algoritmos para encontrar patrones dentro de enormes tablas de datos. La pregunta planteada por el grupo fue si esas mismas herramientas podrían analizar medidas corporales y otras variables para generar señales asociadas con la detección temprana de una enfermedad.
Las primeras pruebas mostraron que determinadas combinaciones de medidas podrían aproximarse a estimaciones de masa muscular reportadas por otros investigadores. El trabajo combina así la experiencia en algoritmos y análisis numérico con el conocimiento clínico de especialistas de otras áreas.
El objetivo: una herramienta que pueda llegar a las clínicas
La meta a corto plazo es continuar analizando información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición para desarrollar modelos con datos representativos del país y posteriormente contrastar sus resultados con valoraciones realizadas por especialistas.
Si los modelos muestran suficiente utilidad, una etapa posterior sería llevarlos a un dispositivo móvil, donde personal de una clínica pudiera ingresar los resultados de algunas mediciones y obtener una señal que ayude a determinar qué pacientes requieren una valoración especializada.
Arceo Díaz enfatizó que la intención no es sustituir el diagnóstico médico, sino desarrollar una herramienta de apoyo que facilite el primer filtro y permita canalizar oportunamente a quienes presenten mayor riesgo.
No asumir que “es por la edad”
El investigador también llamó a observar cambios en la movilidad y fuerza de los adultos mayores y evitar considerar automáticamente estas dificultades como algo normal por la edad.
Problemas para mantener el equilibrio, levantar las piernas, cargar objetos o incorporarse de una silla ameritan atención. Incluso situaciones aparentemente alejadas del problema muscular, como dificultades dentales que llevan a una persona a comer menos, pueden afectar la cantidad de nutrientes que recibe el organismo.
La alimentación, actividad física, sueño y comunicación familiar forman parte de los aspectos que deben vigilarse. El investigador destacó además que muchos instrumentos de valoración dependen de que la propia persona reconozca y comunique sus dificultades; si un adulto mayor evita hablar de ellas para no sentirse una carga, el deterioro podría pasar inadvertido.
El proyecto muestra también cómo las fronteras entre disciplinas científicas son cada vez menos rígidas: algoritmos empleados para estudiar fenómenos astronómicos pueden convertirse en herramientas para analizar información médica y buscar soluciones a un problema relacionado directamente con la calidad de vida y la autonomía de una población que envejece.
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