COLIMA.- Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos y otras que continúan unos minutos más entre risas, comentarios y conversaciones de quienes abandonan la sala. Este miércoles, en Zentralia, ocurrió lo segundo. Silverio Palacios volvió a encontrarse con el público de su tierra, esta vez desde una butaca y frente a la pantalla donde se proyectaba “Loco México Mágico”.
El actor colimense había hecho previamente una invitación sencilla y directa: acudir al cine a ver su más reciente película. Y cumplió también con estar ahí, cercano a la gente, compartiendo una función que por momentos convirtió la sala en algo parecido a una reunión entre amigos.
Porque “Loco México Mágico” hace reír, pero detrás de la carcajada también deja espacio para pensar.
La cinta juega con situaciones y personajes que, llevados al terreno de la sátira, podrían parecer exagerados, absurdos o, como anticipa el título, “locos”. Sin embargo, conforme avanza la historia surge inevitablemente una sensación entre el público: aquello que parece irreal no necesariamente está tan lejos de la realidad.
Los personajes retratados pueden encontrarse, con diferentes nombres y circunstancias, prácticamente en cualquier sociedad.
Ahí está precisamente parte del sello que Silverio Palacios ha construido durante su trayectoria: hacer de la comedia algo más que un recurso para provocar risas. Sus personajes tienen humor, gestos, silencios y ocurrencias, pero también suelen dejar detrás una mirada crítica sobre aquello que ocurre alrededor.
En “Loco México Mágico”, su actuación mantiene esa naturalidad. Palacios no necesita exagerar para hacerse presente en pantalla. La interpretación fluye y acompaña una historia que agrega ahora el calificativo de “loco” a ese México que tantas veces ha sido descrito como mágico.
Y quizás ahí está una de las ironías más disfrutables de la película: lo que parece una locura cinematográfica puede resultar incómodamente reconocible en la vida cotidiana.
Las risas también forman parte de la película

Ver una comedia en casa y verla en una sala llena son experiencias distintas.
En Zentralia, parte del espectáculo estuvo también entre las butacas. Una carcajada provocaba otra; alguien soltaba un comentario espontáneo y quienes estaban alrededor volvían a reír. Las reacciones del público terminaban por aderezar escenas que, vistas en silencio, seguramente tendrían otro efecto.
Es esa magia que todavía conserva ver cine en el cine.
La pantalla cuenta una historia, pero la sala construye otra: la de personas desconocidas que durante un par de horas terminan compartiendo emociones, sorprendidas por las mismas escenas y riéndose de situaciones que quizá resultan familiares precisamente porque tienen algo de verdad.
Y entre ese público estuvo Silverio Palacios, acompañado de su familia, de su mamá —orgullosa de lo que su hijo ha logrado— y de sus amigos, quienes disfrutan verlo hacer lo que mejor sabe desde la pantalla.
Sin poses ni distancias, el actor se mostró con la sencillez que lo ha caracterizado, pese a una trayectoria notable dentro del cine mexicano y del teatro, disciplina por la que mantiene una especial pasión.
Para Colima existe, además, un ingrediente particular. Antes que el personaje de la pantalla está Silverio, el colimense que salió de su tierra para construir una carrera artística y que, pese al reconocimiento alcanzado, mantiene los pies en el suelo y la cercanía con su gente.

Su presencia en Zentralia tuvo justamente ese tono: regresar, encontrarse con el público y disfrutar junto a él un trabajo del que forma parte.
Al final, “Loco México Mágico” cumple primero con la misión fundamental de una comedia: se disfruta y hace reír. Pero entre una carcajada y otra también deja preguntas.
Porque quizá México es mágico. Quizá también tiene algo de loco, pero, sobre todo, es un país rico: rico en su tierra y en su gente. Y eso es algo que Silverio quiere transmitir. Lo dice quedito, pero fuerte; no para que la gente le crea a él, sino para que México se lo crea a sí mismo.
Pero esa es otra historia. Una que contaremos mañana, en la entrevista que Silverio Palacios concedió a AFmedios.
Por ahora queda lo divertido —y quizá también lo inquietante— descubrir que muchas de las situaciones que en la pantalla parecen producto de la imaginación no son tan irreales como quisiéramos pensar.
Y queda también la invitación de Silverio: ir al cine, disfrutarlo en una sala y apoyar las películas y los proyectos hechos en México.
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