VILLA DE ÁLVAREZ.- La tarde de este sábado 7 de marzo, el anfiteatro del Parque Ecológico La Campana, en Villa de Álvarez, Colima, se convirtió en un punto de encuentro para quienes sienten curiosidad por el cielo. Entre telescopios, binoculares y miradas expectantes, un grupo de personas se reunió con un objetivo sencillo y fascinante: aprender a observar el universo.
La actividad contó con la guía del ingeniero físico y aficionado a la astronomía José Luis Flores, quien promueve la observación astronómica en el estado y trabaja en la conformación de la Sociedad Astronómica de Colima. Con paciencia y entusiasmo, compartió conocimientos y ayudó a los asistentes a descubrir lo que el cielo nocturno tenía preparado.
Entre los participantes había mamás que llevaron a sus pequeños con la intención de que aprendieran, aunque muchas de ellas terminaron siendo las más emocionadas con cada hallazgo. Algunos asistentes llevaron sus propios telescopios, otros observaron a simple vista o con binoculares, y también hubo quienes se acercaron movidos por la curiosidad, comentando que tienen equipo en casa pero aún no saben utilizarlo, por lo que manifestaron su interés en regresar cuando se realice una próxima práctica.
Durante la tarde y la noche se logró observar con telescopios el Sol y posteriormente los planetas Venus, Saturno y Júpiter, además del cúmulo estelar de las Pléyades. A simple vista también se identificaron varias constelaciones, mientras el cielo dejaba ver el paso de 22 satélites artificiales.
Uno de los momentos más esperados fue el avistamiento de la Estación Espacial Internacional (ISS), visible entre las 8:17 y las 8:24 de la noche. En el cielo apareció como un punto brillante que avanzaba lentamente, comenzando a verse desde el suroeste, rumbo a Coquimatlán, y desplazándose hacia el noreste, en dirección a El Trapiche. Tras cruzar cerca del cenit, justo arriba de los observadores y próximo a Júpiter, dejó de ser visible al dejar de reflejar los rayos del Sol.
La velada terminó con sonrisas, preguntas y la promesa de volver a reunirse bajo el cielo colimense, porque cuando alguien mira por primera vez a través de un telescopio, el universo deja de sentirse lejano y se vuelve una invitación permanente a seguir explorando.
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