UNA POCA DE GRACIA
Por: Carlos Alberto PÉREZ AGUILAR
Estamos cada vez más cerca de la fiesta mundialista y, mientras las ciudades sede —CDMX, Guadalajara y Monterrey— ya están calentando motores para recibir a millones de turistas, también hay otros estados, como Michoacán y Guanajuato, que no se quieren quedar atrás y desean hacerse de una parte de la demanda turística internacional que nos visitará a mediados de este año, anunciando alternativas turísticas y aprovechando el viaje que harán muchos visitantes desde otros países.
No es el caso de Colima. Aquí no he escuchado alguna idea o intención mundialista ni, por lo menos, algo que nos entusiasme a quienes nos gusta mucho ser de aquí. Tal vez lo que se espera, desde el Gobierno del Estado o los ayuntamientos, es que el Gobierno Federal ponga en marcha el proyecto de “Mundial Social”, anticipado ya por la presidenta Claudia Sheinbaum, en el que quizás, si bien nos va, nos toque recibir una nueva cancha en algún barrio popular.
Pienso en algunos ejemplos de lo que pudiéramos hacer:
Que La Petatera se quede hasta después del Mundial y, ¿por qué no?, promover una cartelera mundialista también de tauromaquia. Seguramente habrá más de algún español, colombiano, uruguayo o coreano que quiera ver una corrida formal en la artesanía más grande del mundo. Si no se quisiera cambiar de deporte, por lo menos quizá ver algún partido oficial en una megapantalla en el ruedo más grande del mundo resultaría atractivo para los villanos de corazón, acompañado de una cabalgata mundialista.
En Colima capital, que nos ha quedado debiendo el Festival Internacional del Volcán, hacerlo en esos días estaría de locos. ¡Imagínense! Tener una gran cartelera artística internacional, con una amplia oferta gastronómica, artesanal y cultural en el centro de Colima. Eso atraería a personas que quieran pasarla bien y no quieran estar en las aglomeraciones que se vivirán en Guadalajara. Propongo a Carín León, Marco Antonio Solís, Andrés Calamaro, Hombres G y Pandora para el elenco artístico.
Además, recordemos que la finalidad del FIV era buscar hermanamientos con ciudades con volcanes. Aprovechando el contexto, podríamos tener un hermanamiento con Tenerife o Valencia, en España. Traer algunos espectáculos y gastronomía internacional, bien difundidos, seguro atraerá a miles de personas a Colima.
Tecomán y Armería: ya estaríamos proyectando un torneo internacional de surf en El Paraíso y Boca de Pascuales, con todo el ambiente costeño, Alan Cleland como embajador y áreas de acampado bien delimitadas, música y mucho ambiente playero para el turismo que andará cerca; sólo falta invitarlo.
Manzanillo, en tanto, debería apostarle todo a Corea del Sur. Casi, casi, aunque seamos rivales del grupo mundialista, debemos comunicarnos con nuestros hermanos coreanos que, en términos económicos, son nuestro tercer socio comercial más importante, a través del puerto. Haría el festival “Corea en Manzanillo”; traería camiones en vía directa desde La Minerva hasta el Pez Vela, para que conozcan el puerto, la ciudad y la comunidad coreana que está creciendo porque, al final, aunque estemos en continentes distintos, compartimos la misma frontera: el océano Pacífico.
Son sólo ideas. Sé bien que se pueden estar riendo de estas propuestas que he mencionado. Tal vez me consideren iluso por pensar que esto puede pasar.
No me decepciona ni me avergüenza imaginar lo que Colima podría ser; me preocupa que quienes hoy toman decisiones no estén imaginando nada. Que una oportunidad histórica se diluya por comodidad, por miedo o por falta de visión. Que la creatividad se archive en un cajón burocrático y que la política turística se reduzca a colocar pantallas en los jardines públicos, como si eso bastara para llamarnos parte de una fiesta mundial.
El Mundial no es sólo futbol: es narrativa, es identidad, es economía, es proyección. Otros estados ya lo entendieron. Aquí, en cambio, seguimos esperando a que alguien más decida por nosotros. Y cuando el último silbatazo suene y los turistas regresen a casa, quizá entonces nos preguntemos por qué Colima volvió a quedarse fuera. No por falta de atractivos, sino por falta de decisión.



















