COLIMA.- La observación del cielo nocturno es una actividad accesible para cualquier persona y no necesariamente requiere telescopios sofisticados. Así lo afirmó en entrevista con AFmedios el doctor Santiago Arceo Díaz, doctor en Ciencias con especialidad en Astrofísica, quien explicó que el primer paso para iniciarse en la astronomía es simplemente dedicar tiempo a mirar el firmamento.
La conversación surgió tras una actividad realizada en el anfiteatro del Parque Ecológico La Campana, donde decenas de personas se reunieron para aprender a observar el cielo nocturno. Entre telescopios, binoculares y cámaras fotográficas, asistentes de distintas edades participaron en una práctica guiada por aficionados y especialistas.
Durante la jornada fue posible observar varios objetos celestes, entre ellos los planetas Júpiter y Saturno, además de la nebulosa de Orión y el paso de satélites artificiales. También se registró el tránsito de la estación espacial, fenómeno que despertó curiosidad entre los asistentes.
La nebulosa de Orión, una gigantesca nube de gas donde nacen nuevas estrellas, fue uno de los objetos que más llamó la atención.
Dentro de esta constelación se encuentran estrellas notables como Betelgeuse y Rigel, que ofrecen un contraste espectacular en el cielo nocturno debido a sus características físicas.

“Betelgeuse es una estrella tan grande que si la pusiéramos en el centro del sistema solar su superficie llegaría hasta la órbita de Júpiter. Es una estrella enorme, muy vieja, que ya entró en una fase evolutiva a la que el Sol todavía no llega”, explicó el especialista.
Uno de los mensajes centrales de la actividad fue que no es necesario contar con equipo especializado para iniciarse en la observación astronómica. De hecho, durante siglos la humanidad estudió el cielo únicamente con la vista.

“Recordando la forma tradicional de ver el cielo es con nuestros ojos desnudos. Es sorprendente pensar que incluso en la época antigua antes de Cristo se realizaron observaciones bastante detalladas de los fenómenos celestes usando simplemente la vista”, comentó Arceo Díaz.
Sin embargo, el especialista advirtió que uno de los principales obstáculos actuales para observar el cielo es la contaminación lumínica. Las luces artificiales de las ciudades reducen la cantidad de estrellas visibles y dificultan la observación de objetos débiles como la Vía Láctea o algunas nebulosas.

En condiciones ideales, el ojo humano puede percibir estrellas de hasta magnitud seis, una escala que mide el brillo aparente de los astros. En zonas urbanas muy iluminadas, ese límite puede reducirse a magnitud tres o incluso menos, lo que significa que gran parte del cielo queda oculto.
La adaptación de la vista también es un factor clave. Cuando una persona se encuentra en un lugar oscuro, sus ojos requieren entre 20 y 30 minutos para ajustarse completamente a la falta de luz, lo que permite distinguir con mayor claridad los objetos celestes.
“Si planean salir a observar algo, hay que esperar unos veinte o treinta minutos con las luces apagadas y tratar de no encenderlas. Ni el flash, ni la lámpara del celular, ni la bombilla del cuarto, para que la vista realmente se adapte a la oscuridad”, explicó.
El especialista también destacó la importancia de la observación colectiva. Desde tiempos antiguos, la astronomía ha sido una actividad que se realiza en comunidad, donde las personas comparten conocimientos y experiencias.
Además del valor cultural y educativo, el estudio del cielo ha impulsado numerosos avances científicos y tecnológicos. Muchas herramientas cotidianas, como las cámaras digitales o ciertos sistemas de telecomunicaciones, tienen su origen en desarrollos vinculados a la investigación astronómica.
La curiosidad, señaló el astrofísico, suele ser el punto de partida. En su caso, el interés por el cielo comenzó durante un viaje en autobús cuando era niño, al observar por primera vez un firmamento completamente oscuro lejos de las luces de la ciudad.
Ese momento de descubrimiento, explicó, suele generar preguntas que pueden conducir al interés por la ciencia y el conocimiento del universo.

“Muchas de las respuestas a las preguntas que nos hacemos todos los días ya están ahí, en la naturaleza. El trabajo de la ciencia es investigar para obtener esas respuestas a partir de la observación cuidadosa del mundo que nos rodea”, concluyó.
Para los especialistas, actividades como las realizadas en Colima buscan precisamente despertar esa curiosidad en la población y fomentar el interés por la ciencia, recordando que el cielo nocturno sigue siendo uno de los espectáculos naturales más accesibles y fascinantes para cualquier persona dispuesta a mirar hacia arriba.
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