Los hombres X

APUNTES PARA EL FUTURO
Por: Essaú LOPVI

Los hombres de la Generación X no lo decimos pero pensamos así, simples y sin rodeos.

No es que seamos complicados… es que en realidad no lo somos tanto. A veces pareciera que el mundo espera que demos más explicaciones de las que sentimos necesarias. Pero la verdad es más simple: si algo funciona, nos quedamos ahí. Si algo se rompe, lo intentamos arreglar. Y si no se puede, lo cambiamos… pero solo entonces.

No vivimos buscando opciones todo el tiempo. No estamos comparando, evaluando, dudando cada paso. No porque no podamos, sino porque no lo necesitamos. Nos basta con que las cosas sirvan. Que cumplan. Que no fallen.

Así somos con un reloj, con unos zapatos… y muchas veces, también con la vida.

No compramos para impresionar, compramos para usar. No elegimos pensando en la foto, sino en la duración. Nos importa más que aguante a que combine. Y eso, aunque parezca menor, dice mucho de cómo vemos el mundo: práctico, directo, sin tanto rodeo.

Nos enseñaron —o mejor dicho aprendimos solos— que hay que resolver. Que si algo está mal, se arregla. Que si alguien necesita ayuda, se da. Que no hay tanto espacio para quedarse pensando eternamente en lo que pudo ser. Nosotros avanzamos. A nuestra forma, a nuestro ritmo.

Y sí, muchas veces eso se malinterpreta.

Dicen que no hablamos, pero es que no todo necesita palabras. Dicen que no cambiamos, pero es que no vemos sentido en cambiar solo por cambiar. Dicen que somos básicos… y quizá sí, pero en lo básico también hay claridad.

No le damos tantas vueltas a las cosas porque creemos que no todo es un laberinto. A veces una decisión es solo eso: una decisión. Sin capas ocultas, sin dobles intenciones.

Aunque también hay algo que no decimos casi nunca: no siempre es tan fácil como parece.

Porque detrás de esa practicidad también hay silencios. Hay cosas que no sabemos cómo explicar. Hay momentos en los que preferimos arreglar lo de afuera antes que enfrentarnos a lo de adentro. Y ahí, aunque no lo digamos, también nos perdemos.

Somos simples, sí. Pero no vacíos. Somos prácticos, pero no insensibles.

Nos gusta resolver, pero también —aunque cueste admitirlo— necesitamos que alguien, de vez en cuando, nos entienda sin que tengamos que explicarlo todo. No lo decimos… pero así somos.