COLIMA.- En los últimos meses se han registrado sismos de magnitud siete en distintas partes de Latinoamérica y en otras regiones del mundo ubicadas dentro del Cinturón de Fuego. En los medios de comunicación y en redes sociales, se habla de que la zona “ha despertado” y que los sismos continuarán ocurriendo con la misma fuerza o tal vez mayor. Pero ¿qué tan cierto es esto, especialmente para la ciencia?
Para el sismólogo Raúl Arámbula Mendoza, director del Centro Universitario de Estudios Vulcanológicos (CUEV) de la Universidad de Colima, hay un fenómeno presente y que no necesariamente está relacionado con el movimiento de la Tierra o con el Cinturón de Fuego, sino con el ser humano y la tecnología.
En promedio, comentó, al año se registran en el mundo entre 14 y 16 sismos de magnitud 7. “Digamos que estamos en el promedio de sismos en un año. Se estima que quienes vivimos en Colima, por ejemplo, vamos a experimentar entre seis o siete sismos de gran magnitud a lo largo de la vida”.
Gracias al sistema de monitoreo del que dispone la UdeC, explicó, pueden observar sismos de gran magnitud que se dan en otras partes del mundo y que no se sienten en México. Por ejemplo, comentó que en las Islas Aleutianas, ubicadas en Alaska, se han registrado sismos de magnitud 7 “que liberan muchísima energía, pero como no hay población, como no existen construcciones, no nos damos cuenta, y entonces no es noticia”.
“El factor riesgo -completó- ocurre en zonas donde la población se ha incrementado. A mayor población, mayor construcción y mayor riesgo. Claro que hay periodos en los que ocurre un mayor número de sismos y eso genera un poco más de expectación. A esto habría que agregar las redes sociales, que nos permiten ver y dar seguimiento a las zonas donde hubo derrumbes y muertes”.
El Cinturón de Fuego lleva millones de años haciendo lo mismo
El Cinturón de Fuego, recordó el científico, es una extensa zona que rodea gran parte del océano Pacífico. Países como México, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Canadá, Rusia, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda, concentran en esa zona la mayor actividad sísmica y volcánica del planeta.
“Se le llama Cinturón de Fuego porque tiene una gran cantidad de volcanes activos y se encuentra en los límites de las placas tectónicas, por eso tenemos sismicidad. Podemos ver sismos de pequeña o gran magnitud. Así que todo el tiempo está activo, no es que un día dejó de estar activo y años después se reactivó”, explicó.
El Cinturón de Fuego, dijo, “lleva millones de años haciendo exactamente lo mismo, todo el tiempo hay sismos y erupciones volcánicas. Toda la zona en la que vivimos es una región que siempre va a tener sismos. El Servicio Sismológico tiene más de 100 años registrando sismos. En Colima hay registros de estos movimientos desde que se fundó, hace 500 años”.
A quienes integran el CUEV -continúo- les toca monitorear al Volcán de Colima, que se encuentra en esta región. “Por eso la Universidad de Colima ha invertido en equipo y recursos humanos para vigilarlo, porque es un riesgo para la población”.
Dejará de temblar cuando el planeta se enfríe
Una de las preguntas más recurrentes que la gente hace en redes sociales en los últimos días, ha sido si dejará de temblar o si México tendrá un evento de gran magnitud. “La respuesta es sí, sí va a seguir temblando, todos los días tiembla, pero hasta hoy no podemos predecir cuándo, de qué magnitud y mucho menos la hora y el lugar donde va a suceder”, insistió el investigador.
Hay regiones del país -dijo- con periodos prolongados sin sismos de gran magnitud, pero eso no permite determinar cuándo ocurrirá el siguiente evento; “también, es importante decir que los sismos pequeños no evitan que ocurran grandes sismos”.
Los sismos, explicó, son producto de lo que sucede al interior del planeta. “El calor del interior de la Tierra hace que las placas tectónicas se muevan y eso va a seguir pasando. Dejará de temblar cuando el interior del planeta se enfríe y para que eso suceda faltan millones de años”.
Los desastres no son naturales, son construidos socialmente
Para el investigador es importante dejar de cuestionar si seguirá temblando y qué tan grandes serán esos sismos. “Debemos darle mayor importancia a la prevención, que tanto autoridades como en casa se generen estrategias de prevención. No solo debemos revisar los puntos de seguridad, quién cerrará el gas, si se tiene una mochila de emergencia o si se harán simulacros en casa y el trabajo. Las autoridades también deben supervisar las zonas de construcción”.
Finalmente aclaró: “Los sismos por sí solos no generan daño, lo que mata a las personas, en muchos casos, son las estructuras mal hechas. Si no ponemos atención en los edificios que construimos, ocurrirán los desastres. Por eso decimos que los desastres no son naturales, sino construidos socialmente por la falta de medidas preventivas, de buena infraestructura, y por la falta de educación en estos temas en la mayoría de la población”.


















