COLIMA.- El cerro de colores que recientemente quedó al descubierto durante las obras de ampliación de la autopista Colima-Manzanillo, en la zona conocida como La Salada, no es un fenómeno reciente, sino el resultado de procesos geológicos ocurridos hace aproximadamente 100 millones de años, explicó Nicholas Robert Varley Middle, doctor en Geofísica y profesor investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima.

Durante una entrevista para AFmedios, el especialista señaló que estas capas sedimentarias ya eran conocidas por la comunidad científica y que él mismo las ha utilizado desde hace más de dos décadas como parte de las prácticas de campo con estudiantes de Geología.

«Yo ya conocía esa formación desde hace más de 20 años. Antes era visible en un corte más pequeño de la carretera, pero con la ampliación de la autopista quedó expuesta una sección mucho mayor y con colores mucho más intensos», explicó.

Varley detalló que las capas se formaron cuando esa región permanecía bajo el mar, donde sedimentos se fueron depositando de manera horizontal durante millones de años. Posteriormente, el movimiento de las placas tectónicas inclinó esos estratos hasta dejarlos en la posición casi vertical que hoy puede observarse.

El investigador explicó que los cambios de color responden a variaciones climáticas registradas durante largos periodos geológicos, conocidas como ciclos de Milankovitch, relacionados con modificaciones en la órbita e inclinación de la Tierra.

«Los colores reflejan cambios en el clima de aquella época. Cuando existían condiciones más húmedas llegaban sedimentos distintos a los de periodos más secos. El tono morado, por ejemplo, proviene de óxidos de hierro, mientras que las capas más claras contienen una mayor proporción de carbonato de calcio», explicó.

Similitudes con la montaña de los siete colores

El especialista reconoció que el cerro colimense comparte características con sitios famosos como la Montaña de los Siete Colores en Perú y formaciones similares en China y Estados Unidos, aunque aclaró que la principal diferencia radica en la cantidad de minerales presentes y, por lo tanto, en la variedad de tonalidades.

«En Colima predominan dos colores principales, mientras que en Perú y China existen más minerales que generan una gama mucho más amplia. Sin embargo, el origen geológico es similar: cambios climáticos registrados en capas sedimentarias a lo largo de millones de años», explicó.

Varley advirtió que la intensidad de los colores disminuirá conforme la roca quede expuesta al ambiente.

«Actualmente los colores son muy vivos porque el corte es reciente. Con el paso del tiempo ocurrirán procesos de oxidación e intemperismo que irán atenuando esas tonalidades, aunque será un proceso gradual que tomará varios años», indicó.

Consideró que el sitio podría convertirse en un atractivo geológico y turístico si se habilita un mirador que permita a las personas observar el afloramiento de manera segura.

La geología, una ciencia con oportunidades

El investigador también destacó la importancia de impulsar las ciencias de la Tierra, ya que existe un déficit de especialistas tanto en México como en otros países.

Señaló que disciplinas como la geología son fundamentales para comprender fenómenos como los sismos, el vulcanismo, los deslizamientos de laderas y otros riesgos naturales que afectan a entidades como Colima.

«Cada roca tiene una historia que contar. El trabajo del geólogo consiste en interpretar esa evidencia para entender cómo ha evolucionado nuestro planeta y, al mismo tiempo, generar conocimiento útil para la sociedad», concluyó.