COLIMA.- Con el inicio del Miércoles de Ceniza, la comunidad católica de la región se prepara para dar comienzo a la Cuaresma, un periodo definido por la jerarquía eclesiástica como una oportunidad fundamental para la introspección y la mejora de la vida personal y comunitaria. En palabras del Mons. Gerardo Díaz Vázquez, obispo de la Diócesis de Colima, el rito de la ceniza simboliza una actitud interior de reconocimiento de las propias limitaciones y una profunda necesidad de renovación y conversión.

El líder religioso destacó que este tiempo penitencial es un llamado de la Iglesia, con solicitud maternal, para colocar nuevamente el misterio de Dios en el centro de la existencia cotidiana, evitando que la fe pierda su impulso ante las distracciones e inquietudes que ofrece el mundo moderno.

Bajo esta perspectiva, el obispo enfatizó que la Cuaresma debe ser un espacio dedicado a la oración, la reflexión y la meditación, pero también a una penitencia que permita ordenar los deseos y apetitos para fortalecer los vínculos en la vida social, familiar y comunitaria.

Por su parte, el Padre José de Jesús Ramos Hueso, de la Parroquia de San Francisco de Asís en Villa de Álvarez, se sumó a este llamado describiendo el Miércoles de Ceniza como un «alto en el camino». En sus declaraciones, el presbítero recordó a los fieles su naturaleza frágil, comparándola con la arcilla y el polvo, pero subrayó que esta condición es al mismo tiempo un llamado a la santidad y a la reconciliación a través de los sacramentos.

La invitación se extiende a los diez municipios del estado de Colima y a los diez municipios correspondientes de Jalisco que integran la jurisdicción eclesiástica, instando a los feligreses a participar activamente en sus parroquias y capillas locales.

El Padre Ramos Hueso resaltó que la preparación iniciada con la ceniza culminará en la Vigilia Pascual, la celebración más importante del año litúrgico.

Asimismo, hizo hincapié en la práctica del ayuno solidario, el cual no debe entenderse solo como una restricción, sino como una vía para aumentar la oración y ejecutar obras de misericordia y caridad, transformando la fragilidad humana en un camino de acercamiento decidido hacia Dios.

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