CDMX.– A pesar de que la cisticercosis ha mostrado una tendencia a la baja en México, investigadores de la UNAM y la UAM han intensificado sus esfuerzos interinstitucionales para combatir este padecimiento, enfocándose en el estudio de proteínas que permiten al parásito resistir los medicamentos.
El doctor Ricardo Miranda Blancas, investigador del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM, informó que actualmente se estudian las proteínas que forman parte del sistema de desintoxicación de la Taenia solium. Estas enzimas funcionan como «escudos» que protegen al parásito de la acción farmacológica.
El equipo de trabajo, que incluye la colaboración de especialistas de la Facultad de Medicina de la UNAM y de la UAM Iztapalapa, ha logrado determinar la estructura de la glutation transferasa clase sigma y ya diseñó un inhibidor para la enzima de 26.5 kDa. Este avance es crucial para el diseño de fármacos complementarios que logren vulnerar al parásito.
Aunque la enfermedad es considerada una de las «enfermedades tropicales desatendidas» por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México se mantiene una vigilancia estrecha. Según estadísticas de la Secretaría de Salud citadas por Miranda Blancas:
Hasta la semana 31 de 2025, se han reportado 85 casos nuevos de cisticercosis.
Esta cifra ya supera el total de acumulados durante el año 2024, que cerró con 65 casos.
Riesgos y complicaciones: La Neurocisticercosis
La infección se produce principalmente por el consumo de carne de cerdo contaminada con larvas o por malas prácticas de higiene que permiten la ingesta directa de huevos del parásito. El experto advirtió que la complicación más grave es la neurocisticercosis, la cual ocurre cuando las larvas se alojan en el cerebro, convirtiéndose en una de las principales causas de epilepsia adquirida en el país.
Para romper la cadena de contagio, el investigador universitario enfatizó tres medidas fundamentales:
Cocer adecuadamente la carne de cerdo para eliminar cualquier larva presente.
Higiene estricta, especialmente el lavado de manos antes y después de acudir al baño o manipular alimentos.
Desparasitación periódica de todos los integrantes de la familia, al menos cada seis meses o una vez al año.
Este esfuerzo científico busca no solo generar nuevos tratamientos, sino también responder al llamado de la OMS para evitar el resurgimiento de estas enfermedades debido a los flujos migratorios y el rezago en la asistencia médica tras la pandemia.














