Con la propuesta de fortalecer la información, el pensamiento crítico y la ética en la toma de decisiones de consumo, así como avanzar hacia modelos de producción y consumo más justos y sostenibles, se realizó este martes 20 de enero un panel de análisis a partir de la proyección del documental “Compra ahora: la conspiración consumista” (2024), del ganador del Emmy, Nic Stacey.
El documental, disponible en la plataforma de Netflix, muestra cómo el sistema económico global está diseñado para fomentar el consumo sin límites, a costa del planeta y del bienestar humano. La cinta revela qué son las estrategias de obsolescencia programada, el marketing agresivo y la cultura de lo desechable, que impulsan una economía basada en el derroche de recursos naturales y el hiperconsumismo.
Integraron el panel Dayna Priscila Saldaña Zepeda, profesora-investigadora de la Facultad de Economía; Adriana Elizabeth Mancilla Margalli, profesora-investigadora de la Facultad de Filosofía y Jorge Ricardo Vázquez Sánchez, docente de la Facultad de Mercadotecnia. Fue moderado por Blanca Liliana Díaz Vázquez, presidenta del Voluntariado de la Universidad de Colima.
Dayna Saldaña explicó que uno de los principales problemas del consumismo es la “información imperfecta”. Desde la economía, señaló que se parte del supuesto de que el consumidor es racional y cuenta con información completa, condición que es manipulada por las empresas mediante estrategias que incentivan la compra constante bajo la lógica de que “más es mejor”, por lo que “una de nuestras responsabilidades centrales desde la academia es informar y formar consumidores críticos y conscientes”.
Adriana Mancilla centró su análisis en la “generación artificial de necesidades”, a la que calificó como el núcleo del problema del consumismo. Comentó que la industrialización ha desplazado la autonomía de las personas para definir y satisfacer sus propias necesidades, reduciéndolas a meros consumidores.
En su turno, Ricardo Vázquez destacó la corresponsabilidad de quienes se forman y trabajan en marketing, al diseñar campañas que influyen directamente en las decisiones de compra, y enfatizó la necesidad de generar estrategias de “consumo consciente y sostenible”, tanto en el aula como en la vida cotidiana.
En otra parte del diálogo, se abordó la transición de la economía lineal: comprar, usar y desechar, hacia modelos de economía circular, así como el papel de la universidad como agente activo de cambio. En este contexto, Blanca Liliana Díaz recordó que desde hace tres años, la Universidad de Colima impulsa foros de economía circular con el objetivo de sensibilizar a productores, empresas y al Congreso local sobre la necesidad de contar con una Ley de Economía Circular en el estado de Colima, que permita regular todo el proceso productivo.
Aunque Blanca Díaz reconoció que a nivel estatal aún no se logra este objetivo, destacó como un avance significativo que el pasado 14 de enero se publicara en el Diario Oficial de la Federación el decreto que establece la Ley General de Economía Circular en México, “lo que representa una esperanza para su aplicación obligatoria en todas las entidades del país”. En este escenario, subrayó que la Universidad de Colima cuenta ya con avances importantes en la materia, lo que la coloca en una posición estratégica para acompañar su implementación.
En el cierre del panel, el y las participantes ofrecieron reflexiones sobre el fenómeno del consumismo y su impacto integral. Adriana Mancilla dijo que “toda problemática ambiental debe partir de la reflexión individual y colectiva, así como de una visión ética integral que no solo considere el cuidado del planeta, sino que también evite profundizar las brechas sociales entre quienes pueden y quienes no pueden acceder a ciertos bienes”.
Por su parte, Dayna Saldaña propuso anteponer el bien común sobre el interés personal, reflexionando sobre la escasez de los recursos naturales y las desigualdades en el acceso al consumo, incluso al consumo responsable. Llamó a asumir una responsabilidad social acorde con las posibilidades de cada persona, sin perder de vista la capacidad limitada del planeta.
Finalmente, Ricardo Vázquez señaló la importancia de reconocer que el cambio comienza desde las decisiones cotidianas, el diálogo en los espacios cercanos y el trabajo constante desde las aulas, las áreas administrativas y los proyectos de vinculación social. “Aunque los cambios parezcan pequeños -concluyó-, su efecto multiplicador puede generar transformaciones significativas”.



















