COMALA. — En un esfuerzo por consolidar la gobernanza ambiental y asegurar que los beneficios de la conservación lleguen de manera directa a quienes habitan los ecosistemas, en días pasados se llevó a cabo en el municipio de Comala el Foro Regional Interinstitucional de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán.

El encuentro, encabezado por Carlos Alberto Gallegos Solórzano, director de esta Área Natural Protegida (ANP), representó un hito en la estrategia de coordinación para el ejercicio 2026, al reunir a las principales dependencias del sector ambiental con los núcleos agrarios que custodian este patrimonio natural.

Según la cobertura realizada por AFmedios, el evento no solo sirvió como una plataforma de difusión de reglas de operación, sino como un espacio de reconocimiento a la importancia estratégica de la Sierra de Manantlán en el contexto nacional e internacional.

La narrativa de este foro partió de una realidad indiscutible: la Sierra de Manantlán es uno de los pulmones y reservorios biológicos más importantes de México. Gallegos Solórzano enfatizó que este sitio, decretado como reserva en 1987 y reconocido por la UNESCO en 1988 dentro del Programa El Hombre y la Biosfera (MaB), posee una biodiversidad que desafía las comparaciones.

Con un registro que ha ascendido de 2 mil 900 a más de 3 mil especies de plantas vasculares, la reserva alberga más variedad botánica que países enteros como Canadá o Francia.

Esta riqueza no es estática; la actualización del programa de manejo, cuya última versión data del año 2000, ha revelado un incremento significativo en el catálogo de fauna.

Las aves pasaron de 336 a 393 especies, mientras que los mamíferos sumaron nuevas categorías hasta alcanzar las 119 especies, destacando la presencia de las seis especies de felinos que habitan en territorio mexicano, incluyendo una población de jaguares que ha sido detectada por arriba de los 2 mil 500 metros sobre el nivel del mar, un dato científico de gran relevancia para el estudio de la especie.

Uno de los motores centrales del encuentro fue la socialización del Programa de Subsidios para el Desarrollo Sustentable (Procodes) 2026. La información oficial señala que el periodo para la recepción de solicitudes inició el pasado 26 de enero y concluirá de manera impostergable el 16 de febrero.

Gallegos Solórzano explicó ante representantes de ejidos como El Terrero, Campo 4, Zacualpan y Platanarillo, que el Procodes no es solo un apoyo económico, sino una herramienta de empoderamiento para las comunidades.

El programa se divide en proyectos de restauración, donde la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) aporta la totalidad de la inversión para obras como conservación de suelos, estufas ahorradoras de leña y barreras vivas, y proyectos productivos, donde el Gobierno Federal cubre el 80% del costo total, permitiendo a los grupos organizados emprender en áreas como el ecoturismo, la apicultura y la producción orgánica.

La transición informativa durante el foro permitió a los asistentes comprender la compleja pero necesaria estructura del sector ambiental federal. Con la participación de representantes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y el Registro Agrario Nacional (RAN), se clarificaron las atribuciones de cada instancia.

Mientras Conafor se encarga de la salud forestal y el combate de incendios, Profepa vigila el cumplimiento de la norma y Conanp administra la vida interna de la reserva.

También estuvo personal del Instituto para el Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Imades), quien destacó los programas para este año, entre ellos el Fideicomiso del Fondo Ambiental del Estado de Colima, Proyectos Especiales y el Corredor Bioculttural del Centro Occidente de México.

Este diálogo interinstitucional es vital para que los ejidatarios, quienes poseen la titularidad de la tierra, sepan «qué puertas tocar» para implementar proyectos que protejan el agua, recurso cuyo nombre indígena, Manantlán (lloraderos de agua), define la vocación primordial de esta montaña que abastece a miles de personas en Colima y Jalisco.

Más allá de las cifras y los trámites administrativos, el foro destacó el valor cultural y científico de la región. Se recordó que el decreto de la reserva tuvo como uno de sus pilares el descubrimiento del Zea diploperennis, el pariente silvestre más antiguo y resistente del maíz, lo que convierte a la Sierra de Manantlán en un banco genético de importancia global para la seguridad alimentaria.

Asimismo, se anunció que el compromiso con la educación ambiental se traducirá en eventos próximos como el Festival de las Aves, programado para el 28 de febrero y el 1 de marzo en El Terrero, una actividad que busca fomentar el turismo de naturaleza y el conocimiento de las 186 especies que se encuentran bajo alguna categoría de riesgo dentro de la NOM-059.

La visión a futuro, considera la publicación del nuevo programa de manejo para este año o el próximo, el cual ampliará la zona de influencia de la reserva de siete a diez municipios, integrando porciones de Cuauhtémoc, Villa de Álvarez y Zapotitlán de Vadillo.

Con 32 núcleos agrarios y casi diez mil personas habitando directamente en la zona, la administración de Carlos Alberto Gallegos Solórzano apuesta por una conservación donde el ser humano no sea un espectador, sino el principal beneficiario y guardián de un territorio que, además de ser una de las seis montañas más importantes de México, representa el primer territorio donde un pueblo disputa la viabilidad de su futuro ambiental.

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