Hablar, escuchar y buscar ayuda puede ser decisivo en una crisis suicida: Fernanda Pinto, psicóloga

En Colima, de acuerdo con el INEGI, 36 personas murieron por suicidio durante 2025, 32 hombres y cuatro mujeres. Aunque la cifra puede parecer pequeña frente a las estadísticas nacionales, el suicidio “no debe verse solo como una cifra, pues detrás de cada número hay una historia, una familia y una ausencia”, dijo en entrevista la psicóloga María Fernanda Pinto González, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.

Muchas veces se piensa, agregó, “que una persona con conducta suicida tiene una enfermedad mental, depresión o alguna otra causa; la realidad es que no siempre. Lo que hemos encontrado es que se trata de un problema complejo y multifactorial, en el que pueden intervenir factores psicológicos, sociales, biológicos y ambientales. La ideación suicida no se activa por sí sola; hay algo más, como altos niveles de estrés, presión social, incluso expectativas o roles, aunque hay muchas enfermedades o trastornos mentales donde estas conductas no se activan”.

Una cascada de emociones

“Para hablar de suicidio tendríamos que decir que la persona tiene la intención de morir. De hecho, hay múltiples teorías para explicar el comportamiento suicida. Una de ellas es la ‘Teoría de la cascada emocional’, que tiene que ver una emoción muy intensa. Durante una crisis algunas personas experimentan emociones intensas, desesperanza o una sensación de atrapamiento. Muchas veces esto está ligado a una gran carga de estrés o a un momento bastante difícil en su vida”.

La persona que toma la decisión de quitarse la vida, comentó, es porque se siente atrapada. No ve otra salida para dejar de sufrir. “No es que las personas busquen morir, sino que buscan salir de una situación en la que no tienen control y se sienten atrapados”.

No se trata de valentía o cobardía

Adjetivos como valiente o cobarde muchas veces son utilizados cuando una persona se quita la vida, pero la realidad es que no se trata de ninguno de los dos, comentó, sino de la salida a una crisis.

La conducta suicida -compartió- puede incluir pensamientos de muerte, ideación suicida, planificación e intentos, pero estas manifestaciones no necesariamente aparecen en ese orden ni todas las personas recorren una misma secuencia. Cuando la crisis se intensifica y la persona pierde la capacidad para controlar sus impulsos, la ideación puede convertirse en un intento o suicidio.

“Probablemente en ese momento había una reducción de la capacidad para valorar alternativas o resolver problemas durante una situación de intenso malestar, en el sentido de que el proceso cognitivo no funciona igual que cuando la persona está calmada; en un momento de crisis hay más impulsividad, y se presenta una mayor dificultar para ver posibles salidas”, explicó.

Desafortunadamente, dijo que no todas las personas expresan abiertamente este tipo de pensamientos debido a los tabús relacionados con la salud mental. Comentarios como: “lo hace por llamar la atención” pueden provocar que las personas guarden silencio, dificultando una intervención oportuna, “y entonces llegamos tarde para evitarlo”.

Señales de alerta

La conducta suicida, detalló la psicóloga, no es una señal, sino toda una sombrilla de conductas que comienzan incluso con conductas que son normales para las personas. Pueden iniciar preguntándose qué pasaría si se muriera.

De acuerdo María Fernanda, existen dos tipos de ideación: “la activa, cuando la persona imagina escenarios en los que ella misma se causa la muerte, y la pasiva, que puede expresarse mediante frases como ‘me gustaría dormir y ya no volverme a despertar’, en las que no se menciona directamente la muerte, pero se manifiesta el deseo de dejar de existir o incluso frases como ‘he pensado en morirme, he pensado en que me gustaría dejar de vivir”.

Entre las señales de alerta de una posible conducta suicida, compartió, se encuentran los cambios emocionales repentinos y extremos, como pasar de la tranquilidad al enojo o a la depresión con facilidad. También pueden presentarse aislamiento, alejamiento de otras personas y conductas de despedida, “frases que hacen sentir que podría ser la última vez que se ve a alguien, regalar objetos valiosos, hacer un testamento o hasta organizar su entierro”.

En algunos casos las persona comienza a guardar medicamentos o materiales lesivos. A veces presenta autolesiones, aunque éstas “no necesariamente significan que la persona quiera morir”, pueden ser para manejar la ansiedad o buscar una sensación de control, aunque debe tomarse en serio porque puede asociarse con mayor vulnerabilidad y requiere valoración profesional.

Si existen señales claras de riesgo es válido preguntar directamente si la persona ha pensado en morir o hacerse daño. Recomendó establecer una vía de comunicación mediante preguntas abiertas, en lugar de limitarse a preguntar “¿Estás bien?”. Podría preguntársele “¿Cómo estás? ¿Cómo fue tu día?” Y evitar frases como: “no hay razón por las que estar triste, las cosas pasan”.

De hecho, dijo: “Esa persona no está para que uno le diga cómo resolver lo que le pasa; muchas veces lo que necesita es sentirse escuchada y que tiene a alguien en quien apoyarse. Es fundamental tener paciencia, escuchar sin minimizar y comprender que aquello que para otros puede parecer una solución sencilla, para quien atraviesa una crisis puede no serlo”.

La prioridad para estas personas es ofrecerles atención psicológica o psiquiátrica; sin embargo, también dijo que muchas de ellas oponen resistencia. Sería importante hablar con su familia o acompañarlas en el proceso, incluso haciéndoles una cita y acompañándolas durante todo el proceso terapéutico.

Puede definirse un plan de seguridad, elaborado idealmente con apoyo profesional, que permita identificar momentos en los que las ideaciones se intensifican y contar con alternativas de actividades o pensamientos para sustituirlos, además de incluir números de contacto para solicitar ayuda.

Destacó que: “Toda crisis suicida debe tratarse como una emergencia. El suicidio o una crisis suicida es una emergencia médica, una emergencia médica psiquiátrica”. Por ello, cuando una persona se encuentra en una crisis suicida o existe riesgo de que se haga daño, es necesario acudir a urgencias médicas y decir lo que está pasando.

“Muchas veces las personas no muestran lesiones, pero eso no quiere decir que no estén en una crisis y que no esté en riesgo su vida. Lo que debe hacerse es dejarla en observación o en un lugar donde no tenga medios letales a su alrededor y que esté acompañada, incluso cuando está en casa, porque muchas veces pensamos que el hogar es el lugar más seguro, pero cuando una persona está en crisis no hay lugar seguro, y lo más importante es que esté acompañada hasta que pase la crisis”.

Las muertes por suicidio son más frecuentes entre los hombres

La psicóloga explicó que los suicidios consumados se presentan mayormente en hombres, mientras que las mujeres registran altos niveles de ideación. Ellas suelen pedir apoyo, acudir a consulta y buscar atención en salud mental. En el caso de los hombres, las normas sociales pueden dificultar la búsqueda de ayuda. “Incluso se premia más el aguante que la búsqueda de apoyo”, lo que podría contribuir a una mayor incidencia de suicidios consumados.

Respecto a la edad, señaló que el suicidio puede presentarse en cualquier etapa de la vida, aunque en los últimos años la mayor incidencia se concentra entre los 14-15 y los 29 años. También, dijo, existe preocupación por el incremento en edades más tempranas, entre los 10 y 14 años. Estas cifras, compartió, corresponden a suicidios consumados, ya que los intentos son más difíciles de contabilizar.

Si bien es cierto, dijo la psicóloga, que el cuidado de salud debería ser prioridad en las personas, no todas lo pueden costear, de ahí la necesidad de ampliar el acceso a los servicios de salud mental. Otro punto fundamental en este tema es que se hable más de él sin recurrir al amarillismo ni al morbo, “ofreciendo recomendaciones y canales de apoyo y diálogo.

La especialista sostuvo que “el suicidio es una problemática que no podemos seguir ignorando” y llamó a fortalecer las políticas de salud mental, incluyendo acciones de autocuidado que consideren las problemáticas estructurales de los sistemas, así como una mayor inversión pública en personal, programas y recursos.

“También creo que lo que tendríamos que hacer en la cuestión del cuidado de salud mental es empezar a hablar más del autocuidado. Esto no significa nada más hacer todo lo que los influencers y los medios de comunicación nos dicen que tenemos hacer, sino que se atiendan las problemáticas estructurales de los sistemas”, agregó.

Finalmente dijo: “Aunque se escuche difícil, es importante escuchar, estar ahí sin emitir consejo ni decir nada. El estar, escuchar, para una persona que está en crisis es hacer mucho”.

Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis emocional o presenta pensamientos suicidas, puede comunicarse a la Línea de la Vida, 800 911 2000, servicio gratuito de la Secretaría de Salud disponible las 24 horas, los 365 días del año. Ante un riesgo inmediato, solicite atención de emergencia.