Este viernes 27 de febrero, en el marco de las jornadas del Programa de Reflexión en Masculinidades para la Igualdad de Género y la No Violencia (PREM), se llevó a cabo la conferencia “Interpretaciones feministas a la investigación en entornos de violencia”, a cargo de Sandra Estrada Maldonado, de la Universidad de Guanajuato.
En su charla, Sandra invitó a las y los estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima a asumir un papel importante en la investigación y a realizar una “desobediencia epistémica”, sobre todo aquello que tiene que ver con la neutralidad: “Desobedecer, también es construir” dijo.
México -dijo- “es un país que produce violencia y sufrimiento”. Ante esta situación, comentó, es necesario que la academia tome una postura, no desde lo que llamó “prácticas desde el extractivismo del dolor”, sino que aporte más allá de las publicaciones y de cifras.
El extractivismo -definió- “se da cuando alguien va y hace entrevistas y les pide a las madres buscadoras que cuenten su historia, y si llora es mejor, porque puedo captar ese dolor”. La intención de hacer investigación con perspectiva de género y desde la psicología comunitaria -precisó- “es entender que hay diferentes tipos de violencia que se tienen que reconocer, y que el investigador debe asumir un papel no neutral, pues eso no le permitiría comprender lo que investiga”.
Estrada Maldonado, quien tiene doctorado en psicología comunitaria, compartió con los y las estudiantes, su trabajo doctoral: “Madres Buscadoras de Guanajuato, Resistencia y Memoria en Contextos de Violencia”, en el que usó la perspectiva y la objetividad feminista.
“Originalmente, mi proyecto se llamaba ‘Maternidad y Desaparición’ -compartió-. Me cuestioné: ‘¿por qué estoy nombrando en abstracto la maternidad, cuando lo que quiero es que esté al centro?’ Por eso cambié a Madres Buscadoras, porque ésa es la realidad, desde ahí quiero que se vea, no desde la abstracción de la maternidad. Lo siguiente fue encontrar rutas para contestar preguntas incómodas y cómo hacerle para no reproducir el extractivismo académico, ¿Cómo le hago para no llegar ahí?”.
La ruta
Primero -dijo- es importante reconocer que la psicología aún tiene sesgos sexistas. “Por más que quiera presentarse como objetiva y neutra, no lo es, pero también, con quienes estoy haciendo investigación hemos pensado en la cuestión de la alteridad, es decir, de reconocer las diferencias entre unos y otros”.
Otro aspecto que considerar -comentó- es saber desde dónde se mira y escribe, “y tener una alerta respecto a esa reificación o cosificación que ha habido hacia las cuestiones de mujeres evitando la práctica del extractivismo del dolor, que se está volviendo común en México”. Además, se tienen que tomar en cuenta conceptos como conocimiento situado, neutralidad, reconocimiento de privilegios y la objetividad feminista.
“¿Para qué sirve el conocimiento situado? Para acortar esta distancia y saber que no quiero distanciarme de las compañeras buscadoras, sino estar con ellas, sin ocupar su espacio. Se escucha fácil, pero es muy difícil en la práctica; no se trata de hacer una simulación de que siento lo que ellas, porque claramente es imposible, y también ayuda a salirse del mandato de neutralidad”, explicó.
Otro de los puntos es reconocer que, como investigadores, tienen privilegios. “Claro que fue muy difícil hacer una tesis sobre mujeres buscadoras y también es un riesgo, sobre todo en el estado más letal para las personas buscadoras; sí soy madre, pero una madre que tuvo la posibilidad de estar en la universidad, que está haciendo una investigación y que, claro, es un privilegio”.
La horizontalidad no siempre se aplica -continuó- “porque, aunque todas las voces cuentan, decirlo no hace que las asimetrías desaparezcan; yo me subo a mi coche y regreso a mi casa, pero ellas, ¿a dónde se va?, ¿quién las espera? Es importante cuestionarse si se puede ser neutral ante una problemática tan desgarradora, ¿Qué neutralidad científica se puede exigir ante estas atrocidades? Pensar en la neutralidad ante esta situación me parece, incluso, absurdo”.
En este sentido, comentó que las epistemologías feministas le significaron una redirección de su trabajo metodológico y que representó también una desobediencia. “Les invito a que desobedezcan algunos mandatos epistémicos, sobre todo los que tienen que ver con esta neutralidad, porque al hacerlo también estamos construyendo, como dice una investigadora, otro campo político y científico”.
El papel del feminismo en los colectivos de las madres buscadoras
El papel del feminismo, en su investigación, busca entender que no toda violencia es igual. “La investigadora Pilar Calveiro plantea que es importante distinguir entre violencia de género, violencia armada, violencia del Estado y del crimen organizado, porque nombrarlas ayuda a entender sus causas y responsabilidades. Si no lo hacemos, todo se vuelve confuso y parece que ‘la violencia es solo violencia’, sin responsables claros”.
Si bien dijo que, aunque muchas desapariciones se atribuyen a grupos criminales, también es importante recordar que la desaparición forzada ha sido utilizada históricamente como estrategia de control. Retomó conceptos como necroprácticas, de Sayak Valencia, para explicar cómo el crimen organizado no solo quita la vida, sino que convierte la muerte en una forma de control y poder. “Esto se ve, por ejemplo, en las fosas clandestinas donde las madres buscadoras enfrentan escenas de extrema violencia al buscar a sus familiares”.
La investigadora aseguró que las violencias también tienen un componente de género y clase, que afecta de manera desproporcionada a mujeres pobres y racializadas, y su impacto no termina en la víctima directa, sino también a su entorno. Por ello, frases como “nos faltan todos”, dijo, “reflejan que la ausencia impacta a toda la sociedad”.
Una ruta distinta de hacer memoria
Como resultado de su investigación, encontró en el bordado de textiles una forma de hacer memoria y tener un acercamiento más humano y sensible. Si bien, explicó Estrada Maldonado, en la psicología casi todo gira alrededor del discurso, descubrió en el tacto, en el bordado, otra forma de acompañar el dolor.
“Bordar juntas, en espacios públicos -comentó-, no sólo es una forma de hacer memoria en el presente, de contar la desaparición, sino de buscar desde otro lugar, de ocupar el espacio público y repolitizar la maternidad, es decir, transformar el rol de madre en una acción de denuncia frente a la violencia”.
Finalmente, compartió que esta experiencia se ha desarrollado en conjunto con la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato y la colectiva Guardamos Memoria.

















