Guadalajara, Jalisco.— Con un discurso que mezcló fascinación por el progreso humano y una advertencia sobre la regresión moral que vive el planeta, el escritor franco-libanés Amin Maalouf recibió este sábado el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025, una de las distinciones más importantes del mundo hispanohablante.
Frente al auditorio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Maalouf abrió su mensaje con gratitud y con una reflexión que marcó el tono de toda su intervención: “Nuestra época es también la más fascinante que la humanidad haya vivido desde los albores de la Historia”.
El autor de León el Africano recordó que, en pocas décadas, la humanidad ha materializado sueños que parecían imposibles: acceso inmediato al conocimiento global, comunicación instantánea entre continentes y tecnologías que han transformado radicalmente la vida cotidiana.
“Si alguien me hubiera dicho cuando era joven que podría conversar cara a cara con mis nietos al otro lado del planeta… habría pensado que me describían una utopía mágica”, señaló.
Sin embargo, esa fascinación convive —dijo— con una profunda inquietud: la aceleración del progreso científico y tecnológico contrasta con una regresión de las mentalidades, del universalismo, de la democracia y del Estado de derecho.
Maalouf advirtió que el avance científico es irreversible y opera por su propia lógica, pero la evolución moral no: requiere acción humana sostenida y puede retroceder en cualquier momento.
“Cuando una sociedad pasa de la dictadura a la democracia, nunca se puede estar seguro de que no volverá algún día a la dictadura”, recordó. Lo mismo ocurre con la paz.
Para el escritor, el mayor desafío del siglo XXI es acelerar la evolución ética y cultural al mismo ritmo que la tecnológica, especialmente frente a fenómenos como la inteligencia artificial y las nuevas biotecnologías, cuyos riesgos consideró innegables.
En su discurso, Maalouf defendió la vigencia y centralidad de la literatura como una herramienta para enfrentar este momento histórico.
La literatura —planteó— tiene tres misiones esenciales:
*Ayudar a comprender la complejidad del mundo actual, su acelerada transformación y sus peligros.
*Recordar que nuestro destino es común como especie, en un planeta que no admite salvaciones individuales.
*Iluminar los valores esenciales: dignidad, libertad, respeto y convivencia.
“Es a la literatura —es decir, a todos nosotros— a quien le corresponde reparar el presente e imaginar el futuro”, afirmó.
Aunque su diagnóstico global fue severo —un mundo donde resurgen la barbarie, la guerra y la ley del más fuerte—, Maalouf dejó claro que no es pesimista. Cree en la capacidad humana de reconstruir, de crear y de elevarse por encima de sus prejuicios.
Por eso invitó al público a mantener dos emociones simultáneas: inquietud y maravilla, un estado que considera indispensable para transitar este siglo.
Con ese mensaje, y con una ovación prolongada, el escritor concluyó su intervención en Guadalajara, donde su voz resonó como un llamado urgente a la lucidez y a la responsabilidad compartida.
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