COLIMA.- En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil, conmemorado cada 15 de febrero, la sensibilización se convierte en la herramienta más potente para enfrentar una enfermedad que, aunque agresiva, ofrece horizontes de esperanza si se detecta a tiempo. En una entrevista exclusiva de AFmedios con el Dr. Miguel Ángel Olivas Aguirre, Investigador por México de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Innovación y Tecnología (Secihti) y profesor-investigador de la Universidad de Colima, se puso de relieve la complejidad biológica y social de este padecimiento.
El especialista, adscrito al Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas y responsable del Laboratorio de Fisiopatología del Cáncer, subrayó que a nivel global se estima la aparición de casi 500 mil nuevos casos anuales en infantes, una cifra que refleja la magnitud de un problema donde México, y particularmente el estado de Colima, enfrentan retos estadísticos significativos.
«En el caso particular de México aproximadamente se estima que sesenta por ciento de los pacientes van a salir de manera satisfactoria del cáncer. Eso suena muy prometedor porque dices bueno sesenta por ciento es la mayoría. Pero realmente podemos jugar con las palabras y entender que sesenta por ciento si lo volteamos es dos de cada cinco personas van a fallecer y eso es. No son no es un adulto que le puedas explicar qué va a pasar. Son niños que no han ni siquiera vivido», reflexionó el investigador
La leucemia se posiciona como el cáncer más predominante en la infancia, representando, junto con los linfomas, aproximadamente el 65% de los casos. Esta enfermedad hematológica altera las células de la sangre en la médula ósea —el tejido gelatinoso que se ubica al centro de los huesos—, provocando un crecimiento descontrolado de células que no cumplen su función y desplazan a las sanas.
El Dr. Olivas Aguirre explicó que este proceso devasta a las «células buenas», lo que deriva en síntomas visibles: palidez por falta de glóbulos rojos, moretones inusuales por deficiencia de plaquetas e infecciones recurrentes debido a la pérdida de defensas. El pico de incidencia de las leucemias se sitúa entre los cuatro y cinco años de edad, una etapa crítica donde el sistema inmune aún se está consolidando.

El cáncer infantil no puede prevenirse mediante hábitos de vida previos, ya que surge de errores genéticos durante el rápido desarrollo de los menores. Sin embargo, el éxito terapéutico depende drásticamente de la prontitud del diagnóstico.
Mientras que en países de altos ingresos la tasa de supervivencia alcanza el 85%, en naciones de ingresos medios como México el promedio es menor, enfrentando retrasos diagnósticos que pueden superar los seis meses.
El investigador enfatizó que la sospecha inicial suele nacer de los padres, quienes conocen los cambios sutiles en el comportamiento y apariencia de sus hijos, y deben ser los mediadores ante un sistema de salud que, aunque capaz, suele estar saturado.
«El principal desafío para el éxito terapéutico aquí en México es el diagnóstico oportuno, es decir, que la mayoría de los diagnósticos llegan ya muy tarde, la gente ya no supo identificar en un momento inicial los primeros síntomas y cuando llega el niño ya llega con una enfermedad bien consolidada o muy desarrollada entonces eso complica la terapia. En países de primer mundo desde las infancias hay una cultura de que el niño recurrentemente va al chequeos y se le hace un historial y se le está monitoreando», relató.
La investigación en Colima se centra en la fisiopatología, es decir, en entender cómo funcionan las células malignas para diseñar terapias personalizadas.

El Dr. Olivas Aguirre detalló que las leucemias en México presentan un perfil denominado «leucemia mexicana», que resulta hasta cuatro veces más agresiva que en otras regiones del mundo.
Factores ambientales como la actividad volcánica, la quema de caña, la minería y el uso de pesticidas son estudiados como posibles detonantes de esta alta incidencia en la entidad, que se ubica entre los punteros nacionales junto a estados como Chiapas.
En el laboratorio, los científicos cultivan estas células para identificar qué «blindajes» proteicos utilizan y así aplicar fármacos que secuestren esas defensas antes de administrar la quimioterapia convencional.
Un aspecto emergente y vital en la lucha contra esta enfermedad es la plasticidad metabólica del cáncer. Las células cancerosas son consumidoras voraces de glucosa, pero el laboratorio del Dr. Olivas ha observado que, al privarlas de azúcar, estas pueden adaptarse para consumir aminoácidos o grasas. Esto adquiere una relevancia crítica en un país con altos índices de obesidad infantil.
El tejido adiposo no solo proporciona energía extra al tumor, sino que actúa como un escudo protector que absorbe los fármacos, limitando su llegada a las células malignas. Por ello, el tratamiento debe ser integral, involucrando a nutriólogos, psicólogos y especialistas que aborden el entorno microambiental de la célula.

«Tenemos un trabajo interesante ahorita en desarrollo en la universidad que pretende algo todavía más ambicioso. Las células son como individuos, tú y yo en nuestra casa nos comportamos de una manera y aquí de otra; el contexto influye».
Más allá de los tubos de ensayo, la Universidad de Colima y el equipo del Dr. Olivas realizan una labor de campo en comunidades y escuelas primarias para desmitificar la enfermedad.
A través de dinámicas sensibles, buscan eliminar el estigma de que el cáncer es contagioso y empoderar a los niños con hábitos saludables.
La donación de médula ósea es otro pilar fundamental; el investigador aclaró que es un proceso sencillo y seguro, similar a una donación de sangre asistida por fármacos, que puede salvar vidas al restaurar la producción de células sanas en los pacientes.
El mensaje final para la sociedad es de valentía y vigilancia.
El cáncer infantil no es sinónimo de muerte, sino de una batalla que requiere precisión científica y acompañamiento emocional.
La invitación del Dr. Olivas Aguirre es a no ignorar las señales, buscar segundas opiniones si es necesario y confiar en la red de profesionales que, desde la investigación y la clínica, trabajan incansablemente para que más niños logren superar este desafío y recuperar su futuro.
Mitos y realidades
- Mito: El cáncer infantil es contagioso o puede producirse por un golpe accidental fuerte.
Realidad: El Dr. Olivas fue enfático: el cáncer «no se pega». No es una enfermedad infecciosa causada por virus o bacterias que pasen de persona a persona. Tampoco surge por un traumatismo físico (un golpe). Su origen es genético y multifactorial, derivado de mutaciones celulares aleatorias y eventos desencadenantes que aún se estudian.
2. Mito: Si no hay antecedentes de cáncer en la familia, el niño está fuera de riesgo.
Realidad: Aunque el antecedente familiar es un factor de susceptibilidad, en el caso de las leucemias y tumores del sistema nervioso central, cualquier niño puede estar en riesgo. A diferencia del cáncer de mama, donde la carga hereditaria es muy marcada; la leucemia infantil suele presentarse de forma esporádica sin un historial familiar previo.
3. Mito: Dejar de comer azúcar o ciertos alimentos cura el cáncer por «hambre».
Realidad: Es una verdad a medias. Si bien a las células cancerígenas les fascina la glucosa (azúcar), tienen plasticidad metabólica. El Dr. Olivas explicó que si se les quita el azúcar, las células aprenden a comer aminoácidos o grasas. Por ello, las dietas restrictivas no sustituyen el tratamiento médico, aunque una nutrición balanceada es vital para no darles «ventaja» a las células malignas.

4. Mito: Los remedios naturales o suplementos pueden sustituir a la quimioterapia sin riesgos.
Realidad: Ningún tratamiento natural suple a la quimioterapia. El investigador señaló que muchos fármacos se basan en compuestos naturales (como los de la uva o el café), pero están concentrados y optimizados en laboratorio para ser efectivos. Para obtener el mismo efecto de una dosis médica consumiendo el fruto natural, un niño tendría que comer cantidades imposibles (kilos de fruta al día). Lo natural debe ser solo un complemento.
5. Mito: Un diagnóstico de cáncer infantil es siempre sinónimo de una enfermedad terminal.
Realidad: Actualmente existen muchísimos avances. En México, el 60% de los niños logran salir adelante satisfactoriamente. El problema no es la falta de cura, sino el diagnóstico tardío y el abandono del tratamiento por miedo a los efectos secundarios o por falta de recursos.
6. Mito: Donar médula es un proceso peligroso, doloroso y requiere una cirugía mayor en la espalda.
Realidad: Es un proceso ambulatorio y sencillo. Hoy en día se realiza mediante una punción en la cadera o incluso a través de la sangre periférica (similar a una donación de sangre común). El donador no corre riesgos, ya que sus células troncales tienen la capacidad de autorrenovarse rápidamente.
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