La Historia de Colima
Por: Noé GUERRA PIMENTEL
El 16 de enero de ese 1857, hace 169 años, se publicó el manifiesto del Cabildo municipal de Colima (cuya copia facsímil obra en mi poder) en el que, en firmas del primer munícipe, Antonio Gamiochipi y de Francisco G. Palencia, Jefe Superior Político del Territorio; quedó proscrita de todo el Territorio la realización de los festejos en honor al protomártir Felipe de Jesús; texto en el que también se condenan las acciones que contra la sociedad realiza “esa turba de ladrones que ha infestado los caminos y las capitales…”. Así, en pleno enfrentamiento social nació el Estado Libre y Soberano de Colima, cuando se juró como Estado de la Federación, derivando en la designación del primer Gobernador del Estado el 19 de julio siguiente.
Un poco atrás, como antecedente, hay que apuntar que en 1854, el 1 de marzo, en Ayutla, Guerrero; un grupo de notables se levantaron contra “Su Alteza Serenísima” Antonio López de Santa Anna, cuyos principales cabecillas eran: Juan Alvarez y Florencio Villarreal, dando un sendo golpe de estado al gobierno centralista con el Plan de Ayutla; alzados a quienes adelante y con el mismo propósito, entre otros, se les sumaron con sus huestes los exgobernadores: Ignacio Comonfort, por Jalisco; Melchor Ocampo de Michoacán; y, Benito Juárez de Oaxaca; con quienes dio inicio a una de las guerras civiles más sangrientas y prolongadas de las que se tenga memoria, la de la revolución de Ayutla, que luego de la Constitución de 1857 continuó con la llamada Guerra de Reforma.
De esta manera, militar, Florencio Villarreal y cuatro exgobernadores fueron quienes inicialmente conspiraron contra Santa Anna, al que desterraron y luego, como Liberales, con la Constitución Liberal de 1857 en ciernes y contra los que se definían como Conservadores. Ambos grupos dominados por fuerzas extranjeras a través de sus respectivas logias masónicas, por un lado, los yorkinos de Estados Unidos, con Poinsett; y, por el otro, como Conservadores, quienes seguían el rito escocés heredado por Juan O´Donojú y los Borbón.
En ese estado de cosas ocurrió lo que, según, se veía venir y casi anunciado, el artero asesinato del primer gobernador del Estado, el general Manuel Alvarez, a un mes y una semana de haber jurado su alto cargo y la Constitución, el 26 de agosto de 1857, hará 169 años, frente a una turba que se había amotinado, encabezada por desertores del Batallón Comonfort y algunos criminales excarcelados que luego del amotinamiento huyeron hacia el barrio de Los Martínez, entonces Villa de Almoloyan, donde vandalizaron, saquearon y aterrorizaron a la exigua población, hasta que fueron capturados y varios pasados por las armas bajo las fuerzas Liberales del general Silverio Núñez quien asumió el mando del Estado.
Días aciagos los que se sufrieron por meses y años, en los que los de aquí, los de aquel tiempo, ateridos de miedo, dormían Liberales y amanecían Conservadores y viceversa; mientras en el caos, la Iglesia y el Gobierno se echaban culpas como víctimas. Fueron 7 años sostenidos, de 1854 a 1861, en los que este territorio y sus alrededores, como gran parte del país, vivió en la zozobra y con el Jesús en la boca, aunque acallado; días y meses vividos en la intranquilidad entre la desorganización y la destrucción, transitando entre la ingobernabilidad, las balas, los asaltos y la desolación a lo que se acumuló la invasión francesa en 1862 y la reorganización política territorial del segundo Imperio hasta su derrocamiento en 1867, con una nación inmersa en su inacabada lucha intestina en la que nadie daba ni pedía cuartel.
Hechos funestos que no pararon y que involucraron a nuestra Entidad; solo recordar el paso de Juárez huyendo por aquí en 1858 y cómo, en la lucha de facciones, fueron asesinados Daniel Larios, secretario de gobierno en 1858 y en 1878, otro gobernador, Filomeno Bravo, poco antes de haber sido destituido. Todo esto, hasta que Porfirio Díaz, derroca la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada hasta hacerlo huir, quien, en 1876, pasó por Villa de Alvarez, donde en 1872 el mismo Díaz, con Pedro A. Galván, se había ocultado. De hace 169 años para acá.



















