Dislates
Por: Salvador SILVA PADILLA
(Texto leído en la presentación de la novela Convocados por la Nostalgia)
Si bien algunos amigos dicen que debí de haber publicado esta columna antes, a manera de promoción para que la gente asistiera al evento; otros amigos, -no sé si más prudentes o más perversos-, advirtieron, con razón, que si la hubiera publicado previamente, mi texto hubiera ahuyentado a los asistentes que, (entre paréntesis) llenaron por completo el auditorio del Museo de Palacio, convocados por la nostalgia y por Guille Cuevas.
I
Ada Aurora Sánchez escribió que todo libro es una liebre. Y siguiendo esa línea, Convocados por la nostalgia es un libro muy liebre, muy libre…en una palabra: muy Guille Cuevas.
Es una novela deliciosa no solo por las recetas de cocina que reúne -desde aguas frescas y ceviches confeccionados con frutas exóticas, o guisos y postres que nos describe, aunque siempre se guarda una receta secreta-, sino también porque conjuga inteligencia, sentido del humor, reflexiones sobre la vida, sobre la edad…, con una lucidez y honestidad intelectual y literaria a prueba de balas. Si ello no fuera suficiente, la obra transcurre en el Caribe mexicano, teniendo como personajes principales a Bruce Springsteen, a Consuelo y a ella misma.
¿Por qué Bruce Sprinsgteen y por qué Guille?, Quizás porque desde Born in the USA, hasta Streets of Minneapolis, el buen Bruce ha descrito de manera detallada, cruda, despiadada, la pesadilla con la que se ha convertido el sueño americano -si es que alguna vez lo fue-. Por su parte, Guille Cuevas es quien ha descrito con mayor fidelidad (empezando por su emblemático De Colima me gusta, entre otros textos) a este pedazo de tierra y sueño llamado Colima, y que es cada día menos nuestra.
II
Por si no lo saben, Guille escribe sobre lo que se le antoja, pone a los personajes que quiere, en la situación que ella crea y decide. En esta ocasión decidió escribir una novela sobre Bruce Springsteen en Chetumal, siendo ella una especie de asistente personal. Y lo hace a la manera Guille: “Tampoco es que me importe mucho lo que digan de mí, yo me ficciono sola, nadie me ayuda en este proyecto, yo cocino y escribo por mi santa y chingada voluntad”.
Una advertencia: en el título lleva el desenlace. Convocados por la nostalgia es una invitación a reflexionar sobre la creatividad, la calidad del escritor, (al que, como bien apunta nuestra entrañable autora, suele perseguir de manera persistente el síndrome del impostor). En fin, quienes leamos la obra, sabremos que nosotros, los lectores, somos quienes hemos sido los convocados por la nostalgia.
III
Ahora bien, ¿y por qué Springsteen?. Ella misma lo refiere: ”porque encontré en sus letras una biografía intensa, una manera de pasar por el mundo aprovechando el tiempo y las ideas. Bruce y no digo que sea el único con esa fuerza vital a los setenta, solo que yo he encontrado en su obra algo que me atañe y reivindica…» Y más adelante postula: “Eran los inicios de su fama, esos tiempos que nunca vuelven, que ahora son añoranzas de un pasado al que tal vez queremos volver sólo por el impulso de la juventud. Creo que por ahí va este proyecto, se trata de la retrospectiva y ver si de verdad podríamos ser otra vez lo que antes fuimos. Hablo sólo de ser joven, de iniciar otra vez y recorrer el camino, sin cambios, sin otra pretensión aparte de saber si la felicidad se acumula con el éxito, con el dinero y la fama”.
Así, la novela va enumerando, con sabiduría de enciclopedia antigua, las pasiones musicales de la autora: lo mismo boleros que sones; por supuesto el rock, pero también el blues. Pasa lista por Eric Clapton, Sting, Bob Dylan, BB King, lo mismo que a José Alfredo, a Javier Solís, a Óscar Chávez -y Por ti-, y como lo estoy diciendo de memoria, se me escabullen decenas de nombres y de obras. De último momento recuerdo a Deep Purple y su icónico Smoke on the Water.
IV
A lo largo de la obra, Guille va tejiendo su imbricada relación con el proceso creativo: «es lo que más se sufre y más se goza, paradoja y precio es para quien ha probado y se atreve al salto, al giro próvido, a decir lo que tantos han dicho, pero de otro modo. Nada debe ser igual, ni siquiera a lo que anteriormente se hizo. Eso es precisamente no dormirse en sus laureles. Las glorias pasadas son glorias pasadas, tuvieron su momento, angustia, recompensa. A lo que sigue pues, a lo que sigue…».
Y qué decir de esta otra valiosísima reflexión hecha como de pasadita, muy al estilo Guille: «A la vida le vale madre mi vida y a mí la vida bien me vale una taza de café, un lugarcito para no sucumbir a un tiempo huracanado…»
Pero Guille -tanto la autora, como el personaje- enjuician este tiempo de polarización exacerbada y, de manera contundente, definitiva, toma partido: «Ideologizar sin límites es igual a fanatizar, por eso yo mejor me zafo, no entro en esta controversia, y no por cobardía, sino porque busco la esperanza que ofrece el arte. Ojalá que de verdad lloviera café en el campo, que los candidatos electos cumplan sus promesas de campaña, que se corten las uñas, que contengan su avaricia y su ambición».
Cerca del final, ambas -autora y personaje- dudan: «Seguimos un rato la conversación en inglés, (Bruce) se tomó un mezcal y ya de madrugada se fue a su suite. Yo no pude dormir porque no estaba segura si esta experiencia era en verdad una experiencia o sólo un juego perverso de mi imaginación. Pero juro por mí misma que sí sucedió, sólo que no tengo testigos, ni pruebas, y Consuelo no está y Chito ya se fue y los hombres misteriosos no han vuelto y a mí no me ha atacado la migraña, tengo buen apetito, mi inglés fluye más y mejor cada día, y no quiero saber si es o no es esta realidad porque me siento en ella feliz, oficiosa, fortalecida».
Guille, como Sísifo, al final vuelve a encontrarse con la roca a la que ama y su mensaje es también un augurio: «Desprovista como ahora estoy, como me siento, debo esperar a que mi cuerpo y mi alma se reencuentren y en poco tiempo tengan la fuerza suficiente para iniciar un nuevo recorrido, algo de verdad autobiográfico para elegir lo que quiero guardar sin escritura y lo que puedo mostrar sin desvirtuar mis ansiedades».



















