COLIMA.- Los sismos forman parte de la dinámica natural del planeta y continuarán ocurriendo mientras el interior de la Tierra permanezca activo. Por ello, el mayor reto no es intentar predecirlos, sino preparar a la población para convivir con ellos mediante mejores construcciones, protocolos de protección civil y una cultura permanente de prevención.

Así lo afirmó Raúl Arámbula Mendoza, director del Centro Universitario de Estudios Vulcanológicos (CUEV) de la Universidad de Colima, durante una entrevista con AFmedios, en la que explicó el origen de los terremotos, desmintió algunos de los mitos más comunes sobre estos fenómenos y habló sobre el riesgo sísmico que enfrenta Colima.

El especialista explicó que los sismos se producen por el movimiento de las placas tectónicas que conforman la superficie terrestre. Conforme estas placas acumulan esfuerzos durante años o incluso décadas, llega un momento en que la energía se libera de forma repentina, generando las ondas sísmicas que perciben las personas.

«Los sismos ocurren porque nuestro planeta está formado por placas tectónicas. Entre ellas se acumulan esfuerzos y, cuando esa energía ya no puede sostenerse, se libera mediante el movimiento de las placas», explicó.

El caso de Venezuela

Durante la entrevista analizó los recientes terremotos registrados en Venezuela, donde ocurrieron dos movimientos de magnitud superior a 7 con apenas 39 segundos de diferencia.

Arámbula Mendoza explicó que no se trató de un sismo principal y una réplica, sino de dos terremotos independientes ocurridos en fallas geológicas distintas.

«El primer sismo probablemente detonó al segundo, que ya estaba muy cerca de generarse. A este fenómeno se le conoce como un doblete sísmico y no es común, aunque ya ha ocurrido en otros países como Turquía», indicó.

Añadió que la gran cantidad de daños también estuvo relacionada con las características del subsuelo donde se asientan varias ciudades venezolanas, ya que los sedimentos blandos amplifican considerablemente las ondas sísmicas.

Se trata del mismo fenómeno que ocurre en la Ciudad de México, donde la antigua zona lacustre provoca que terremotos registrados a cientos de kilómetros sean percibidos con mayor intensidad y durante más tiempo.

Los sismos no tienen relación con el calor

Uno de los temas que más inquieta a la población es la creencia de que las altas temperaturas, las lluvias o determinados cambios atmosféricos provocan terremotos.

El investigador fue categórico al señalar que no existe ninguna evidencia científica que respalde esa idea.

«Los sismos son procesos internos de la Tierra. El clima pertenece a la atmósfera. Son fenómenos completamente diferentes que no tienen relación entre sí», explicó.

Como ejemplo recordó que algunos de los terremotos más destructivos registrados en Colima ocurrieron durante meses fríos, como enero y octubre.

«Los sismólogos decimos que la temporada de sismos inicia el primero de enero y termina el 31 de diciembre. Tiembla los 365 días del año y a cualquier hora», comentó.

¿Por qué tiembla tanto en Colima?

El especialista recordó que Colima se encuentra en una de las regiones con mayor actividad sísmica del país debido a la interacción entre las placas tectónicas de Rivera, Cocos y Norteamérica.

Es precisamente esa zona de subducción la que genera los terremotos más importantes del territorio nacional, desde Nayarit hasta Chiapas.

Indicó que, de acuerdo con estudios históricos realizados por el CUEV, durante los últimos 126 años el periodo promedio de retorno para un sismo importante en Colima ha sido de aproximadamente 12 años.

Sin embargo, aclaró que este promedio no significa que cada 12 años ocurrirá un terremoto.

«Puede haber varios sismos fuertes en pocos años y luego pasar dos o tres décadas sin uno importante. Es un promedio estadístico, no una predicción», puntualizó.

Los sismos no son los que matan

Uno de los mensajes que más enfatizó durante la entrevista fue que las principales causas de muerte durante un terremoto no son las ondas sísmicas, sino el colapso de construcciones deficientes.

«Los sismos no matan a las personas; lo que mata son las malas construcciones», afirmó.

Por ello insistió en la necesidad de respetar los reglamentos de construcción y evitar la autoconstrucción sin supervisión profesional.

Recordó que México ha fortalecido sus normas de ingeniería después de grandes terremotos, como el de 1985, lo que ha permitido reducir considerablemente los daños en eventos posteriores.

Incluso destacó obras recientes en Colima que incorporan tecnología de aislamiento sísmico, diseñada para disminuir el movimiento de puentes y estructuras durante un terremoto.

La prevención comienza con los simulacros

Arámbula Mendoza también llamó a la población a tomar en serio los simulacros de evacuación.

Explicó que estas prácticas no buscan únicamente cumplir con un protocolo institucional, sino entrenar al cerebro para reaccionar de forma automática cuando ocurre una emergencia real.

«Estamos enseñando a nuestro cerebro qué hacer durante un sismo. Si practicamos constantemente, reaccionaremos mucho más rápido cuando realmente ocurra uno», señaló.

Añadió que cada familia debe conocer las rutas de evacuación, identificar zonas seguras, preparar una mochila de emergencia y apoyar a niños, adultos mayores o personas con discapacidad durante una contingencia.

El investigador insistió en que la primera responsabilidad recae en cada ciudadano.

«No siempre habrá un elemento de Protección Civil para ayudarnos. Nosotros debemos hacernos responsables de nuestra propia seguridad», subrayó.

Una red de monitoreo cada vez más moderna

Durante la entrevista también informó que la Universidad de Colima continúa fortaleciendo su red de monitoreo sísmico mediante la instalación de nuevos sensores de bajo costo en distintos municipios del estado.

Además, anunció que el Servicio Sismológico Nacional prevé instalar una nueva estación de monitoreo en Manzanillo, equipada con tecnología de última generación y una inversión cercana a los dos millones de pesos.

Esta infraestructura permitirá obtener información más precisa sobre la actividad sísmica en una de las regiones estratégicas del país por su actividad portuaria y económica.

El director del CUEV concluyó que los terremotos seguirán formando parte de la historia geológica de Colima y de México, por lo que la mejor estrategia es mantener una sociedad informada, preparada y respaldada por la ciencia.

«La naturaleza siempre debe respetarse. No podemos evitar los sismos, pero sí podemos disminuir considerablemente sus consecuencias si construimos mejor, fortalecemos el monitoreo y desarrollamos una verdadera cultura de protección civil», concluyó.

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