El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*
La realidad nos está dictando algunas certezas más allá de los escándalos, de los discursos y del ruido en torno a la vida pública.
Una de tales certezas es la siguiente: un bribón, un pillo o incluso algo peor —como un narcotraficante o un asesino— pueden colarse en la estructura del país y dominar un espacio hasta degradarlo. El caso del alcalde de Tequila es ilustrativo, pero en modo alguno un caso aislado. En los últimos años abundan quienes se incorporaron a la vida política y partidista asumiendo un discurso que enmascara sus verdaderos propósitos. No olvidemos que el citado alcalde repetía como mantra aquello de “no robar, no mentir, no traicionar”.
Existe un peligro mayor, poco advertido: existen grupos delincuenciales alrededor de algunos de los o las actuales gobernantes del país, así como de futuros candidatos o candidatas, que matan, secuestran o presionan a todo personaje que pueda significar un riesgo para sus propósitos. En muchas regiones del país se suceden muertes aparentemente inexplicables que quizás podrían explicarse así.
No es una fantasía política: grupos oscuros pueden estar, en este momento, abriendo el camino para el arribo de sus delfines o delfinas.
Otra certeza: existen personajes públicos con ética, que aspiran a cumplir un destino que enaltezca su nombre y haga memorable su gestión, pero existen muchos más que solo desean arribar al poder, en cualquier grado, para delinquir, robar y satisfacer sus propias ambiciones. Están a la vista: son quienes se ven envueltos en escándalos tras escándalos y siguen por allí sin inmutarse. Es cosa de revisar las noticias.
Una certeza adicional, relacionada con la anterior: los partidos políticos, a estas alturas, ya deberían cambiar de estrategia. Primero, se hace necesario seleccionar mejor a sus postulantes a cargos electivos o administrativos, pues tarde o temprano sus averías emocionales y cívicas los alcanzarán, decepcionando a militantes y simpatizantes. Segundo, los partidos ya no deberían seguir la lógica retorcida de la defensa a ultranza de quienes no merecen tales artificios.
En resumen, no toda crítica a una figura pública tiene como origen una motivación de los odiados enemigos políticos. A veces las denuncias dicen la verdad. De nuevo aquí el caso ejemplar es el del alcalde de Tequila, pero siguen muchos personajes en el horizonte que son defendidos por sus organizaciones políticas hasta la irracionalidad a pesar de lo evidente de sus intenciones.
Podemos comentar un par de certezas más. Una es evidente: en materia de seguridad la inversión y la cantidad no significan mejores resultados. Lo vemos con facilidad. Los gobiernos parecen agotar sus intenciones de seguridad en la inversión pública hacia la infraestructura y adquisición de patrullas, así como en la multiplicación de elementos de la guardia nacional hasta sumar miles y miles, pero nada de eso contiene la operatividad de los grupos delincuenciales.
La seguridad implica estrategia, dirección y sentido. De nada sirven aglomeraciones de elementos armados que se dedican a rondines errantes y a la colocación de retenes donde nadie cae. De nada sirven, insistamos, más patrullas y más inversiones sin saber a dónde se dirigen los esfuerzos. Allí está el caso ejemplar de Sinaloa. Podrían colocarse, si se quiere, elementos armados en cada esquina de aquella entidad, pero la violencia seguirá hasta que llegue un cambio de estrategia y un cambio real entre quienes toman las decisiones en la entidad.
La última certeza de este artículo, aunque brotan muchas más en la vida pública de todos los días: los cambios no siempre significan evolución y crecimiento. Existen muchos cambios sin sentido y otros más que llevan a la involución, es decir, a la destrucción de lo que servía. Sobran, por desgracia, los ejemplos.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.

















