COLIMA.- En una profunda y reveladora entrevista realizada por AFmedios, el doctor Flan Gualo Lazar, destacado profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y originario de Costa de Marfil, desmenuzó la compleja realidad que atraviesa el continente africano y su diáspora.
En el marco del Día Mundial de la Cultura Africana y de las Personas Afrodescendientes, Lazar ofreció una cátedra sobre cómo la «cuna de la humanidad» lucha por sacudirse siglos de narrativas hegemónicas y estructuras de poder que, hasta el día de hoy, mantienen a sus naciones en una situación de dependencia económica y política, a pesar de poseer los recursos más codiciados del planeta.
«África no es solo herencia: es presente activo y es futuro estratégico. Es un mensaje político y geoestratégico; es todavía ese corazón del sistema internacional del cual el sistema se nutre, por lo tanto, habría que escuchar al corazón».
La charla comenzó abordando la invisibilidad histórica que ha sufrido la población afrodescendiente, incluso en naciones como México, donde el reconocimiento oficial ha sido tardío.
Lazar explicó que la identidad africana ha sido sistemáticamente relegada por un proceso de «blanqueamiento» occidental que asocia lo oscuro con lo marginal.
Sin embargo, destacó que la cultura no es solo un conjunto de tradiciones, sino la plataforma de manifestación de las diversidades y la raíz misma de la resistencia.
Para el investigador, el sincretismo cultural en América Latina es la prueba viviente de que, pese al trauma de la trata transatlántica, la esencia africana permanece como un actor sujeto de derechos y de una vasta aportación a la pluralidad global.
«La cultura es la raíz de todo. Es donde surge un pueblo; un pueblo sin raíz, sin conocimiento, no es un pueblo arraigado. África alberga un sinfín de conocimientos y saberes que determinan las huellas en prácticas culturales en América Latina y México».
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis de la soberanía en el continente. Lazar introdujo el concepto de «estados injertados», países que no funcionan por cuenta propia, sino bajo el mandato de intereses externos.
Explicó cómo la riqueza natural de África —que incluye desde café y cacao hasta litio, oro y diamantes— se convierte paradójicamente en su mayor debilidad cuando es instrumentalizada por actores fuertes para generar desorden.
Según el académico, el «racismo científico» y los discursos de filósofos occidentales que tildaban a los africanos de poseer una «mentalidad primitiva» sentaron las bases para una explotación que hoy se disfraza de cooperación internacional.
«La receta ha sido peor que la enfermedad en el caso de África. La ayuda es esta: vienen a ayudar, pero es peor. Existe la doble imposición de impuestos, donde las empresas occidentales pagan sus tributos en sus países de origen y no dejan nada en el suelo africano. Así es casi imposible el desarrollo».
La política interna de los países africanos también fue objeto de un riguroso escrutinio. El doctor Lazar describió un fenómeno que denominó «golpe de estado institucional», donde líderes civiles, tras llegar al poder democráticamente, manipulan las reglas del juego para perpetuarse.
Citó el caso de su país natal, Costa de Marfil, donde el actual mandatario ha extendido su permanencia mediante reformas constitucionales que cuentan con el beneplácito silencioso de Occidente, siempre y cuando los intereses comerciales permanezcan intactos.
Este «divorcio» entre la sociedad y sus gobernantes es lo que, en última instancia, empuja a la juventud a una migración desesperada y peligrosa hacia Europa o a la búsqueda de revoluciones que a menudo terminan cambiando un «lobo feroz» por otro.
«Muchos gobiernos africanos son títeres que usan la fuerza para reprimir y mantenerse en el poder. Son gobiernos a los que les convienen los intereses externos; no importa si hay democracia o no, mientras entreguen los recursos, son los ‘chiqueados’ de afuera, aunque por dentro ignoren las necesidades básicas de su pueblo».
A pesar de este panorama sombrío, el tono de la conversación giró hacia la esperanza y la resiliencia. Lazar destacó que África posee la mayor tasa de población joven en el mundo, una fuerza que está empezando a exigir una ruptura con el control neocolonial.
Al comparar la situación con México, señaló que ambas regiones comparten una «deuda histórica» con sus pueblos originarios y afrodescendientes, y que ambos territorios se encuentran en un proceso de relectura crítica de su pasado colonial.
La clave, según el investigador, reside en fortalecer el «diálogo Sur-Sur», aprendiendo de las lecciones del pasado para construir naciones sólidas y soberanas que no tengan que negociar su dignidad frente a las potencias del Norte.
«África sí va a despertar. El cambio vendrá y va a ajustar el tablero del statu quo de las relaciones internacionales. Estamos moviéndonos hacia un mundo multipolar donde África está encaminada a la ocupación del lugar que le corresponde, lento pero seguro».
La entrevista concluyó con un llamado a la comunidad internacional para ver a África no como una carga o un depósito de recursos, sino como un socio igualitario con voz y voto en el concierto de las naciones.
El doctor Lazar enfatizó que la soberanía no se debe malbaratar y que, si se aspira a un mundo pacífico y justo, es imperativo reconocer que África es el corazón que bombea vitalidad al sistema global.
La nota final fue de orgullo: a pesar de la discriminación y el racismo estructural, el sentimiento de pertenencia a la afrodescendencia es un privilegio que se mantiene firme frente a cualquier intento de opresión.
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